Muerte, ¿dónde estás? Lo que los trasplantes cambiaron en la idea de morir
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Durante siglos, la muerte se reconoció en el pecho: el corazón dejaba de latir y el aliento se apagaba. Las máquinas de respiración asistida y los trasplantes obligaron a la medicina, a las leyes y a las religiones a preguntarse de nuevo en qué momento muere una persona. Este es ese recorrido, de un comité de Harvard a la donación en España, con una parada en los famosos 21 gramos.
Un corazón que late en otro pecho
El 3 de diciembre de 1967, el cirujano sudafricano Christiaan Barnard hizo en el hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo el primer trasplante de corazón entre dos personas. La donante era una joven con lesiones cerebrales irreversibles tras ser atropellada. El receptor vivió dieciocho días.
Ocho meses después, el 5 de agosto de 1968, la revista médica JAMA publicó el informe de un comité de la Facultad de Medicina de Harvard. Lo presidía el anestesiólogo Henry Beecher, y entre sus trece miembros estaba Joseph Murray, pionero de los trasplantes de riñón. Propusieron considerar el coma irreversible, con el encéfalo sin ninguna actividad, como un nuevo criterio de muerte, aunque una máquina mantuviera el latido y la respiración.
Los historiadores aún discuten su motivo principal. Unos creen que buscaban órganos para trasplantar; otros, que querían dejar de prolongar tratamientos sin esperanza. Con aquel informe, la pregunta de cuándo muere alguien dejó de ser solo filosófica. Para la medicina actual, quien ha perdido de forma completa e irreversible las funciones del encéfalo ha muerto, aunque una máquina mantenga el latido; sus órganos pueden seguir vivos unas horas, y eso es lo que permite donarlos. Cómo se comprueba hoy la muerte se explica en el miedo a ser enterrado vivo.
España, el país que más dona
España aprobó su ley de trasplantes en 1979. Según ella, es donante toda persona fallecida que no haya dejado constancia de su oposición. Pero la ley sola no explica el resultado: las cifras empezaron a subir tras la creación de la Organización Nacional de Trasplantes, en 1989, y su red de coordinadores en los hospitales.
En 2025 se hicieron en España 6.335 trasplantes de órganos, gracias a 2.547 donantes fallecidos (51,9 por millón de habitantes) y 408 donantes vivos. Fue el segundo mejor año de la serie, tras el récord de 2024, y el país mantiene el primer puesto mundial desde hace más de tres décadas. Hay un dato que sorprende: el 56 % de los donantes fallecidos de 2025 no lo fueron tras una muerte encefálica, sino tras una parada del corazón, lo que los médicos llaman donación en asistolia.
Lo que dicen las religiones
La Iglesia católica se adelantó al debate. El 24 de noviembre de 1957, Pío XII respondió a unas preguntas de anestesiólogos sobre la reanimación. Dijo que dar una definición clara de la muerte y de su momento corresponde al médico, y que solo hay obligación de usar los medios ordinarios para mantener la vida. El 29 de agosto de 2000, ante un congreso internacional de trasplantes, Juan Pablo II aceptó el criterio neurológico, aplicado con rigor, y llamó a la donación un auténtico acto de amor. El Catecismo (número 2296) la considera un acto noble y meritorio, siempre con el consentimiento del donante o de sus representantes.
En el islam no hay una sola voz. En 1986, la Academia de Jurisprudencia Islámica de la Organización de Cooperación Islámica, reunida en Amán, aceptó como muerte la pérdida irreversible de la función cerebral. Un año después, el consejo de jurisprudencia de la Liga del Mundo Islámico, en La Meca, exigió también que se parara el corazón. Muchos países musulmanes permiten los trasplantes, y el debate entre sabios sigue abierto.
El judaísmo tradicional ligaba la muerte al cese de la respiración, a partir de un pasaje del Talmud (Yoma 85). En 1986, el Gran Rabinato de Israel permitió los trasplantes de corazón cuando pruebas objetivas demostraran que el tronco del encéfalo, que gobierna la respiración, estaba destruido. Una ley israelí de 2008 recogió ese criterio. Algunos rabinos ortodoxos siguen sin aceptarlo, y el propio rabinato pide respetar a las familias que piensan así.
Veintiún gramos y un corazón con memoria
La idea de que el alma pesa 21 gramos viene de un médico de Haverhill, en Massachusetts, llamado Duncan MacDougall. En 1907 publicó que había colocado en una báscula la cama de seis enfermos moribundos. Solo uno perdió tres cuartos de onza, unos 21 gramos, al morir; con los demás, los resultados no coincidían o los descartó él mismo. Pesó también quince perros, que no perdieron nada. El experimento nunca se repitió y no se le reconoce ningún valor científico.
La llamada memoria celular sostiene que el receptor de un órgano hereda gustos o recuerdos del donante. Su trabajo más citado lo firmó el psicólogo Paul Pearsall con dos investigadores de la Universidad de Arizona: diez casos reunidos con entrevistas, sin grupo de comparación. Un estudio de Viena de 1992 preguntó a 47 trasplantados de corazón. El 79 % no notaba ningún cambio de personalidad, el 15 % lo atribuía a haber superado una enfermedad grave y solo tres personas, el 6 %, al corazón nuevo. La verdad es que haber estado a las puertas de la muerte, los fármacos y lo que significa recibir un corazón ajeno son explicaciones más sencillas para esos cambios que unos recuerdos guardados en las células.
La conversación pendiente en casa
Aunque la ley presuma que todos somos donantes, los equipos de trasplante siempre hablan con la familia antes de nada, y la tarjeta de donante solo tiene valor de testimonio. Por eso lo que más ayuda es decirlo en voz alta: qué quieres que se haga con tus órganos, y también si prefieres que no se haga. Si quieres dejarlo por escrito, existe el documento de instrucciones previas, que en algunas comunidades se llama de voluntades anticipadas.
Hablar de la propia muerte cuesta, y cuesta más cuando se ha perdido a alguien. Dicho esto, hacerlo con tiempo evita que tu familia tenga que adivinar tu voluntad en el peor momento. Si la tristeza por una pérdida no te deja vivir, un psicólogo puede acompañarte, como se cuenta en la pérdida de un ser amado. Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.