El camino de la menor resistencia: el agua, Robert Fritz y la fuerza de las costumbres

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Hay cambios que llegan sin avisar y desmontan una vida entera: una ruptura, un despido, una mudanza forzosa. La tentación es pelear contra lo que ya ha pasado. Varias tradiciones, y también algunos estudiosos del comportamiento, proponen otra cosa: entender por dónde tiende a correr nuestra vida y cambiar el cauce.

El agua del Tao

El Tao te king, el libro atribuido a Lao Tse, usa el agua como imagen del sabio. En su capítulo 8 dice que el bien supremo es como el agua, que beneficia a todos los seres sin competir con ellos y ocupa los lugares bajos que los demás evitan. En el 78 añade una paradoja: no hay nada más blando que el agua, y nada la supera cuando se trata de vencer lo duro.

De ahí viene la idea de fluir que tantos libros de autoayuda repiten. Pero el agua del Tao no es pasiva. Rodea la piedra, llena el hueco y sigue, y con los siglos abre valles.

Robert Fritz y el cauce del río

En 1984, el compositor estadounidense Robert Fritz publicó The Path of Least Resistance, el camino de la menor resistencia. Su punto de partida era la imagen de un río: la energía circula por donde menos le cuesta, y es la forma del terreno, el cauce, la que decide ese camino. Si la estructura de tu vida no cambia, venía a decir, los arreglos rápidos duran poco y el río vuelve al lecho de siempre.

Para cambiar el cauce propuso lo que llamó tensión estructural: tener a la vez una imagen clara de lo que quieres crear y una descripción honrada de dónde estás. Entre las dos se forma una tensión, como la de una goma estirada entre las manos, que busca resolverse. Puede hacerlo de dos maneras. Acercando la realidad a lo que deseas o, si la distancia asusta, rebajando el deseo hasta que deja de molestar.

Zipf y el mínimo esfuerzo

Unos años antes, en 1949, el lingüista George Kingsley Zipf, profesor en Harvard, había publicado Human Behavior and the Principle of Least Effort. Sostenía que las personas, al elegir cómo actuar, tienden a lo que a la larga les supone menos esfuerzo. Con ese principio quiso explicar la ley que lleva su nombre, que había observado en 1932: en un texto largo, la palabra más usada aparece aproximadamente el doble de veces que la segunda y el triple que la tercera.

El mínimo esfuerzo no es pereza. Es economía, y explica por qué un propósito que obliga a pelear cada día contra la costumbre suele perder la batalla.

Lo que pasa cuando no eliges

En 2003, Eric Johnson y Daniel Goldstein publicaron en la revista Science un trabajo que se preguntaba si las opciones por defecto salvan vidas. En un experimento por internet preguntaron a varios grupos si querrían ser donantes de órganos, cambiando solo la forma de la pregunta. Cuando había que marcar una casilla para serlo, aceptó el 42 %. Cuando eran donantes salvo que marcaran lo contrario, se quedó el 82 %. Y si se les obligaba a elegir sin nada marcado, dijo que sí el 79 %.

La opción por defecto es el camino de la menor resistencia convertido en formulario. Eso sí, en el mundo real el efecto es más modesto: estudios posteriores han visto que cambiar la ley de un país al consentimiento presunto no basta por sí solo para que aumenten los trasplantes.

Cuánto pesa un cambio

En 1967, los psiquiatras Thomas Holmes y Richard Rahe publicaron en el Journal of Psychosomatic Research una escala de 43 sucesos de la vida. Pidieron a 394 personas que puntuaran cuánto reajuste exigía cada uno comparado con casarse, al que dieron un valor arbitrario de 500. Con las medias, divididas entre diez, salió la escala: la muerte del cónyuge, 100 puntos; la boda, 50; un despido, 47; un hijo que se va de casa, 29.

Lo curioso es que incluye cambios deseados, como casarse, porque también obligan a adaptarse. La relación de esas puntuaciones con la enfermedad resultó después más débil de lo que se esperaba, y una misma ruptura puede hundir a una persona y aliviar a otra. Aun así, la escala recuerda algo útil: varios cambios juntos pesan, y es normal sentirse sacudido.

En la astrología, según la tradición, estos giros bruscos se asocian con los tránsitos de Urano, el planeta de lo imprevisto, como se explica en Saturno y Urano en la carta natal.

Cuando el cauce cambia

Después de un golpe, empieza por la parte de Fritz que menos apetece: describir con honradez dónde estás. En una hoja, sin adornos y sin dramatizar, anota qué se ha perdido, qué queda y con qué cuentas. Al lado, escribe lo que quieres construir ahora como un resultado concreto, no como un deseo vago. La distancia entre las dos columnas incomoda, y por eso mismo empuja.

Luego trabaja el cauce en lugar de la fuerza de voluntad. Cambia las opciones por defecto de tu día: deja preparada la ropa para salir a caminar, quita del móvil lo que te roba las tardes, pon en la agenda una llamada fija con alguien que te hace bien. ¿Para qué pelear cada mañana con la costumbre si puedes cambiar el terreno?

Y cuenta tus cambios. Si en pocos meses se te han juntado varios de los grandes, baja el listón de lo que te exiges y pide apoyo. Al fin y al cabo, el agua tampoco corre igual en una crecida. Si la tristeza, la ansiedad o el insomnio duran semanas, habla con tu médico o con un psicólogo. Para seguir, lee lo que sabe la psicología del estrés y la aceptación y cómo se cambia de rumbo por etapas en cuando tu vida va a contramano. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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