Centrando nuestra atención: lo que vemos, lo que se nos escapa y lo que cuidamos

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Algunas escuelas espirituales sostienen que basta con mirar hacia dónde va tu atención para saber cómo está tu conciencia. La psicología lleva más de setenta años estudiando ese gesto, el de elegir qué entra y qué se queda fuera, y lo que ha encontrado da que pensar. Aquí van tres hallazgos y lo que escribieron sobre la atención un psicólogo y una filósofa.

Una fiesta y dos oídos

En 1953, el ingeniero británico Colin Cherry, especialista en telecomunicaciones, publicó en la revista de la Sociedad Acústica de Estados Unidos unos experimentos sobre lo que llamó el problema del cóctel: cómo conseguimos seguir una conversación en medio del barullo de una fiesta. Puso auriculares a sus voluntarios, con un mensaje distinto en cada oído, y les pidió que repitieran en voz alta uno de los dos.

Lo hacían bien. Del otro oído, en cambio, apenas retenían nada. Notaban si la voz pasaba de hombre a mujer o si sonaba un pitido, pero casi nadie se daba cuenta de que el mensaje desatendido había pasado del inglés al alemán.

La atención funciona como un portero: deja pasar lo que buscamos y casi todo lo demás se queda en la calle. Casi, porque lo que nos importa mucho, como el propio nombre, a veces se cuela.

El gorila que no vio la mitad

En 1999, Daniel Simons y Christopher Chabris, entonces en la Universidad de Harvard, publicaron en la revista Perception un experimento que se ha hecho famoso. Los participantes veían un vídeo breve en el que dos equipos, uno de camiseta blanca y otro de negra, se pasaban un balón de baloncesto, y debían contar los pases de uno de ellos. A mitad de la escena, una persona disfrazada de gorila cruzaba entre los jugadores, se golpeaba el pecho y se marchaba.

Casi la mitad no la vio. Muchos, al volver a ver el vídeo, no se creían que fuera el mismo. Es la llamada ceguera por falta de atención: cuando la mente está ocupada en una tarea, lo inesperado puede pasar delante de los ojos sin dejar rastro.

¿Qué tiene que ver un gorila con la vida espiritual? Bastante, porque lo que buscamos decide lo que vemos, también en las personas que tenemos cerca.

Lo malo pesa más

En 2001, Roy Baumeister, Ellen Bratslavsky, Catrin Finkenauer y Kathleen Vohs publicaron en Review of General Psychology una larga revisión titulada «Lo malo es más fuerte que lo bueno». Repasaron estudios de campos muy distintos, de las relaciones de pareja al aprendizaje o a la manera en que nos formamos una idea de alguien, y encontraron casi siempre la misma tendencia. La información negativa se procesa con más detalle que la positiva, y las malas impresiones se forman antes y cuestan más de deshacer que las buenas. Apenas hallaron excepciones.

La verdad es que esto quita culpa y pone tarea. Fijarse antes en los defectos ajenos que en sus virtudes no es señal de maldad: es una inclinación muy común. Pero si lo malo pesa más por sí solo y lo que no buscamos se vuelve invisible, mirar lo bueno de los demás no sale sin querer. Hay que entrenarlo.

Las escuelas metafísicas lo explican con sus leyes del mentalismo y de la correspondencia, según las cuales uno acaba pareciéndose a aquello en lo que se fija. Es una creencia; lo que tiene de cierto la idea de que somos lo que pensamos se cuenta en eres lo que piensas.

La atención como cuidado

William James dedicó a la atención un capítulo entero de sus Principios de psicología (1890). Allí escribió que su experiencia era aquello a lo que aceptaba atender, y que la facultad de traer de vuelta, una y otra vez, una atención que se escapa es la raíz del juicio, del carácter y de la voluntad. Una educación que la mejorase sería, decía, la educación por excelencia.

La filósofa francesa Simone Weil llevó la idea más lejos. En 1942, en Marsella, escribió para el dominico Joseph-Marie Perrin unas reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares. Según ella, los ejercicios de clase sirven sobre todo para educar la atención, y esa misma atención es la sustancia de la oración y la que permite darse cuenta de lo que sufre otra persona. Ese año, en una carta al poeta Joë Bousquet fechada el 13 de abril, escribió que la atención es la forma más rara y más pura de la generosidad.

Weil murió en 1943 y los dos textos se publicaron después. Para ella, atender no era analizar, sino dejar el propio pensamiento en suspenso, vacío y disponible, para que lo que se mira pueda entrar en él.

Entrena la atención en una semana

  • Elige un ancla. Durante cinco minutos al día sigue tu respiración o los sonidos de la habitación, y cada vez que te distraigas, vuelve sin regañarte. Es el ejercicio que James veía en la raíz de la voluntad; si quieres ir más allá, mira las técnicas de meditación.
  • Apunta tres cosas buenas de alguien. Cuando una persona te irrite, escribe por la noche tres cosas que hizo bien ese día. No borra lo que te molestó, pero equilibra una balanza que se inclina sola hacia lo malo. Y si un rasgo ajeno te saca de quicio, quizá te diga algo de ti, como se explica en la reflexión sobre el error ajeno y el propio.
  • Escucha sin preparar la respuesta. En una conversación al día, atiende solo a lo que la otra persona dice, sin pensar en lo que vas a contestar. Es la generosidad de la que hablaba Weil.

Si te cuesta concentrarte de forma persistente, o la cabeza se te llena de pensamientos negativos que no se van, coméntalo con tu médico o con un psicólogo. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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