Paz: del shalom y la pax romana a la paz positiva
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Decimos «paz» para despedirnos, para rezar y para firmar el final de una guerra, y no siempre hablamos de lo mismo. Las lenguas semíticas la entienden como estar entero; el latín, como un pacto; el evangelio, como un regalo, y la sociología del siglo XX, como algo más que la falta de golpes. Este recorrido sigue la palabra y la idea.
Shalom y salam: estar entero
En hebreo, shalom nace de una raíz de tres consonantes, š-l-m, que habla de algo completo, intacto, a lo que no le falta nada. Por eso la palabra significa a la vez paz y bienestar, y sirve tanto para saludar como para despedirse. De la misma raíz salen shalem, «entero», y el nombre de Salomón, Shlomo.
El árabe la comparte, porque las dos lenguas son semíticas. Salam es la paz y también la seguridad, y el saludo funciona igual en los dos idiomas: shalom aleijem y as-salamu alaykum desean la paz a quien llega, que contesta dándole la vuelta a la frase.
Las dos tradiciones llevaron la palabra hasta Dios. En el libro de los Jueces (6, 24), Gedeón levanta un altar y lo llama «el Señor es paz». El Talmud (Shabat 10b) deduce de ahí que Shalom es un nombre divino, y por eso no se usa como saludo en un baño público. En el Corán, As-Salam figura entre los nombres de Dios (sura 59, 23), el paraíso es la «morada de la paz» (10, 25) y la palabra islam procede de la misma raíz.
La pax de Roma, un pacto
El latín pax viene de una raíz que significaba fijar o atar, la misma de pactum, el pacto. Para un romano, la paz era un acuerdo que llegaba cuando el adversario ya no podía resistir.
Augusto la convirtió en emblema de su gobierno. En sus Res Gestae presume de haber cerrado tres veces las puertas del templo de Jano, que solo se cerraban cuando no había guerra. El Senado le encargó en el año 13 antes de Cristo un altar a la Paz, el Ara Pacis, que se consagró en el 9.
Los historiadores llaman pax romana a los dos siglos que van de la llegada de Augusto al poder, en el 27 antes de Cristo, a la muerte de Marco Aurelio, en el 180. Fue una paz relativa, con guerras en las fronteras, como la conquista de Britania.
Tácito, a finales del siglo I, puso la otra cara en boca de un enemigo. En su Agrícola, el jefe caledonio Calgaco arenga a los suyos antes de la batalla del monte Graupio y dice de los romanos que, donde crean un desierto, lo llaman paz.
«Mi paz os doy»
En la última cena, según el evangelio de Juan, Jesús se despide de sus discípulos con una herencia: «mi paz os doy». Y añade que no la da «como el mundo la da» (Juan 14, 27). Muchos comentaristas leen ahí un contraste con la paz que conocía entonces el Mediterráneo, la de Roma, sostenida por las legiones. La de Jesús es un don interior, y el versículo termina pidiendo que el corazón no se turbe ni tenga miedo.
Mateo (5, 9) llama bienaventurados a los eirenopoioi, palabra griega que solo aparece ahí en el Nuevo Testamento y significa, al pie de la letra, los que hacen la paz. No los que la disfrutan: los que la trabajan.
Galtung: la paz negativa y la positiva
El sociólogo noruego Johan Galtung (1930-2024) fundó en Oslo, en 1959, uno de los primeros institutos de investigación para la paz, y en 1964, su revista, el Journal of Peace Research. Allí publicó en 1969 «Violence, Peace, and Peace Research», un artículo que cambió la manera de hablar del asunto.
Galtung definía la violencia de forma muy amplia: la hay cuando alguien vive por debajo de lo que podría y esa diferencia era evitable. Su ejemplo es la tuberculosis: morir de ella en el siglo XVIII difícilmente era violencia, porque no había remedio; morir hoy, con todos los recursos médicos del mundo, sí lo es.
De ahí salen dos paces. La paz negativa es la ausencia de violencia directa: que no haya guerra, ni golpes, ni amenazas. La paz positiva es la ausencia de violencia estructural, esa injusticia que hace que unos vivan peor o menos de lo que podrían sin que nadie levante la mano. ¿Hay paz en un barrio donde nadie se pelea pero los niños no tienen escuela? Para Galtung, solo a medias.
Visto así, la pax de Augusto se parece mucho a la paz negativa, y el shalom, la plenitud a la que no le falta nada, a la positiva. Eso sí, la segunda no se firma en un tratado: se construye con escuelas, hospitales y un trato justo, lo mismo que intentan medir los economistas cuando hablan de calidad de vida.
Un día de alto el fuego
En 1981, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Día Internacional de la Paz y lo hizo coincidir con la apertura de sus sesiones, el tercer martes de septiembre. Se celebró por primera vez en 1982. En 2001 lo fijó, por unanimidad, el 21 de septiembre a partir del año siguiente, y le dio un encargo concreto: ser una jornada mundial de alto el fuego y de no violencia.
En la sede de Nueva York se toca ese día la Campana Japonesa de la Paz, regalo de 1954 de la asociación japonesa pro Naciones Unidas. Se fundió con monedas donadas por representantes de unos sesenta países. Una tregua de un día no es la paz positiva de Galtung, al fin y al cabo, pero recuerda cada año que callar las armas es posible.
Tres formas de decir paz
- Cuando te despidas de alguien que lo está pasando mal, piensa en el shalom: qué le falta hoy para estar entero y qué trozo pequeño puedes poner tú, aunque sea escucharle un rato.
- Ante un conflicto en casa o en el trabajo, hazte las dos preguntas de Galtung: si ya no hay gritos y si queda algo injusto por arreglar.
- Apunta el 21 de septiembre en el calendario y haz ese día tu propia tregua con la persona con la que más discutes.
La paz de dentro, la de la mente, tiene su página en el camino a la paz de la mente. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.