Impulsa el propósito en tu vida: el ikigai, Frankl y lo que dicen los estudios

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Tener un para qué ayuda a levantarse por la mañana. Lo dicen tradiciones muy distintas y, con matices, también una parte de la investigación. Pero alrededor del propósito circulan ideas que no resisten una comprobación, del famoso diagrama del ikigai a los veintiún días que tardaría en formarse un hábito.

Ikigai, una palabra de todos los días

En japonés, ikigai une iki, vida, y kai, que en esta palabra suena gai y significa efecto o valor. Es lo que hace que la vida merezca la pena, y se usa sin solemnidad: el ikigai de alguien puede ser un nieto, un huerto o el paseo de cada mañana.

La psiquiatra Mieko Kamiya (1914-1979) le dio peso como concepto. Trabajó en Nagashima Aiseien, el primer sanatorio nacional japonés para enfermos de lepra, abierto en 1930 en una isla, y entrevistó a pacientes aislados por la enfermedad y por el estigma. Le llamó la atención que algunos, con síntomas leves, sintieran que su vida no tenía sentido. De aquellas conversaciones salió en 1966 su libro Ikigai ni tsuite, «sobre el ikigai». En él distinguía entre lo que da valor a una vida, sea una persona o una tarea, y la sensación de estar viviendo algo valioso.

El diagrama de los cuatro círculos no es japonés

Seguramente has visto el esquema. Cuatro círculos (lo que amas, lo que se te da bien, lo que el mundo necesita y aquello por lo que te pueden pagar) y, en el centro, la palabra ikigai. No viene de Japón. El astrólogo español Andrés Zuzunaga dibujó hacia 2011 un diagrama parecido con la palabra «propósito» en el centro, y en 2014 el bloguero Marc Winn la cambió por ikigai, inspirado por una charla del periodista Dan Buettner sobre Okinawa. El propio Winn ha reconocido que solo cambió una palabra y que el dibujo no recoge el sentido japonés.

El libro de Kamiya no tiene ningún diagrama. Hay, sobre todo, una diferencia de fondo: el esquema convierte el ikigai en una profesión ideal, cuando para muchos japoneses no tiene por qué ser un trabajo ni estar pagado. ¿Hace falta que te paguen por lo que te da vida?

Frankl y la voluntad de sentido

Viktor Frankl (1905-1997), psiquiatra vienés, publicó en 1946, poco después de salir de los campos de concentración nazis, el libro que en español se conoce como El hombre en busca de sentido. Cuando murió se habían vendido más de diez millones de ejemplares. Su escuela, la logoterapia, se presentaba como la tercera escuela vienesa de psicoterapia. Si para Freud nos mueve sobre todo el placer y para Adler el poder, para Frankl el motor principal es la búsqueda de sentido.

Proponía tres caminos para encontrarlo: crear una obra o hacer algo, vivir algo o querer a alguien, y la actitud ante el sufrimiento que no se puede evitar. Del tercero, el más citado, se habla en el dolor del alma. Los dos primeros están al alcance de cualquiera en un día corriente.

Lo que dicen los estudios, y lo que no

Hay datos que apuntan en una misma dirección. En el estudio de Ohsaki, en la prefectura japonesa de Miyagi, se preguntó en 1994 a 43.391 adultos de 40 a 79 años si tenían ikigai. En los siete años siguientes, quienes contestaron que no murieron más que quienes dijeron que sí, sobre todo por enfermedades cardiovasculares y por causas externas.

En Estados Unidos, Patrick Hill y Nicholas Turiano siguieron durante 14 años a más de 6.000 personas, y las que puntuaban más alto en propósito vivieron más, a cualquier edad. Un metaanálisis de 2016 que reunió diez estudios y 136.265 participantes encontró un riesgo de muerte y de problemas cardiovasculares alrededor de un 17 % menor en quienes tenían un propósito fuerte.

Ninguno de estos estudios demuestra que buscar un propósito alargue la vida. Son observacionales: puede que la buena salud dé ganas de hacer planes, y no al revés, y el propósito suele ir acompañado de otras cosas, como tener amigos o moverse más.

Otras cifras que circulan tampoco salen de la investigación. Lo de los 21 días para formar un hábito no tiene base: en un estudio del University College de Londres publicado en 2010, a los participantes que lo lograron les llevó alrededor de 66 días que una conducta nueva se volviera automática, con enormes diferencias entre unos y otros. Y la idea de que la palabra china para «crisis» une riesgo y oportunidad es un error: el sinólogo Victor Mair explica que el segundo carácter significa algo así como «momento decisivo».

Tres preguntas para tu cuaderno

  • Qué haces sin mirar el reloj y a quién le sirve, aunque nadie te pague por ello.
  • Qué te sostuvo en tu peor época: una persona, una tarea, un lugar.
  • Qué gesto pequeño podrías repetir cada día durante dos meses para cuidar eso que has encontrado.

No hace falta un gran propósito ni encontrarlo a la primera. Al fin y al cabo, el ikigai que estudió Kamiya cabía en cosas pequeñas. Si la sensación de vacío viene con tristeza, cansancio o falta de ganas que duran semanas, habla con tu médico o con un psicólogo: no es falta de voluntad, y se puede tratar.

Para seguir, mira qué queda de la receta del éxito cuando se compara con la psicología de las metas, o prueba a revisar el día antes de dormir, un método con siglos de historia. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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