Del vudú a la gran pantalla: cómo el cine inventó otro zombi

Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026

El zombi que casi todo el mundo reconoce, lento, en grupo y hambriento, no nació en Haití, sino en un rodaje de Pensilvania en 1968. Entre la creencia haitiana y ese monstruo hay casi cuarenta años de libros y películas que, de paso, dejaron una imagen muy torcida del vudú.

El zombi de Haití: un esclavo, no un monstruo

En el campo haitiano, el zombi no persigue a nadie. Según la creencia, es una persona a la que un bokor, un hechicero, le ha robado parte del alma para ponerla a trabajar sin voluntad.

Lo que asusta no es cruzarse con uno. Es acabar convertido en uno, y muchos estudiosos leen ahí la memoria de la esclavitud en las plantaciones de caña. El caso de Clairvius Narcisse y las hipótesis de Wade Davis están en los zombis de Haití. Aquí interesa otra cosa: cómo ese trabajador sin alma acabó en las pantallas de medio mundo.

Un libro escrito durante la ocupación

Estados Unidos ocupó Haití de 1915 a 1934. En esos años, los informes de los marines sobre redadas en templos y los libros de viajeros estadounidenses describieron el vudú como algo oscuro y salvaje, con los prejuicios raciales de su propio país.

En 1929, el periodista William Seabrook publicó La isla mágica, un libro de viajes que se vendió muy bien. Uno de sus capítulos hablaba de muertos que trabajaban en los campos de caña para una compañía azucarera. La palabra zombi ya había aparecido en textos estadounidenses desde la década de 1880, pero fue Seabrook quien la puso de moda.

White Zombie (1932): el amo y el ingenio

Tres años después, el zombi llegó al cine. White Zombie, dirigida por Victor Halperin y producida por Edward Halperin, se estrenó el 28 de julio de 1932 en el teatro Rivoli de Nueva York y pasa por ser el primer largometraje de zombis.

Bela Lugosi interpretaba a «Murder» Legendre, un hechicero que hace funcionar un ingenio de azúcar con muertos obedientes y que, con una pócima, convierte en zombi a una joven recién llegada a la isla. Algunos críticos han visto en esos trabajadores sin voluntad una imagen de la explotación colonial. Al público, sin embargo, le quedó otra idea: el vudú como magia siniestra.

Hubo más películas en la misma línea. La más recordada es I Walked with a Zombie (1943), de Jacques Tourneur, producida por Val Lewton para la RKO, que llevaba a una isla caribeña inventada, San Sebastián, una historia con el esquema de Jane Eyre. Hay quien la elogia por tratar el vudú con más dignidad que sus contemporáneas; el investigador haitiano Laënnec Hurbon, en cambio, le reprochó que lo redujera a un muestrario de prácticas extrañas.

1968: Romero cambia las reglas

La ruptura llegó desde Pittsburgh. La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero, se estrenó allí el 1 de octubre de 1968. Romero la escribió con John Russo, la rodó en blanco y negro en los alrededores de Evans City (Pensilvania) y la sacó adelante con unos 114.000 dólares.

Sus criaturas ya no tenían amo. Nadie las despertaba con un rito: se levantaban solas, avanzaban en grupo y atacaban a los vivos para alimentarse. En la película no se las llama zombis, sino ghouls, necrófagos. Romero evitó esa palabra porque creía estar haciendo algo nuevo, y en 2013 contó a la revista británica The Big Issue que, para él, los zombis eran entonces los del vudú: personas a las que se daba un brebaje para convertirlas en esclavas. Su modelo era otro: la novela Soy leyenda (1954), de Richard Matheson.

En 2014, en una entrevista con la radio pública estadounidense NPR, lo resumió así: lo único que había hecho era sacarlos de lo exótico y convertirlos en los vecinos. ¿Se te ocurre algo que dé más miedo que la gente de la puerta de al lado?

La película tuvo como protagonista a Duane Jones, uno de los primeros actores negros con el papel principal en una película estadounidense de reparto casi todo blanco. En 1999 entró en el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos. Diez años después del estreno, Romero llevó a sus muertos a un centro comercial en Dawn of the Dead (1978), una sátira del consumo. Desde entonces, el zombi del cine es el suyo.

Mira estas películas con otros ojos

Disfrutar de estas películas no tiene nada de malo. Conviene, eso sí, saber de dónde sale su monstruo: de una religión real, el vudú haitiano, con su Dios, sus espíritus, sus templos y sus sacerdotes, que el cine de los años treinta pintó como brujería para asustar al público. Los tambores amenazadores y los hechiceros de mirada hipnótica dicen más de quien rodaba que de quien rezaba.

El zombi de la creencia haitiana habla de esclavitud y del miedo a perder la propia voluntad. El de Romero habla de nosotros, del vecino, del consumo y del caos. Ninguno de los dos tiene que ver con un ritual que se pueda encargar, y nadie puede convertir a una persona en zombi a cambio de dinero.

Para seguir, lee sobre el sincretismo del vudú. Hay más en la sección de vudú y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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