Hacia dónde apunta tu vida: las etapas adultas y la ilusión del fin de la historia

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Si repasas tus últimos años, verás que cada uno tuvo su propio tono: un cambio de trabajo, una pérdida, una relación, una mudanza. La psicología ha intentado dibujar el mapa de esas etapas, y por el camino ha descubierto una trampa curiosa. Casi todos creemos que ya hemos terminado de cambiar.

Ocho edades, ocho preguntas

En 1950, el psicoanalista Erik Erikson publicó Infancia y sociedad. En un capítulo titulado «Las ocho edades del hombre» describió la vida como una sucesión de crisis, cada una con dos salidas posibles. Las cuatro primeras corresponden a la infancia, la quinta a la adolescencia y las tres últimas a la edad adulta.

En la juventud, la tarea es la intimidad frente al aislamiento: comprometerse con otras personas sin perderse en ellas. En la madurez llega la generatividad frente al estancamiento, que consiste en cuidar de lo que viene detrás, sean hijos, alumnos, obras o proyectos; su virtud, según Erikson, es el cuidado. En la vejez, la integridad frente a la desesperación: aceptar la vida vivida como propia, con la sabiduría como fruto.

Joan Erikson, su mujer y colaboradora, añadió más tarde una novena etapa para la vejez muy avanzada.

Las estaciones de Levinson

En 1978, el psicólogo Daniel Levinson y su equipo de la Universidad Yale publicaron The Seasons of a Man's Life, las estaciones de la vida de un hombre. Se basaba en largas entrevistas biográficas, de quince a veinte horas cada una, con 40 hombres de 35 a 45 años: diez biólogos académicos, diez novelistas, diez obreros de la industria y diez ejecutivos.

Levinson habló de la estructura de vida, el diseño que tiene una existencia en cada momento, con su trabajo, su pareja, su familia y sus amigos. Según su modelo, esa estructura se construye durante unos años y luego se revisa en una transición: entre los 17 y los 22, al entrar en la edad adulta; en torno a los treinta, y al llegar a la mitad de la vida. También dio importancia al «sueño», la imagen del futuro que empuja a los jóvenes adultos. En 1996 salió el libro equivalente sobre las mujeres, con 45 entrevistadas, que terminó Judy Levinson tras la muerte de su marido.

La verdad es que la muestra era pequeña y muy de su época, y sus métodos se han discutido mucho. Lo que ha quedado es la idea de que la vida adulta alterna tramos estables y tramos de cambio. La transición de la mitad de la vida se cuenta en cuando tu vida va a contramano.

La ilusión del fin de la historia

En enero de 2013, Jordi Quoidbach, Daniel Gilbert y Timothy Wilson publicaron en Science un trabajo con más de 19.000 personas de 18 a 68 años. Unas describían cuánto habían cambiado en los diez años anteriores su personalidad, sus valores y sus gustos; otras, cuánto creían que cambiarían en los diez siguientes. A todas las edades, la gente reconocía grandes cambios en el pasado y esperaba muy pocos en el futuro. Lo que preveía alguien de 18 años se quedaba corto frente a lo que recordaba haber cambiado alguien de 28.

Para comprobarlo con datos reales, revisaron también a 3.808 personas que habían respondido a un cuestionario de personalidad en 1995 y 1996 y otra vez en 2004 y 2005. Su cambio real se parecía al que la gente recordaba.

Con los gustos pasaba lo mismo. En otra prueba con 170 personas, pagarían de media unos 130 dólares por ver dentro de diez años a su grupo favorito de hoy, pero solo 80 por ver ahora al que era su favorito diez años atrás.

¿Por qué nos cuesta tanto imaginar ese cambio? Los autores apuntaban dos razones: es más fácil recordar que imaginar, y resulta cómodo creer que ya sabemos quiénes somos. El precio es tomar decisiones duraderas con los gustos de hoy, como si el yo de dentro de diez años fuera a querer lo mismo.

En la astrología, según la tradición, cada cumpleaños abre un ciclo que se estudia con la revolución solar, la carta que se levanta cada año cuando el Sol regresa al grado que ocupaba al nacer.

Mira atrás para ver hacia delante

  • Escribe quién eras hace diez años: qué te preocupaba, qué música ponías, con quién pasabas los domingos. Al lado, quién eres hoy.
  • Piensa en la persona que serás dentro de diez años sabiendo que, según los datos, cambiará tanto como has cambiado tú, y deja margen en las decisiones que la atan.
  • Elige cuál de las tareas de Erikson es la tuya ahora (la intimidad, el cuidado de lo que viene detrás o el balance de lo vivido) y un gesto pequeño para atenderla este año.

Eso sí, ningún mapa de etapas dice lo que te va a pasar: describe tendencias, y cada vida lleva su ritmo. Si un cambio de etapa viene con tristeza o angustia que duran semanas, habla con tu médico o con un psicólogo. Para seguir, lee qué dice la astrología del retorno de Saturno y por qué nos importa tanto empezar un año nuevo. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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