Eres lo que piensas: de dónde viene la frase y qué tiene de cierto

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

«Eres lo que piensas» se repite en tazas, carteles y libros de autoayuda. Tiene detrás un librito inglés de 1903, un versículo de la Biblia que dice otra cosa y una parte de verdad que la psicología ha convertido en terapia, con sus límites.

Un librito de bolsillo y un proverbio

En 1903, el escritor británico James Allen publicó As a Man Thinketh, algo así como «tal como piensa un hombre», que se ha editado en español con varios títulos. Era un texto breve, pensado para llevar en el bolsillo, que se vendía por un chelín. Su tesis cabe en una línea: el carácter y las circunstancias de cada uno son fruto de sus pensamientos. Ese mismo año, Allen se retiró con su familia a Ilfracombe, en la costa de Devon, donde siguió escribiendo hasta su muerte, en 1912. El libro pertenece a la corriente del Nuevo Pensamiento, que se cuenta en la nueva metafísica.

El título sale de un versículo de los Proverbios, el 23, 7, en la versión inglesa del rey Jacobo. La Reina-Valera de 1960 lo traduce así: «cual es su pensamiento en su corazón, tal es él». Leído entero, el pasaje no enuncia una ley de la mente. Habla de un anfitrión avaro que te invita a comer y beber, aunque su corazón no está contigo: un aviso contra la hipocresía de quien dice una cosa y piensa otra.

Algo parecido pasa con la frase que circula como de Buda, «somos lo que pensamos». Viene de una versión libre del primer verso del Dhammapada. En pali, el verso dice que los estados mentales van precedidos por la mente, que la mente los gobierna y que están hechos de mente, y habla de cómo las intenciones marcan nuestros actos, no de que el pensamiento cree el mundo.

Lo que te dices pesa más que lo que pasa

La parte de verdad la encontró la psicología por otro camino. El psicólogo estadounidense Albert Ellis dejó el psicoanálisis en 1953 y a principios de 1955 fundó lo que llamó terapia racional. Él mismo reconocía su deuda con los estoicos, y en especial con Epicteto, que en su Manual escribió que no nos perturban las cosas, sino las opiniones que tenemos sobre ellas.

De ahí salió su modelo ABC. La A es el acontecimiento que desencadena algo; la B, las creencias o la interpretación que hacemos de él; la C, las consecuencias, lo que sentimos y hacemos. Dos personas suspenden el mismo examen. Una se dice «soy un desastre y nunca lo conseguiré», y se hunde. La otra piensa «no le dediqué tiempo suficiente», y se frustra, pero organiza el estudio. El suspenso es el mismo; lo que cambia es la B.

Beck y los pensamientos automáticos

En la Universidad de Pensilvania, el psiquiatra Aaron Beck (1921-2021) también venía del psicoanálisis. A principios de los años sesenta, sus experimentos con pacientes deprimidos no confirmaron la idea psicoanalítica de que la depresión es hostilidad vuelta contra uno mismo. Lo que encontró fueron pensamientos negativos que aparecían solos, rápidos y casi incontrolables, y los llamó pensamientos automáticos. Giraban alrededor de tres temas, que en 1967 describió como la tríada cognitiva: una visión negativa de uno mismo, del mundo y del futuro.

Su terapia cognitiva propone tratar esos pensamientos como hipótesis y ponerlos a prueba con los hechos, no sustituirlos por frases bonitas. La meta es pensar con más exactitud. La terapia cognitivo-conductual que nació de su trabajo y del de Ellis es de las más estudiadas: en 2012, una revisión de la Universidad de Boston localizó 269 metaanálisis sobre ella, y el apoyo más sólido era para los trastornos de ansiedad, la bulimia, los problemas para controlar la ira y el estrés. La verdad es que eso queda lejos de la promesa de que pensar en positivo lo arregla todo.

El mito del 10 %

Hay quien asegura que desperdiciamos más del 90 % de la fuerza del pensamiento. Es una variante del mito según el cual solo usamos el 10 % del cerebro, que no tiene ninguna base. Como explicó en 2004 en Scientific American el psicólogo Barry Beyerstein, de la Universidad Simon Fraser, la electroencefalografía, la tomografía por emisión de positrones y la resonancia magnética funcional no han encontrado zonas en reposo esperando una tarea, y no hay ninguna región que pueda dañarse sin dejar alguna secuela.

El mito tiene historia. William James habló a principios del siglo XX del potencial que la gente no desarrolla, sin dar porcentajes. En 1936, el periodista Lowell Thomas le atribuyó en el prólogo de Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie, la idea de que solo desarrollamos el 10 % de nuestra capacidad mental, y del 10 % de la capacidad se pasó al 10 % del cerebro. Tampoco encaja con lo que gasta: el cerebro pesa alrededor del 2 % del cuerpo y, en reposo, consume cerca de una quinta parte del oxígeno. ¿Qué sentido tendría mantener un órgano tan caro si casi todo él estuviera parado?

Tus pensamientos, a prueba

  • Cuando un disgusto te dure, escribe las tres letras de Ellis: qué pasó, qué te dijiste y qué sentiste o hiciste.
  • Busca pruebas a favor y en contra de lo que te dijiste, como lo haría un juez imparcial, y escribe una versión más ajustada a los hechos.
  • Vigila los «siempre», los «nunca» y los «todo el mundo»: casi nunca son exactos.
  • Si la tristeza, la ansiedad o la ira duran semanas o te desbordan, habla con tu médico o con un psicólogo. La terapia cognitiva es un tratamiento y la dirige un profesional; si hay violencia o piensas en hacerte daño, llama sin esperar a emergencias o a la línea de ayuda de tu país.

Eso sí, cambiar lo que te dices no cura enfermedades ni atrae dinero, y nadie enferma por pensar mal. Lo que sí puede cambiar es cómo vives lo que te pasa. La historia de esa otra promesa está en la prosperidad y la ley de la atracción, y lo que sabe la psicología del optimismo, en sonríe, la vida está de tu lado. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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