Esa extraña criatura que es el hombre: Ouspensky, el Cuarto Camino y el recuerdo de sí

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Para el escritor ruso P. D. Ouspensky, el ser humano es una máquina que se cree libre, una multitud de pequeños yoes que se turnan para decir «yo» y un durmiente convencido de estar despierto. Así resumía la enseñanza de su maestro, George Gurdjieff. Aquí la tienes, contada como enseñanza, junto con lo que sabe la psicología actual sobre conocerse a uno mismo.

Un periodista de Moscú

Piotr Demiánovich Uspenski nació en Moscú el 5 de marzo de 1878. Fue periodista y le apasionaba la cuarta dimensión, a la que dedicó su primer libro, en 1909. El segundo, Tertium Organum (1912), lo hizo famoso cuando se tradujo al inglés en 1920. En 1915 conoció en Moscú a Gurdjieff y trabajó con él unos diez años; en 1924 se distanció personalmente de su maestro, aunque siguió enseñando sus ideas.

Tras la Revolución salió de Rusia por Constantinopla y se instaló en Londres, donde vivió desde 1921 y reunía a sus alumnos en conferencias. Durante la Segunda Guerra Mundial se trasladó a una granja de Nueva Jersey y volvió a Inglaterra en 1947. Murió en Lyne Place, en Surrey, el 2 de octubre de ese año.

Sus libros más leídos salieron después. En 1949, sus alumnos publicaron el relato de sus años con Gurdjieff, con el subtítulo que él había elegido, Fragmentos de una enseñanza desconocida. Poco después aparecieron las cinco conferencias de introducción que había escrito en 1934, Psicología de la posible evolución del hombre, y en 1957, El cuarto camino.

Un camino en medio de la vida

Según esta enseñanza, las tradiciones conocen tres vías para despertar. El faquir trabaja con el cuerpo; el monje, con las emociones y la fe, y el yogui, con la mente. Las tres exigen apartarse del mundo. La cuarta, la que Gurdjieff decía traer, se recorre en la vida corriente, en casa y en el trabajo. No tiene formas ni instituciones fijas: aparece con los grupos que la practican y desaparece con ellos.

Una máquina con muchos yoes

Ouspensky empezaba sus conferencias por lo más incómodo. El hombre, decía, es una máquina que se mueve por impresiones de fuera. No hace: le pasan cosas, igual que llueve o hiela. Y se atribuye tres cosas que no tiene de forma estable, la capacidad de hacer, la unidad y la conciencia.

Lo que llamamos «yo» sería en realidad una multitud. Cada pequeño yo dura lo que un pensamiento, un deseo o un humor, y mientras habla se presenta como la persona entera; una hora después, otro opina lo contrario con la misma convicción y nadie recuerda al anterior. Visto así, quien hace un propósito el domingo por la noche no es el mismo que tiene que cumplirlo el lunes por la mañana.

¿Dónde queda entonces la libertad? En una rendija. Es una máquina peculiar, explicaba Ouspensky, porque puede llegar a saber que es una máquina, y ahí empieza el trabajo sobre uno mismo.

Centros y cuatro pisos de conciencia

La enseñanza describe siete funciones. Cuatro gobiernan la vida diaria, y cada una tendría su propio centro, una especie de mente independiente: el intelectual; el emocional; el motor, que aprende movimientos como andar o escribir, y el instintivo, que lleva el trabajo interno del cuerpo sin necesidad de aprenderlo. La quinta es el sexo. Las dos últimas, un centro emocional superior y otro intelectual superior, solo funcionarían en estados más altos de conciencia. Buena parte de nuestros tropiezos vendría de que un centro hace el trabajo de otro, como cuando la cabeza intenta dirigir cada paso al bajar una escalera.

Los estados de conciencia serían cuatro: el sueño, el llamado estado de vigilia, la conciencia de sí y la conciencia objetiva. Vivimos en los dos primeros, como quien tiene una casa de cuatro pisos y nunca sube del segundo.

Para subir, la enseñanza propone el recuerdo de sí: darse cuenta, en medio de lo que uno hace, de que es uno quien lo está haciendo. Ouspensky lo llamaba un despertar parcial. Es difícil de sostener, y según él empieza por algo muy simple: admitir que casi nunca nos recordamos. Nadie despierta a voluntad, decía, pero cualquiera puede recordarse un momento, y después otro.

Lo que dice la psicología de hoy

La psicología no habla de máquinas ni de centros superiores, y no hay pruebas de que estos existan. Pero algunos experimentos coinciden con Ouspensky en una cosa: nos conocemos peor de lo que creemos.

En 1977, Richard Nisbett y Timothy Wilson revisaron en la Psychological Review una serie de estudios en los que la gente explicaba sus decisiones con motivos que no habían influido en ellas. En el más citado, los clientes de un comercio elegían entre cuatro pares de medias idénticas, preferían con mucha diferencia el de la derecha y justificaban su elección por la calidad. Otros discuten cómo interpretarlo.

En 2005, Petter Johansson y Lars Hall publicaron en Science un experimento más llamativo. Los participantes elegían la cara más atractiva entre dos fotos. A veces, con un truco de prestidigitación, les devolvían la que habían descartado, y no se detectó más de uno de cada cuatro cambios. Muchos explicaban después por qué habían preferido una cara que en realidad habían rechazado. Lo llamaron ceguera a la elección.

Eso sí, nada de esto convierte a nadie en un autómata. La atención se entrena, y observar lo que uno piensa y siente, sin juzgarlo, es una herramienta habitual en psicoterapia.

Prueba el recuerdo de sí

  1. Elige un gesto que repitas cada día. Abrir una puerta, subir una escalera o lavarte las manos. Cuando lo hagas, nota a la vez lo que haces y que eres tú quien lo hace, durante unos segundos.
  2. Escucha qué yo está hablando. Cuando te oigas decir «yo siempre» o «yo nunca», apunta en una línea qué humor tenías en ese momento. Al cabo de una semana verás cuántos yoes firman con tu nombre.
  3. No lo conviertas en un examen. Ni el propio Ouspensky creía que esto pudiera aprenderse en un libro: hablaba de tiempo y de trabajo en grupo. Si observarte te genera ansiedad o te hace sufrir, coméntalo con un psicólogo.

Para el símbolo que Gurdjieff enseñaba a sus grupos, lee el eneagrama de las ideas santas, y para su distinción entre esencia y personalidad, la personalidad humana. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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