Responsabilidad en su justa medida: lo que enseñan Aristóteles, la psicología y Hans Jonas
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Hay quien no descansa nunca porque todo le parece asunto suyo, y quien deja siempre que otro se haga cargo. Las dos actitudes cansan, a uno mismo o a los de alrededor. La filosofía y la psicología han estudiado los dos extremos, y sus conclusiones ayudan a encontrar el punto medio.
Un término medio con historia
Aristóteles lo planteó en el libro II de la Ética a Nicómaco: la virtud es un término medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. El valor, por ejemplo, queda entre la cobardía y la temeridad. Ese medio no es una cifra fija. Depende de la situación, y encontrarlo es tarea de la prudencia.
La metafísica moderna lo cuenta a su manera con la ley de polaridad, según la cual los extremos son dos caras de una misma cosa; viene de El Kybalion, como se explica en las siete leyes metafísicas.
Cuando todos miran, nadie llama
En marzo de 1964 asesinaron en el barrio neoyorquino de Queens a una joven, Kitty Genovese. Dos semanas después, The New York Times publicó que treinta y ocho vecinos habían presenciado el ataque sin avisar a la policía. La noticia dio la vuelta al mundo y llevó a dos psicólogos, John Darley y Bibb Latané, a preguntarse por qué a veces la gente no ayuda.
En 1968 publicaron su experimento. Unos estudiantes conversaban por un intercomunicador desde cabinas separadas cuando uno de ellos, que en realidad era una grabación, parecía sufrir un ataque epiléptico. Si el participante creía que era el único que lo oía, el 85 % avisó antes de que terminara la crisis; si pensaba que lo oían otros cuatro, solo el 31 %. Lo llamaron difusión de la responsabilidad: cuantos más testigos hay, menos responsable se siente cada uno.
La historia que lo inspiró resultó ser otra. En 2007, tres psicólogos británicos revisaron los documentos del caso y no encontraron pruebas de que treinta y ocho testigos vieran el crimen sin hacer nada. Solo unos pocos vieron fragmentos, un vecino gritó y el agresor huyó la primera vez, y un testigo declaró años después que su padre había llamado a la policía. En 2016, el propio periódico admitió que había exagerado mucho el número de testigos y lo que percibieron. Los autores de la revisión aclararon, eso sí, que no ponían en duda el efecto que estudiaron Darley y Latané.
Cargar con lo que no es tuyo
El otro extremo lo describió el psicólogo británico Paul Salkovskis. En un artículo de 1985 sobre el trastorno obsesivo-compulsivo propuso que el problema no son los pensamientos intrusos en sí, sino lo que uno concluye de ellos: la sensación de ser responsable de evitar un daño. Años después, con otros colegas, definió la responsabilidad inflada como la creencia de tener un poder decisivo para provocar o impedir desgracias graves, en la realidad o en el plano moral.
Quien la vive revisa una y otra vez la llave del gas, se culpa de lo que no dependía de él o no puede delegar porque, si algo sale mal, será culpa suya. No hace falta un trastorno para reconocerse en algo de esto.
Cuando ese peso no deja descansar, cuando las comprobaciones ocupan horas o la culpa no se va, conviene hablar con un psicólogo o con el médico. No es falta de carácter, y se puede tratar.
Una responsabilidad a la altura de nuestro poder
En 1979, el filósofo Hans Jonas publicó El principio de responsabilidad, con un subtítulo que lo resume: ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Su argumento era que la técnica ha multiplicado el alcance de lo que hacemos, en el espacio y en el tiempo, y que la ética de siempre, pensada para el prójimo cercano, se queda corta. Propuso un imperativo nuevo: obrar de modo que los efectos de nuestros actos sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra.
Para Jonas, el modelo de toda responsabilidad es la de los padres con sus hijos. En 1987 recibió el Premio de la Paz de los libreros alemanes.
Jonas y Salkovskis parecen decir cosas opuestas, pero se completan. La responsabilidad crece con el poder real que tenemos sobre algo, y se vuelve una trampa cuando nos atribuimos un poder que no tenemos.
Una carga a tu medida
Cuando veas a alguien en apuros con más gente alrededor, da por hecho que nadie ha avisado todavía y hazlo tú, o señala a una persona concreta y pídele que llame a emergencias. Así se rompe la difusión de la responsabilidad.
En el día a día, haz una lista de lo que te preocupa y marca al lado de cada cosa qué parte depende de ti, cuál es compartida y cuál corresponde a otros. Lo que no es tuyo, devuélvelo con una frase amable. ¿Cuántas de esas tareas cargaste solo porque nadie más se ofreció? Lo que sí te toca, hazlo con calma y a tiempo: es la otra mitad del término medio.
Descansar también forma parte de la responsabilidad. Al fin y al cabo, nadie cuida bien de nada estando agotado. Si el sentido del deber te quita el sueño o la culpa no te suelta, habla con un psicólogo. Para seguir, lee lo que sabe la psicología del estrés y la aceptación y cómo se ha pensado la libertad en determinismo y libre albedrío. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.