Aviones y ovnis: tres sustos famosos y lo que concluyeron las investigaciones

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Cuando un avión cae o un piloto informa de algo que casi lo roza, enseguida aparece quien habla de ovnis. Tres casos muy citados, de 1959, 1996 y 1995, muestran qué se investigó y qué se concluyó, y los informes recientes añaden dos sospechosos bien terrenales: los drones y los globos. Detrás de cada accidente hay personas que no volvieron, así que aquí van los hechos, sin nombres.

Washington, 1959: la frase que no está en el informe

Muchas listas de misterios aéreos cuentan que en 1969 un avión militar se estrelló contra el monte Rainier, en el estado de Washington, después de que su piloto avisara por radio de que habían chocado con algo. Los datos comprobables dicen otra cosa. El accidente ocurrió el 1 de abril de 1959, en un bosque cerca de Bonney Lake, en el mismo condado que el Rainier pero lejos de la montaña. Era un C-118, la versión militar del DC-6, que hacía prácticas de despegues y aterrizajes desde la base aérea de McChord. Murieron sus cuatro tripulantes.

Los periódicos publicaron la frase del choque con «algo», y aquella noche hubo vecinos que hablaron de estampidos y de luces raras. Pero la frase no figura en los informes del accidente. La Fuerza Aérea concluyó que hubo errores de la tripulación y de supervisión: los pilotos creían que la torre vigilaba su altitud, y la torre, que la vigilaban ellos. El avión volaba demasiado bajo, rozó con el ala derecha los árboles de una colina cercana a Orting, se incendió y cayó unos diez kilómetros más al norte.

El vuelo 800, 1996: una estela de luz explicada

El 17 de julio de 1996, un Boeing 747 de la compañía estadounidense TWA despegó del aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York rumbo a París y Roma. Doce minutos después estalló sobre el Atlántico, frente a Long Island. Murieron sus 230 ocupantes.

Casi un centenar de los testigos con los que habló el FBI describió una estela de luz que subía hacia el avión antes de la explosión. De ahí salieron las teorías del misil, de la bomba y, en algunos libros de misterios, del choque con un objeto desconocido.

La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte aprobó su informe final el 23 de agosto de 2000. Concluyó que estallaron los vapores inflamables del depósito central de combustible, con toda probabilidad por un cortocircuito que dejó pasar un exceso de voltaje por el cableado del indicador de combustible, y descartó la bomba y el misil. La CIA, que analizó los testimonios, sostuvo que la luz que vieron muchos testigos era el propio avión en llamas, que siguió en el aire un tiempo después de partirse. Hay quien sigue discutiendo la versión oficial, pero ninguna investigación encontró nada que apuntara a un objeto desconocido.

Mánchester, 1995: el objeto que nadie identificó

El 6 de enero de 1995, ya de noche, un Boeing 737 de British Airways que llegaba de Milán descendía hacia Mánchester a unos 4.000 pies, poco más de 1.200 metros. Sus dos pilotos vieron un objeto iluminado que pasó a gran velocidad junto al costado derecho, en sentido contrario, y lo notificaron como una cuasi colisión.

El control aéreo no tenía tráfico conocido en la zona ni vio ecos en el radar. El grupo que estudió el caso revisó las grabaciones sin hallar contactos desconocidos, no encontró pruebas de un avión militar y tuvo por muy improbables un ala delta, un ultraligero o un aeromodelo. Concluyó que no se podían evaluar ni la causa ni el riesgo y que el objeto seguía sin identificar, con un matiz: que el radar no mostrara nada no era raro si estaban activos los filtros que eliminan los ecos del mal tiempo.

Drones y globos: los sospechosos de hoy

Los informes recientes miran sobre todo a dos cosas que hace treinta años apenas se veían en el cielo. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos recibe más de cien avisos al mes de drones vistos cerca de aeropuertos.

Entre el 19 y el 21 de diciembre de 2018, los avisos de drones cerraron la pista del aeropuerto londinense de Gatwick y afectaron a unos mil vuelos. La policía dio por creíbles 115 de los 170 avisos, pero cerró la investigación en septiembre de 2019 sin encontrar al responsable ni pruebas del dron.

Con los globos pasa algo parecido. En enero de 2023, el informe anual de la inteligencia estadounidense sobre fenómenos no identificados clasificó 163 de 366 avisos nuevos como globos o algo semejante, y 26 como drones. Al mes siguiente, tras derribar un globo chino frente a Carolina del Sur, el mando de defensa aérea de Norteamérica ajustó sus radares para ver objetos más lentos, y en tres días se derribaron otros tres sobre Alaska, el Yukón y el lago Hurón. El presidente Joe Biden dijo después que lo más probable era que fueran globos de empresas, de aficionados o de centros de investigación. Lo que se ve depende, al fin y al cabo, de cómo se mira.

Cuando un piloto ve algo que no sabe explicar

Un piloto que ve algo raro hace bien en notificarlo, con la hora, la altitud y la posición exactas. Esos datos permiten cruzar su relato con el radar, el tráfico, los globos meteorológicos y los drones de la zona, como se hizo en Mánchester. Un caso que queda sin identificar no es una nave de otro mundo ni un fracaso: dice con honradez hasta dónde llegan los datos.

Para quien solo lee la noticia, lo útil es preguntar qué concluyó la investigación oficial, no qué dijo el primer titular. En los tres casos, el relato llamativo corrió más que el informe. ¿Quién recuerda el cortocircuito del vuelo 800 al lado de la estela de luz? Contar los hechos con cuidado también es una forma de respeto hacia las familias.

Los casos de Mantell, Teherán, Alaska y el Nimitz están en pilotos y ovnis, y cómo se investiga hoy un avistamiento, en escépticos, creyentes e investigadores. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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