Despertar espiritual: lo que significa abrir los ojos
Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026
Muchas tradiciones espirituales usan la misma imagen: vivimos medio dormidos y podemos despertar. No hablan del sueño de la noche, sino de una manera de estar en el mundo con más atención y menos piloto automático. Aquí tienes de dónde viene la metáfora, qué se entiende por despertar y qué hacer si el proceso te remueve más de la cuenta.
Una metáfora con más de 2.500 años
La palabra buda no es un nombre propio. Viene de una raíz sánscrita que significa despertar, y quiere decir «el que ha despertado». Un texto del canon pali cuenta que un brahmán llamado Dona vio las huellas de Buda en el camino y le preguntó si era un dios, un espíritu o un hombre. Él contestó que ninguna de esas cosas, y le pidió que lo recordara como alguien despierto.
Por la misma época, en Éfeso, el filósofo Heráclito escribió que los despiertos comparten un mundo común, mientras que cada durmiente se encierra en uno propio. Conocemos la frase gracias a Plutarco, que la citó siglos después.
En los Evangelios la llamada es «velad». Jesús la repite antes de la Pasión, y en el huerto de Getsemaní encuentra dormidos a los discípulos que le acompañan. San Pablo escribe a los Romanos que ya es hora de levantarse del sueño, y la carta a los Efesios recoge una frase que parece de un himno antiguo: «despiértate, tú que duermes».
En el siglo XX, el jesuita indio Anthony de Mello (1931-1987) dedicó sus charlas y retiros a esa misma idea. Muchas se publicaron después de su muerte, y en 1998 el Vaticano advirtió de que algunas de sus tesis no eran compatibles con la fe católica. Su lenguaje, eso sí, sigue presente en buena parte de los libros actuales sobre el tema.
Qué se entiende por despertar
Entre tradiciones tan distintas hay un fondo común. Dormir es reaccionar en automático, repetir lo aprendido sin preguntarse por qué y vivir pendiente del ayer o del mañana mientras se escapa lo que pasa delante. Despertar es darse cuenta.
No suele ser una iluminación repentina, aunque el zen habla de momentos de comprensión súbita, el satori. Para la mayoría es un proceso lento, con avances y retrocesos. Tampoco exige cambiar de religión ni abandonar la propia: los ejemplos de arriba vienen del budismo, de la filosofía griega y del cristianismo, y cada persona lo vive dentro de su marco.
Un rasgo que se repite es la capacidad de mirar con ojos nuevos lo de siempre, incluidas las propias ideas. Quien despierta no desprecia sus creencias. Las sostiene sabiendo que son suyas, sin dejar que piensen por él.
Otro es el amor. Pablo lo dejó dicho en el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios: sin amor, ni el saber ni la entrega sirven de nada. Para muchas tradiciones, estar despierto se nota más en cómo tratas a los demás que en lo que sabes.
El dolor y la segunda flecha
Algunos textos sobre el despertar afirman que el sufrimiento no es real, que es un sueño de la mente. Conviene matizarlo, porque así dicho puede herir a quien lo está pasando mal. El sufrimiento es real, y quien sufre merece cuidado, no un reproche por estar «dormido».
Lo que sí ofrece el budismo es una distinción útil. En el Sallatha Sutta, el discurso de la flecha, Buda compara el dolor con un flechazo que puede alcanzar a cualquiera. Pero quien no ha entrenado la mente se clava luego una segunda flecha: la queja, la rabia, las vueltas a lo mismo, el miedo a que vuelva. La primera no siempre se puede evitar. La segunda, a veces sí.
Esa es la lectura sensata de la vieja idea: no negar el dolor, sino dejar de añadirle capas. ¿Cuánto de lo que te pesa hoy es la flecha y cuánto lo que haces con ella?
Cuando el despertar desordena
No todas las experiencias espirituales son tranquilas. En 1989, el psiquiatra Stanislav Grof y su esposa, Christina Grof, coordinaron un libro sobre lo que llamaron emergencias espirituales: crisis en las que una práctica intensa, un retiro o una vivencia muy fuerte ponen patas arriba la vida de alguien. Desde 1994, el manual de diagnóstico de la psiquiatría estadounidense, el DSM, recoge el «problema religioso o espiritual» entre los motivos de atención clínica.
Si duermes muy poco, sientes que pierdes el contacto con la realidad o la angustia no se va, no lo tomes como una señal de que avanzas. Habla con un médico o con un psicólogo. Un buen acompañamiento profesional no está reñido con la vida espiritual.
Lo que puedes probar desde mañana
Despertar empieza por cosas pequeñas. Elige un gesto que hagas cada día sin darte cuenta, como lavarte los dientes, abrir la puerta de casa o tomar el primer café, y conviértelo durante una semana en un momento de atención: el agua en las manos, el peso de la llave, el olor del café. Son unos segundos, y te recuerdan que puedes estar donde estás.
Por la noche, repasa el día y busca un momento en que reaccionaste en automático. No hace falta juzgarlo; basta con verlo. Al fin y al cabo, nadie sabe que estaba dormido hasta que abre los ojos.
Para seguir, prueba alguna de las técnicas de meditación más conocidas, lee lo que la meditación no es o la reflexión sobre las emergencias espirituales. Hay más textos en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.