Determinismo y libre albedrío: cómo ha pensado la astrología la libertad

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Si los astros marcan el carácter y los sucesos de una vida, ¿qué queda para la libertad? La pregunta acompaña a la astrología desde sus primeros tratados. Las respuestas van de Ptolomeo a los filósofos de hoy, y casi ninguna es tan simple como «todo está escrito» o «todo depende de ti».

Ptolomeo: un pronóstico, no una condena

En el siglo II, en Alejandría, Claudio Ptolomeo escribió el Tetrabiblos, el tratado que fijó buena parte de la astrología occidental. En sus primeros capítulos se adelanta a las objeciones. Admite que el arte puede equivocarse, y lo compara con el del piloto de un barco: nadie lo desprecia por sus errores.

Su argumento sobre la libertad es más fino. Para Ptolomeo, el cambio de las cosas de la tierra obedece a un destino natural y mudable. Hay sucesos con causas tan poderosas que ocurrirán pase lo que pase, y otros que pueden evitarse si se toman las medidas oportunas. Lo explica con un médico. Cuando anuncia que una llaga se extenderá, hay que creerle; pero si la llaga recibe tratamiento a tiempo, no se extiende. El pronóstico sirve precisamente para eso.

Los gemelos de san Agustín

Agustín de Hipona fue aficionado a la astrología en su juventud y acabó siendo uno de sus críticos más duros. En el libro VII de las Confesiones, escritas a finales del siglo IV, cuenta la historia que le hizo cambiar de opinión. Un amigo suyo, Firmino, había nacido en el mismo instante que el hijo de una esclava de un amigo de su padre, y los astros de los dos nacimientos coincidían. Firmino llegó a ser rico y honrado; el otro siguió sirviendo toda su vida.

Luego están los gemelos. Esaú y Jacob nacieron casi a la vez y tuvieron vidas opuestas. Un astrólogo, razonaba Agustín, tendría que haberles anunciado el mismo destino.

En La ciudad de Dios recoge la respuesta de un astrólogo romano, Nigidio Fígulo. Hizo girar con fuerza un torno de alfarero y marcó dos manchas de tinta casi a la vez; al pararlo, estaban lejos una de otra. El cielo gira tan deprisa, venía a decir, que unos minutos cambian mucho. Agustín le contestó que, si así fuera, ningún astrólogo podría medir diferencias tan pequeñas. El argumento de los gemelos lo retomaron siglos después los estadísticos, como se cuenta en astrología y ciencia.

Inclinan, no obligan

La fórmula que ha resumido durante siglos la postura cristiana dice en latín astra inclinant, non necessitant: los astros inclinan, no obligan. Se atribuye a menudo a Tomás de Aquino, pero no aparece tal cual en sus obras; circulaba como dicho de las escuelas. La idea, eso sí, es suya. En la Suma teológica explicó en el siglo XIII que los cuerpos celestes actúan sobre el cuerpo y solo de forma indirecta sobre la inteligencia y la voluntad. Como la mayoría de la gente se deja llevar por sus pasiones, los astrólogos pueden dar en el blanco en muchos casos y en general; en los casos particulares, no, porque nada impide a una persona resistirse a sus pasiones con su libre albedrío.

Calderón de la Barca llevó el dilema al teatro en La vida es sueño, estrenada en 1635. El rey Basilio lee en las estrellas que su hijo será cruel y lo encierra en una torre. Al final, Segismundo se vence a sí mismo, y la obra entera discute si el destino anunciado se cumple o se puede torcer.

Pico contra los astrólogos

El ataque más completo llegó del humanista italiano Giovanni Pico della Mirandola. Empezó hacia 1493 sus Disputaciones contra la astrología adivinatoria, murió en 1494 sin terminarlas, y se publicaron en 1496, preparadas por su sobrino Gianfrancesco. Pico admitía que el cielo actúa sobre la tierra con su movimiento, su luz y su calor, pero como una causa general, igual para todos; lo que negaba es que en él pudiera leerse el destino de cada persona.

Encajaba con lo que había escrito en 1486 en su Discurso sobre la dignidad del hombre: Dios le dice a Adán que no le ha dado un lugar ni una forma fijos para que él mismo elija los suyos. Johannes Kepler discutió las Disputaciones en 1606 y en 1619, y aunque no estaba de acuerdo en todo, habló de ellas con respeto.

Libres aunque haya causas

La filosofía de hoy plantea la pregunta sin astros, pero con la misma forma: si todo lo que ocurre tiene causas, la libertad es posible o no. Los compatibilistas responden que sí. Para Thomas Hobbes y David Hume, ser libre es poder hacer lo que uno quiere sin que nada se lo impida, aunque ese querer tenga sus causas. En 1971, Harry Frankfurt afinó la idea: actúas libremente cuando tu acción sale de la voluntad que quieres tener, no de un impulso que rechazas.

Es la postura más extendida entre los filósofos. En la encuesta de PhilPapers de 2009, el 59 % de los 931 que respondieron la aceptaba o se inclinaba por ella. La astrología que se lee hoy como un mapa de tendencias, y no como una sentencia, está más cerca de esa idea de lo que parece.

Lo que queda en tus manos

  • Cuando leas tu carta natal o un horóscopo, cambia cada «te pasará» por «tiendes a» y piensa qué quieres hacer con esa tendencia.
  • Separa lo que te vino dado, como tu familia, tu época o tu cuerpo, de lo que haces con ello, igual que el médico de Ptolomeo separa la llaga del tratamiento.
  • Anota con fecha una predicción que te inquiete y revísala unos meses después, para ver con calma qué parte se cumplió y por qué.

Dicho esto, ninguna carta debería decidir por ti una cuestión de salud, de dinero o de pareja: para eso están el médico, el asesor o tu propio criterio. La filosofía del destino, de las moiras a Libet, está en qué es el destino, y las historias de quienes huyeron de él, en huir del destino. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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