El contacto con los muertos: de los altares de flores a las sesiones de espiritismo

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Casi todas las culturas guardan unos días al año para sus difuntos. Unas los esperan con comida, flores y velas; el espiritismo del siglo XIX quiso ir más lejos y hablar con ellos. Este recorrido va de los ritos que siguen vivos a los episodios más discutidos de las sesiones, contados como fueron.

Tres fiestas para recibir a los que se fueron

En México, el Día de Muertos se celebra entre finales de octubre y los primeros días de noviembre, con el 1 y el 2 como fechas principales. Las familias levantan altares con fotos, velas, pan de muerto, papel picado y el plato favorito de cada difunto. En muchos pueblos marcan con pétalos de cempasúchil el camino del cementerio a la casa, para que las almas no se pierdan. La Unesco inscribió en 2008 esta fiesta indígena en su lista del patrimonio cultural inmaterial.

Japón tiene el Obon, que suele caer hacia el 15 de agosto, o en julio en Tokio y otras ciudades. La tradición budista lo relaciona con Mokuren, un discípulo de Buda que alivió con ofrendas a su madre, atrapada entre los espíritus hambrientos. Al empezar la fiesta se enciende un pequeño fuego, el mukaebi, para guiar a los antepasados hasta casa; al terminar, otro los despide, y en muchos ríos se sueltan farolillos flotantes. Entre medias se baila el bon odori alrededor de una torre de madera.

En China, el Qingming llega el decimoquinto día después del equinoccio de primavera, entre el 4 y el 6 de abril. Las familias barren las tumbas, llevan comida y queman papel ritual para sus antepasados. Es festivo oficial en la China continental desde 2008.

En ninguna de las tres se intenta que el muerto hable. Se le recibe, se le da de comer y se le recuerda; al fin y al cabo, lo que se cuida es el vínculo.

Golpes en Hydesville, confesión en Nueva York

El espiritismo moderno empezó en 1848, cuando las hermanas Kate y Margaret Fox dijeron comunicarse a golpes con un espíritu en su casa de Hydesville, en el estado de Nueva York. Lo que pasó en aquellos primeros años está en la historia de la mediumnidad, de Endor a Kardec. Aquí interesa el final.

El 21 de octubre de 1888, Margaret subió al escenario de la Academia de Música de Nueva York, ante unas dos mil personas, y enseñó cómo producía los golpes: haciendo crujir las articulaciones de los dedos de los pies. Varios médicos del público subieron a comprobarlo. Kate estaba en la sala, y el diario New York World publicó la confesión. Un año después, en noviembre de 1889, Margaret se retractó en otra entrevista. Murió en 1893, un año después que su hermana.

Para entonces, eso sí, el movimiento ya no dependía de ellas.

Un tablero de juego

La güija nació como un pasatiempo de salón. Su patente se concedió el 10 de febrero de 1891 a Elijah Bond, un abogado de Baltimore, y la explotó la Kennard Novelty Company, de la misma ciudad. Desde 1901 la fabricó William Fuld, y más tarde pasó a la juguetera Parker Brothers.

La tablilla se mueve, pero no hace falta ningún espíritu para explicarlo. Es el efecto ideomotor: pequeños movimientos musculares que el cuerpo hace sin que la persona sea consciente de ellos. Cuando se ha probado con los participantes con los ojos vendados, el tablero deja de formar frases con sentido.

Houdini y la frase que nunca llegó

Harry Houdini, el mago de las fugas imposibles, perdió a su madre en 1913. En 1922, en Atlantic City, la esposa de Arthur Conan Doyle le entregó un mensaje de ella por escritura automática. Estaba en un inglés fluido y encabezado por una cruz, cuando su madre, mujer de un rabino, apenas hablaba inglés. Y era el día de su cumpleaños, cosa que el mensaje no mencionaba.

Desde entonces dedicó buena parte de su tiempo a desenmascarar a los médiums que se aprovechaban del dolor de las familias. Con su mujer, Bess, acordó una frase en clave, «Rosabelle, cree», por la canción favorita de la pareja: si había algo después de la muerte, el primero en morir se la haría llegar al otro. Houdini murió el 31 de octubre de 1926. Bess celebró una sesión cada aniversario durante diez años, y en 1936 apagó la vela que había mantenido encendida junto a su retrato.

Voces en la cinta

En 1959, el pintor y productor de cine sueco Friedrich Jürgenson grababa cantos de pájaros y, al escuchar la cinta, creyó oír voces humanas. El psicólogo letón Konstantīns Raudive siguió por ese camino: reunió una enorme colección de grabaciones y publicó un libro en 1968, traducido al inglés en 1971. Así nacieron las psicofonías.

La explicación de los técnicos de sonido y los psicólogos es más terrenal. Hay interferencias de radio, y hay una tendencia muy humana, la pareidolia auditiva, que nos hace oír palabras en cualquier ruido. Es lo mismo que nos lleva a ver caras en las nubes.

Cuatro gestos para recordar a los tuyos

Ningún rito ni ninguna sesión puede prometerte que vas a hablar con quien se fue. Lo que sí ofrecen las tradiciones son maneras de seguir queriéndolo.

  • Prepara un rincón de memoria. Una foto, una vela, una flor y algo que le gustara, como en los altares mexicanos. Cámbialo cuando lo necesites.
  • Cuida su lugar. Visita su tumba o el sitio de sus cenizas, límpialo y lleva algo, como en el Qingming. Si queda lejos, un paseo por un sitio que le gustaba cumple la misma función.
  • Escríbele una carta. Poner por escrito lo que no te dio tiempo a decir ayuda a ordenar lo que sientes. Puedes guardarla o leerla en voz alta.
  • Habla de tu duelo con alguien. Con tu familia, con tus amigos o con un psicólogo. Echar de menos a quien quieres es normal, y pedir ayuda cuando el dolor no te deja vivir también lo es.

¿Qué gesto tenía tu familia con sus muertos? A veces basta con recuperarlo. Para seguir, lee cómo honra la santería a los eggun, los espíritus de los antepasados o qué enseña el libro tibetano de los muertos en la muerte según el Bardo Thödol. Tienes más en la sección de espiritismo y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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