La capacidad de amar: un arte que se cultiva y que sobrevive a la pérdida

Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026

La capacidad de amar no se va con la persona que se fue. Es una facultad tuya, que se aprende y se cuida, como defendió el psicoanalista Erich Fromm. Esto es lo que propuso y lo que ayuda cuando, después de una pérdida, el amor vuelve a pedir sitio.

Fromm: amar se aprende

En 1956, el psicoanalista alemán Erich Fromm publicó El arte de amar. Vivía entonces en México, adonde se había mudado en 1950 y donde daba clases en la Universidad Nacional Autónoma de México. El libro se convirtió en un éxito mundial con una tesis sencilla: amar no es algo que te pasa, sino algo que haces.

Según Fromm, casi todo el mundo cree que el problema del amor consiste en ser amado, en encontrar a la persona adecuada o en resultar atractivo. Se piensa poco en la otra mitad, la facultad de amar. Y esa facultad, como tocar un instrumento o cocinar bien, pide disciplina, concentración y paciencia.

Describía cuatro rasgos que se dan juntos en el amor maduro. El cuidado, que se interesa de verdad por la vida del otro. La responsabilidad, entendida como la disposición a responder a lo que el otro necesita, no como una obligación. El respeto, que deja ser al otro como es y no como querrías que fuera. Y el conocimiento, que busca entender a la persona por dentro.

Lo resumía con dos frases que se citan mucho. El amor inmaduro dice «te quiero porque te necesito». El maduro dice «te necesito porque te quiero».

Una capacidad que no depende de una sola persona

Fromm insistía en otra idea: el amor es una actitud ante la vida, no un lazo con un único objeto. Quien ama a una sola persona y es indiferente a todas las demás, decía, vive algo más parecido a una dependencia que al amor.

De ahí sale algo que consuela a quien ha perdido a alguien. El cariño que sentiste no estaba guardado en la otra persona. Era tuyo, y sigue ahí.

La pérdida, sea una muerte, un divorcio o una distancia que impuso la vida, no te quita la facultad de querer, aunque durante un tiempo parezca dormida. Tampoco borra el futuro. Los proyectos que hacías con alguien se deshacen, y duele, pero la capacidad de imaginar otros sigue en ti.

El duelo no exige cortar el vínculo

Durante buena parte del siglo XX, la psicología pensó el duelo como una despedida completa. En Duelo y melancolía (1917), Sigmund Freud lo describió como un trabajo lento para retirar el afecto puesto en quien se ha perdido.

En 1996, los investigadores Dennis Klass, Phyllis Silverman y Steven Nickman propusieron otra mirada en el libro Continuing Bonds («Vínculos continuos»). Al estudiar a viudas y viudos, a niños que habían perdido a uno de sus padres y a familias adoptivas, vieron que muchas personas mantenían un lazo interior con quien ya no estaba, y que eso no les impedía vivir. Guardar una carta, recordar un consejo o hablar de esa persona en la mesa formaba parte de un duelo sano.

Volver a amar, por tanto, no es traicionar a nadie. El amor nuevo no ocupa el sitio del anterior: se suma a lo que ya eres.

Volver a querer siendo otra persona

Nadie es a los cincuenta quien era a los veinte, y tampoco después de una pérdida. El amor que llegue, si llega, encontrará a alguien distinto, con otra historia y otras necesidades. ¿Qué ha cambiado en ti desde la última vez que te enamoraste?

A veces una pareja se rompe porque cada uno creció en una dirección. No es un fracaso de la capacidad de amar, sino un cambio de rumbo, y un divorcio puede doler mucho y dejar intacta esa facultad.

No hay plazos. Hay quien vuelve a enamorarse pronto y quien prefiere vivir solo, y las dos cosas son legítimas.

Cuando el amor vuelve a pedir sitio

La propuesta de Fromm se practica en lo pequeño. Escucha hoy a alguien de verdad, sin mirar el móvil, y cuida con constancia una planta, un animal o una amistad. Son ejercicios de atención y de cuidado, y mantienen despierta la capacidad de amar mientras el duelo sigue su curso. Ayuda también permitirte llorar, que no es lamentarse sin fin, sino dejar salir lo que pesa, y apuntar en un cuaderno algún proyecto nuevo que dependa solo de ti.

El duelo, eso sí, se acompaña. Habla con alguien de confianza y, si pasan los meses y la tristeza te impide dormir, comer o seguir con tu vida, pide ayuda a un psicólogo o a tu médico. Ningún texto sustituye esa ayuda.

Sobre el duelo encontrarás más en las ganancias ocultas de las pérdidas y en el dolor del alma según las tradiciones; sobre el cariño hacia ti, en cómo atraer el amor. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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