Ovnis: escépticos, creyentes e investigadores frente al mismo cielo
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Ante una luz extraña en el cielo se repiten tres actitudes: la de quien lo niega sin mirar, la de quien lo cree todo sin preguntar y la de quien se pone a investigar. La tercera tiene hoy oficinas públicas, métodos y estadísticas abiertas, y lo que han encontrado ayuda a entender también a las otras dos.
Tres maneras de mirar una luz
El negador cierra la discusión antes de empezarla. Muchas veces no sabe qué significan las siglas de ovni (objeto volador no identificado) y piensa en los marcianos verdes del cine de los años cincuenta. El creyente convencido ha convertido el asunto en una fe, a veces con grupos que esperan la llegada de hermanos del espacio. Entre los dos está el investigador, que acepta que hay casos sin resolver y trata de resolverlos con datos.
Investigar en serio obliga a saber un poco de todo: astronomía para reconocer un planeta, meteorología para distinguir una nube rara, aviación, óptica y fotografía. Y obliga a aceptar el resultado, sea cual sea.
Al defender esta postura se suele recordar que la ciencia se ha equivocado otras veces, y es verdad. Pero las listas de frases célebres que se citan para probarlo están llenas de citas dudosas. La de que 640 kilobytes de memoria bastarían a cualquiera, atribuida a Bill Gates en 1981, la negó él mismo en 1996. Que la ciencia corrija sus errores no hace verdadera cualquier afirmación.
Francia investiga desde 1977
En 1977, la agencia espacial francesa, el CNES, creó en Toulouse un grupo para estudiar los testimonios de fenómenos en el cielo. Se llamó GEPAN; en 1988 pasó a llamarse SEPRA y desde 2005 es el GEIPAN. Muchos avisos le llegan a través de la Gendarmería, que toma declaración a los testigos. Desde marzo de 2007, el grupo publica sus expedientes en internet para que cualquiera los consulte.
Cada caso acaba en una de cuatro categorías. A, fenómeno identificado sin dudas; B, probablemente identificado; C, sin identificar por falta de datos; D, sin identificar después de investigarlo. Según el balance que publicaba el CNES en julio de 2025, el 24,6 % de los casos son A, el 39,7 % son B y el 32,4 % son C. Solo el 3,3 % queda en la D.
La C pesa mucho más que la D: un tercio de los casos no se resuelve porque el testigo no recuerda la hora, no hay foto o nadie más vio nada. Y la D no es definitiva. En 2017, el GEIPAN volvió sobre medio centenar de casos antiguos de esa categoría y les encontró explicación.
Estados Unidos: más datos y menos rumores
El 14 de septiembre de 2023, la NASA publicó el informe de un grupo independiente de expertos sobre lo que el Gobierno estadounidense llama fenómenos anómalos no identificados. El informe no halló pruebas de un origen extraterrestre, que consideraba una hipótesis de último recurso, y propuso algo práctico: recoger los avisos del público con aplicaciones de móvil que guarden, junto a la imagen, la hora, la posición y los datos del sensor, y cruzar las observaciones de varios testigos a la vez. La NASA nombró después a un director para estos estudios. Durante el trabajo, varios miembros del grupo sufrieron acoso en internet, algo que la agencia denunció porque, según dijo, aumenta el estigma y frena la investigación.
En marzo de 2024, la oficina del Pentágono para estos fenómenos, la AARO, publicó el primer volumen de su revisión histórica, de 1945 a octubre de 2023. No encontró pruebas de tecnología de otro mundo ni de programas secretos para copiarla. Muchas de esas historias, concluyó, venían de informes circulares: un grupo pequeño de personas que se citaban unas a otras sin que nadie aportara pruebas. Los casos concretos de pilotos y radares se cuentan en pilotos y ovnis.
Cuando la profecía falla
En 1956, los investigadores Leon Festinger, Henry Riecken y Stanley Schachter publicaron When Prophecy Fails (cuando la profecía falla). Habían seguido desde dentro, haciéndose pasar por interesados, a un pequeño grupo de Chicago cuya líder, a la que el libro llamó Marian Keech, recibía mensajes de seres del planeta Clarion, el mismo nombre que había usado uno de los contactados de los años cincuenta. Anunciaban un diluvio para el 21 de diciembre de 1954, y un platillo volante rescataría a los fieles.
¿Qué hace un creyente cuando la fecha pasa y no ocurre nada? Aquella madrugada llegó un nuevo mensaje: Dios había perdonado al mundo por la luz que el grupo había irradiado con su espera. Y el grupo, discreto hasta entonces según el libro, empezó a buscar publicidad. Festinger lo explicó con su teoría de la disonancia cognitiva, el malestar de sostener a la vez dos ideas que chocan. Cuanto más ha invertido alguien en una creencia y más apoyo tiene de su grupo, más fácil le resulta reinterpretar el fracaso que abandonarla.
El libro sigue siendo un clásico, aunque discutido. Un estudio de archivo publicado en 2025 por el investigador Thomas Kelly sostiene que el grupo ya buscaba adeptos antes de la fecha, que muchos abandonaron la creencia enseguida y que los propios observadores influyeron en lo que pasó. Eso sí, un grupo así no representa a todos los que creen en visitas de otros mundos, y nadie merece burla por su fe.
Cuatro datos que pide un investigador
- La fecha, la hora exacta y el lugar desde donde se vio, para compararlos con los planetas, los satélites, los globos y los vuelos de esa noche.
- Hacia dónde se miraba, cuánto duró y cómo se movía, aunque sea de forma aproximada.
- Las fotos o vídeos originales, sin recortar ni filtrar, con sus datos de archivo.
- Si hubo otros testigos que no se conocieran entre sí.
Con eso, un grupo serio puede empezar a trabajar. Y si el caso queda sin explicar, al fin y al cabo significa lo que dice la palabra: que con esos datos no se supo qué era. Cómo se abrieron los archivos militares en España se cuenta en los expedientes X españoles. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.