Los poderes mágicos del tetragrámaton: el nombre de cuatro letras y su historia

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

El tetragrámaton es el nombre de Dios en la Biblia hebrea, escrito con cuatro consonantes que los judíos no pronuncian. Desde el Renacimiento, los libros de magia lo copiaron en talismanes y círculos, y con el tiempo se confundió con el pentagrama. Aquí tienes las dos historias, cada una en su sitio.

Cuatro letras que no se leen

La palabra viene del griego y significa «de cuatro letras». Son las consonantes hebreas yod, he, vav y he, que en nuestro alfabeto se transcriben YHWH. Aparecen unas 6.800 veces en la Biblia hebrea. El libro del Éxodo (3, 14) las relaciona con la respuesta que Dios da a Moisés desde la zarza, ehyeh asher ehyeh, que suele traducirse como «soy el que soy».

En tiempos del Segundo Templo, solo el sumo sacerdote lo pronunciaba en voz alta, y solo el Día de la Expiación, Yom Kipur. Tras la destrucción del Templo, en el año 70, dejó de decirse. Desde entonces, al leer la Escritura, los judíos dicen Adonái, «mi Señor», y en la conversación diaria se refieren a él como HaShem, «el Nombre».

El respeto llega al papel. Como no se puede tirar a la basura un escrito que contenga el nombre de Dios, los textos gastados se guardan en una guenizá, un depósito de la sinagoga, hasta que se entierran. La de El Cairo conservó más de 300.000 manuscritos y fragmentos.

Jehová, Yahvé y el Señor

Cuando los masoretas, los eruditos judíos que fijaron el texto hebreo, añadieron las vocales a la Biblia, al tetragrámaton le pusieron las de Adonái, como aviso de lo que había que decir en voz alta. Algunos lectores cristianos tomaron después esas vocales al pie de la letra y las combinaron con las cuatro consonantes. Así nació «Jehová», una forma híbrida.

Las primeras grafías latinas parecidas aparecen en el siglo XIII, en el Pugio fidei del dominico catalán Ramón Martí. En el XVI pasaron a las Biblias protestantes, entre ellas la española de Reina y Valera, que en la edición de 1602 escribe «Iehova». La mayoría de los especialistas reconstruye hoy la pronunciación antigua como «Yahvé», apoyándose en formas griegas como Iabé, que según Teodoreto y Epifanio usaban los samaritanos.

La Septuaginta, la antigua traducción griega, ya lo había vertido como Kyrios, «Señor», y esa es la costumbre de la liturgia católica. En 2008, la Congregación para el Culto Divino pidió a los obispos que en las celebraciones no se pronunciara la forma «Yahvé», por respeto a esa tradición.

El nombre en los libros de magia

La magia culta europea tomó el tetragrámaton de la cábala. En 1494, el humanista alemán Johannes Reuchlin propuso en De verbo mirifico que, si se añade una letra shin en medio del nombre de cuatro letras, sale el nombre hebreo de Jesús. De ahí viene la idea, que repiten muchos textos esotéricos, de que el tetragrámaton «se convierte» en Jesús. Es una lectura de la cábala cristiana del Renacimiento, eso sí, y no del judaísmo.

Cornelio Agrippa le dio un lugar central en su Filosofía oculta, de 1533. Escribió que es un nombre que se escribe y no se lee, reservado a la esencia del Creador, y en su tabla de los diez nombres divinos asoció «Tetragrammaton Sabaoth» con la sefirá de la victoria y con el planeta Venus.

Los grimorios hicieron el resto. La Clavícula de Salomón, atribuida al rey bíblico y nacida probablemente en la Italia de los siglos XIV o XV, llena sus pentáculos de nombres divinos. El Lemegeton, compilado a mediados del siglo XVII, incluye un «pentagrama de Salomón» con la palabra Tetragrammaton en letras rojas. De talismanes como ese viene la confusión entre el nombre y la estrella de cinco puntas.

El pentagrama, otra historia

La estrella de cinco puntas es mucho más antigua y no tiene nada que ver con el nombre hebreo. Los pitagóricos la usaron como signo de reconocimiento y de bienestar. En la Edad Media, los cristianos la relacionaron con las cinco llagas de Cristo, y en el poema inglés Sir Gawain y el Caballero Verde, del siglo XIV, adorna el escudo del héroe como emblema de sus virtudes.

La lectura moral de su posición es mucho más reciente. Se la debemos al ocultista francés Éliphas Lévi, que en Dogma y ritual de la alta magia, publicado en dos tomos entre 1854 y 1856, sostuvo que la estrella con una punta hacia arriba representa al ser humano cuyo espíritu gobierna los cuatro elementos. Invertida, con dos puntas arriba, evocaba para él al macho cabrío que embiste el cielo con los cuernos. Esa interpretación es la que han heredado los textos esotéricos actuales.

Con respeto ante el nombre

Si te encuentras la palabra Tetragrammaton en un talismán, un anillo o un círculo mágico, ya sabes lo que significa: es el nombre de Dios de la Biblia hebrea, sagrado para millones de judíos, que llevan casi dos mil años sin pronunciarlo. Los «poderes» que le atribuyen los grimorios son tradición mágica, sin ninguna prueba, y conviene contarlos así.

Quien trabaje con estos símbolos puede tratarlos con el cuidado que les tiene su propia tradición: no escribir el nombre en cualquier papel, no tirarlo a la basura y no usarlo nunca contra nadie. ¿Hace falta pronunciarlo para respetarlo? La costumbre judía enseña justo lo contrario.

Para seguir, lee qué es la cábala, de la judía a la hermética, donde aparecen Reuchlin y Agrippa, y el árbol de la vida, el diagrama de las sefirot. Los cuatro elementos de la tradición esotérica están en el conocimiento y dominio de los cuatro elementos. Tienes más en la sección de magia blanca y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica