Huir del destino: de la cita en Samarra a la profecía que se cumple sola

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Desde hace siglos se cuentan historias de alguien que huye de su destino y corre directo hacia él. La sociología y la psicología del siglo XX encontraron un mecanismo real que se les parece: creencias que provocan justo lo que anuncian. Aquí tienes las leyendas, los datos y lo que cambia cuando alguien cree que todo está escrito.

La cita en Samarra

La versión más antigua que se conoce está en el Talmud de Babilonia, compilado hacia los siglos V y VI. En el tratado Sucá se cuenta que el rey Salomón vio triste al ángel de la muerte y le preguntó por qué. El ángel le explicó que tenía que llevarse a dos escribas del rey, Elihoref y Ahías. Para salvarlos, Salomón los mandó a Luz, una ciudad donde la muerte no tenía poder, y murieron nada más llegar. Al día siguiente el ángel estaba contento: era precisamente allí donde debía recogerlos. El rey sacó la moraleja. Los pies de cada uno, dijo, lo llevan al lugar donde se le espera.

En 1933, el escritor británico W. Somerset Maugham puso la versión más famosa en boca de la Muerte, al final de Sheppey, su última obra de teatro. Un mercader de Bagdad manda a su criado al mercado, donde este se cruza con la Muerte, que le hace un gesto. Asustado, huye a Samarra en el caballo de su amo. Cuando el mercader le pide cuentas, la Muerte aclara que el gesto no era una amenaza, sino sorpresa: tenía una cita con aquel hombre esa misma noche, en Samarra.

Edipo, el que huyó hacia su oráculo

El teatro griego tiene su propia versión, más trágica. En Edipo rey, de Sófocles, estrenada hacia el año 429 antes de Cristo, un oráculo había anunciado a Layo, rey de Tebas, que moriría a manos de su hijo. Layo mandó abandonar al recién nacido con los pies atados, pero un pastor lo salvó, y el niño creció en Corinto como hijo de los reyes Pólibo y Mérope. Ya joven, Edipo oyó en Delfos que mataría a su padre y se casaría con su madre, y para impedirlo se marchó de Corinto. En un cruce de tres caminos discutió con un anciano y lo mató. Era Layo.

Lo terrible de la historia es que cada intento de evitar la profecía la acerca. Sin el abandono y sin la huida no habría habido cruce de caminos. El filósofo Karl Popper llamó efecto Edipo a la influencia de una predicción sobre lo que predice, y lo trató en La miseria del historicismo (1957).

La profecía que se cumple a sí misma

En 1948, el sociólogo estadounidense Robert K. Merton publicó en The Antioch Review un ensayo titulado «La profecía que se cumple a sí misma». Partía de una idea que William I. Thomas y Dorothy Swaine Thomas habían formulado en 1928: si las personas definen una situación como real, es real en sus consecuencias. Para Merton, la profecía que se cumple sola es una creencia falsa sobre una situación que provoca un comportamiento nuevo, y ese comportamiento acaba haciendo verdadera la creencia.

Su ejemplo era una parábola situada en 1932. Un banco sano, con buenas inversiones, sufre un rumor de quiebra. Los clientes corren a sacar sus ahorros, y como ningún banco guarda en caja todo lo que tiene, el banco quiebra de verdad. ¿Habría caído si nadie hubiera hablado? Seguramente no. Merton aplicó la idea sobre todo a los prejuicios raciales de su país: cuando a un grupo se le cierran las puertas del estudio o del trabajo, sus resultados acaban pareciendo confirmar el prejuicio que las cerró.

El efecto Pigmalión

Veinte años después, el psicólogo Robert Rosenthal y Lenore Jacobson llevaron la idea a la escuela. En un colegio público de California pasaron un test de inteligencia a todos los alumnos y dijeron a los maestros que alrededor de un 20 %, elegidos en realidad al azar, iban a dar un estirón intelectual ese curso. Al final, los señalados de primero y segundo habían ganado más puntos que sus compañeros. Lo contaron en Pygmalion in the Classroom (1968), con el nombre del escultor del mito griego que se enamora de su estatua.

El estudio fue muy criticado. Robert L. Thorndike puso en duda el test, y un metaanálisis de Stephen Raudenbush mostró que el efecto casi desaparecía si los maestros ya conocían a sus alumnos. En 2005, Lee Jussim y Kent Harber concluyeron que las expectativas de los profesores sí influyen, pero que el efecto suele ser pequeño y pasajero, y que a menudo esas expectativas solo reflejan, con bastante exactitud, cómo va cada alumno.

Lo que cambia creer que todo está escrito

En Samarra y en Tebas, el destino es inevitable y cualquier paso conduce a él. En el banco de Merton y en el aula de Rosenthal no hace falta ningún destino: son las creencias de la gente las que empujan los hechos, y solo hasta cierto punto.

La psicología también ha intentado medir qué pasa cuando alguien deja de creer en su libertad. En 2008, Kathleen Vohs y Jonathan Schooler publicaron que quienes leían un texto que negaba el libre albedrío hacían más trampas en una prueba. Varios equipos intentaron repetirlo después, entre ellos un gran proyecto de replicación en 2015 y otro en 2020, y no lo consiguieron. Con esos datos, no se puede decir que creer en el destino haga peor a nadie. La filosofía del asunto, de las moiras a los experimentos de Libet, está en qué es el destino.

Mirar el futuro sin sentencias

Cuando te sorprendas pensando que algo «tenía que pasar», prueba a separar las dos cosas que mezclan estas historias: lo que no depende de ti y lo que tus propias expectativas pueden estar empujando. El banco de Merton no estaba condenado; cayó porque todos actuaron como si lo estuviera.

Eso sí, no conviertas la idea en una carga. No todo lo que ocurre lo provocamos nosotros, y ninguna expectativa explica una enfermedad o una pérdida. Una tirada de cartas o una carta astral pueden leerse como una sentencia o como una pregunta sobre el camino, y la segunda lectura deja más sitio para decidir. Si una idea fija sobre tu futuro te angustia o te paraliza, habla con un psicólogo.

Para cultivar expectativas más amables contigo, lee qué dice la psicología sobre el optimismo. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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