Las mixturas del amor: solve et coagula, de la alquimia a Jung
Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026
Solve et coagula, «disuelve y coagula», es una de las máximas más repetidas de la alquimia. En el siglo XX, Carl Gustav Jung vio en ella, y en una serie de grabados alquímicos, un retrato de lo que pasa cuando dos personas se mezclan. Aquí tienes la idea, de dónde viene y qué puede decirte sobre tu propia relación.
Disolver y coagular
En el laboratorio del alquimista, disolver era deshacer una sustancia para limpiarla de impurezas, y coagular, volver a fijarla en una forma nueva. El proceso se repetía una y otra vez. Con el tiempo, el lema pasó a leerse también en sentido espiritual: deshacer lo rígido para recomponerse mejor.
La palabra que la alquimia usaba para la unión de dos sustancias era coniunctio. Como recordaba el propio Jung, designaba en principio lo que hoy llamamos una combinación química: dos cuerpos que se atraen por afinidad y dan lugar a un tercero.
De ahí a la pareja había un paso, y los alquimistas lo dieron. Casi siempre dibujaron esa unión como una boda.
Una boda de reyes en veinte grabados
El Rosarium philosophorum, el «rosal de los filósofos», se imprimió en Fráncfort en 1550, dentro de una colección de tratados de alquimia. Es una antología en latín de citas de autoridades alquímicas, acompañada de veinte grabados en madera con versos en alemán, y su autor no se conoce con certeza.
Los grabados cuentan una historia. Un rey y una reina, el Sol y la Luna, se dan la mano. Se quitan la ropa, entran juntos en un baño y se unen. Después yacen muertos en un sepulcro, del que el alma asciende para volver más tarde. Al final renace un solo ser con dos cabezas, el rebis, la «cosa doble».
Para el alquimista, era el camino hacia la piedra filosofal contado con imágenes. Para un lector de hoy, se parece mucho a la historia de una pareja.
Lo que Jung vio en el rosal
En 1946, el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung publicó La psicología de la transferencia. Usó la primera mitad de la serie del Rosarium para describir lo que ocurre entre el analista y su paciente, y de paso entre dos personas que se vinculan a fondo.
Su tesis era que en toda relación intensa no hay dos, sino cuatro. Están las dos personas conscientes y, con ellas, la imagen interior que cada una lleva del otro sexo, a la que Jung llamaba anima en el hombre y animus en la mujer. Al enamorarnos proyectamos esa imagen sobre alguien real, y durante un tiempo vemos más la imagen que a la persona.
En esa lectura, el baño compartido y el sepulcro cobran sentido. Mezclarse con otro disuelve parte de lo que eras, y llega un momento oscuro, cuando la idealización se cae. Lo que puede renacer después no es una fusión, sino la unión de dos personas que ya se ven como son.
Eso sí, es una interpretación psicológica y no un hallazgo comprobado, y Jung la pensó ante todo para la consulta.
La química del amor, según Goethe
Jung no fue el primero en mirar el amor con ojos de químico. En 1809, Johann Wolfgang von Goethe publicó Las afinidades electivas, una novela cuyo título era entonces un término técnico de la química. En una escena, uno de los personajes explica cómo ciertas sustancias, al juntarse, cambian de pareja, y los demás no tardan en aplicárselo a sí mismos.
La novela no acaba bien. Es un buen recordatorio de que la «química» entre dos personas no decide nada por sí sola. ¿Qué hace falta, entonces, aparte de la atracción?
Qué disolver y qué unir en tu pareja
El lema alquímico sirve para revisar una relación. Hay cosas que conviene disolver: un orgullo que impide pedir perdón, una lista de reproches que se guarda para la próxima discusión o la imagen ideal que proyectaste al principio y que la otra persona no tiene por qué cumplir. Y hay otras que conviene coagular, porque dan forma a la vida en común: acuerdos claros, una conversación tranquila cada semana, pequeños rituales que sean solo de los dos.
Hay algo que no se disuelve nunca, y es la libertad de cada uno. Ninguna alquimia obliga a nadie a amar, y querer poseer al otro, controlar sus horarios o sus amistades, rompe justo lo que se pretendía unir. Si una relación te hace daño, ninguna transformación lo justifica: habla con alguien de confianza y pide ayuda profesional.
Para seguir, lee cómo se cuida una relación de almas gemelas, qué propuso Jung sobre los tipos psicológicos o cómo se prepara un ritual energético en pareja con agua y flores. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.