La pérdida de un ser amado: lo que enseña el espiritismo y lo que sabe la psicología

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Cuando muere alguien a quien queremos, cada tradición ofrece su consuelo y la psicología, sus mapas. El espiritismo de Allan Kardec habla de un regreso; quienes investigan el duelo, de un camino que no sigue escalones. Las dos miradas coinciden en algo sencillo: el duelo se acompaña.

La muerte según Kardec

Allan Kardec era el seudónimo de Hippolyte Léon Denizard Rivail, un pedagogo nacido en Lyon en 1804 y muerto en París en 1869. El 18 de abril de 1857 publicó El libro de los espíritus, la obra que dio forma al espiritismo como doctrina.

Su visión de la muerte es la de una vuelta a casa. Según el libro, al morir el alma vuelve a ser espíritu y regresa al mundo de los espíritus que había dejado por un tiempo. No despierta de golpe: atraviesa una «turbación», un periodo de confusión que, según la doctrina, dura más o menos según el grado de elevación de cada espíritu.

En El Evangelio según el espiritismo (1864), el capítulo dedicado a los afligidos recoge mensajes sobre la pérdida de los seres queridos. Su idea central es que quien se fue sigue cerca, que el recuerdo sereno le alegra y que la desesperación sin consuelo le apena. Por eso los espíritas rezan por sus difuntos y procuran recordarlos con calma.

Es una creencia, y así se cuenta aquí. Dicho esto, la psicología añade un matiz que conviene no olvidar: no hay una manera correcta de llorar a nadie, y nadie debería sentirse culpable por la intensidad de su tristeza.

Cinco etapas que no son una escalera

En 1969, la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross publicó Sobre la muerte y los moribundos, a partir de sus conversaciones con enfermos terminales. Allí describió cinco reacciones: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. El libro hablaba de personas que se enfrentaban a su propia muerte; solo más tarde el esquema se aplicó a quienes pierden a alguien y se convirtió en las famosas cinco etapas del duelo.

Ella misma advirtió que no siempre aparecen en el mismo orden. En su último libro, escrito con David Kessler y publicado en 2005, un año después de su muerte, insistió en que no son paradas de un trayecto en línea recta. Los datos le dan la razón. El Estudio de Duelo de Yale, publicado en 2007, siguió a 233 personas de Connecticut durante los dos años posteriores a su pérdida: la aceptación fue lo más frecuente desde el principio, y el anhelo por quien se había ido, el sentimiento negativo que más pesaba. El psicólogo George Bonanno va más allá y sostiene que no hay etapas que cumplir, y que muchas personas muestran una capacidad de recuperarse mayor de lo que se pensaba.

La propia Kübler-Ross conoció de cerca el lado oscuro de las sesiones con los muertos. A finales de los años setenta, en su centro de California, se asoció con un hombre que decía comunicarse con los difuntos. Varias asistentes lo acusaron de hacerse pasar por los espíritus en la oscuridad, y en 1981 ella rompió con él; su prestigio científico quedó dañado. Ninguna sesión puede prometerte que volverás a hablar con quien se fue, y conviene desconfiar de quien te lo ofrezca a cambio de dinero.

Ir y volver

En 1999, los psicólogos Margaret Stroebe y Henk Schut, de la Universidad de Utrecht, propusieron el modelo de proceso dual. Partían de una crítica a la vieja idea del «trabajo de duelo», según la cual había que enfrentarse a la pérdida sin tregua para superarla.

Su propuesta distingue dos clases de tareas. Unas miran a la pérdida, como llorar o repasar recuerdos. Otras miran a la vida que sigue: los trámites, una rutina nueva, un papel distinto en la familia. Lo sano, según el modelo, es ir y venir entre unas y otras, y tomarse respiros de las dos. ¿Te sorprende reírte un día y llorar al siguiente? Para Stroebe y Schut es justo lo esperable. El modelo se explica con más detalle en las ganancias ocultas de las pérdidas, y la idea de que el lazo con quien se fue puede seguir vivo está en la capacidad de amar.

Cuando el duelo no deja vivir

Echar de menos durante años a alguien querido es normal. Lo que la psiquiatría ha empezado a distinguir es otra cosa. La Organización Mundial de la Salud incluyó el trastorno de duelo prolongado en su clasificación de enfermedades, la CIE-11, en vigor desde enero de 2022, y la Asociación Estadounidense de Psiquiatría lo añadió en marzo de ese mismo año a su manual, el DSM-5-TR.

Según este manual, en los adultos ha de haber pasado al menos un año desde la muerte, seis meses en niños y adolescentes. Durante el último mes, casi a diario, la persona siente varias de estas cosas: un dolor emocional intenso, la impresión de haber perdido una parte de sí misma, dificultad para creer que la muerte ha ocurrido, el impulso de evitar todo lo que la recuerda, una soledad profunda o la idea de que la vida ya no tiene sentido. Se calcula que lo vive entre el 4 y el 15 % de los adultos en duelo, y la terapia psicológica, sobre todo la cognitivo-conductual, ayuda a muchos de ellos.

Pequeños apoyos para los primeros meses

  • Marca en el calendario las fechas difíciles, como el cumpleaños, el aniversario o la primera Navidad sin esa persona, y decide con tiempo con quién quieres pasarlas.
  • Pronuncia su nombre y deja que los demás lo hagan: hablar de quien se fue no reabre la herida, la acompaña.
  • Busca un gesto diario de recuerdo que vaya con tu fe, sea la oración serena que propone el espiritismo o un minuto de silencio; si no tienes fe, sirve igual un paseo por un sitio que os gustaba.
  • Mira cómo estás pasados unos meses: si el anhelo lo ocupa todo, dejas de comer o de dormir o no consigues retomar tu vida, pide cita con un psicólogo o con tu médico.

Y si en algún momento piensas en hacerte daño, llama a los servicios de emergencia. Este texto no sustituye esa ayuda. Tienes más en la sección de espiritismo, en la historia de la mediumnidad, de Endor a Kardec y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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