Tantra: qué es en la historia y qué es el neotantra de Occidente
Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026
En Occidente, la palabra tantra suele asociarse al sexo. En la India, el Tíbet o Japón nombra algo mucho más amplio: tradiciones religiosas con sus propios textos, maestros y ritos, en las que el sexo ocupa un lugar pequeño. Aquí verás qué es el tantra en la historia y en qué se diferencia del neotantra.
Una palabra que viene del telar
Tantra viene de la raíz sánscrita tan, que significa «extender» o «tejer». La palabra designaba el telar y la urdimbre, y de ahí pasó a nombrar un tratado, un sistema o una doctrina: algo bien tejido. Los tantras son, antes que nada, libros.
«Tantrismo», en cambio, es una palabra que inventaron los estudiosos europeos del siglo XIX. Ninguna lengua asiática la usaba, y agrupa bajo un mismo nombre tradiciones muy distintas entre sí.
Tradiciones hindúes y budistas
Los primeros tantras aparecieron en la India hacia mediados del primer milenio de nuestra era, sobre todo entre los devotos de Shiva y de la diosa, la Shakti. Después la corriente llegó al budismo y al culto de Vishnu, y dejó huella en el jainismo.
En la Cachemira de hacia el año 1000 vivió uno de sus grandes pensadores, Abhinavagupta, que reunió la enseñanza de decenas de textos sagrados en una obra enorme, el Tantraloka. En el budismo, la vía tántrica se llama vajrayana, el «vehículo del diamante». Es la que se practica en el Tíbet y la que, por otros caminos, dio forma a la escuela Shingon de Japón.
Las prácticas cambian de una escuela a otra, pero algunas se repiten. Está la iniciación, la diksha, que da un maestro y sin la cual no se practica. Están los mantras, fórmulas sagradas que se recitan; los mandalas y los yantras, diagramas para meditar; los mudras, gestos de las manos, y la visualización de una divinidad con la que el practicante aprende a identificarse. La meta declarada era la liberación, aunque muchos textos hablaban también de poderes y de bienestar en esta vida.
Chakras y kundalini
En el yoga tántrico, el cuerpo se imagina recorrido por canales y por centros de energía, los chakras. Por ellos asciende la kundalini, una energía que se representa como una serpiente dormida en la base de la columna. Los textos no se ponen de acuerdo en cuántos centros hay: unos hablan de cuatro, otros de cinco, de seis o de nueve.
El esquema que hoy se repite en Occidente, seis centros a lo largo de la columna y uno más en la coronilla, procede de un tratado del siglo XVI, el Sat-chakra-nirupana. Lo difundió el juez británico John Woodroffe, que firmaba como Arthur Avalon, con su traducción comentada The Serpent Power (1919).
Son mapas para la meditación, no órganos que reconozca la medicina. No hay pruebas científicas de que trabajar con ellos cure nada.
El sexo, el neotantra y sus críticos
¿Qué lugar ocupa entonces el sexo? Algunos linajes tántricos incluían ritos con elementos prohibidos para la ortodoxia, como el vino, la carne o la unión sexual. Según los especialistas, eran poco frecuentes, quedaban reservados a iniciados y en algunas escuelas se sustituían por ofrendas simbólicas. Ni siquiera las imágenes de dioses en pareja son obligatorias en el tantra.
Lo que hoy se anuncia en Occidente como tantra es, casi siempre, neotantra: un movimiento moderno que toma ideas de aquellas tradiciones y pone la sexualidad en el centro. El estadounidense Pierre Bernard fundó en 1905 una Orden Tántrica de América; el maestro indio Osho lo popularizó en los años setenta y ochenta, y a finales de esa década Charles Muir, uno de los impulsores del tantra moderno en Estados Unidos, lo presentó como «el arte del amor consciente». Casi todos prescinden de algo que la tradición consideraba imprescindible: el maestro y la iniciación.
La verdad es que las críticas no son pocas. El estudioso Georg Feuerstein habló de un «tantra californiano» que confunde la dicha tántrica con el placer corriente, y el historiador Hugh Urban recuerda que la mayoría de los especialistas occidentales han sido muy duros con este tantra popular. Otros, como Geoffrey Samuel, defienden que tiene valor propio y que despreciarlo sin más es no entenderlo.
Cautelas ante quien te ofrezca tantra
- Pregunta de qué tradición viene lo que te enseñan y quién formó a quien lo enseña: un nombre en sánscrito no es un linaje.
- Desconfía de quien promete curarte, despertar tu kundalini en un fin de semana o convertir a cualquier pareja en almas gemelas.
- Pon el consentimiento por delante: nadie debe tocarte ni presionarte, y una práctica íntima solo se hace si las dos personas quieren.
Nada de esto sustituye al médico, al psicólogo ni a un especialista en sexología si hay dolor o un problema de salud. Para seguir, lee cómo se entiende la iluminación en Oriente y Occidente y cómo elegir entre las técnicas de meditación. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.