Galicia mágica: tres enclaves entre la historia y la leyenda

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Galicia tiene fama de tierra de meigas, nieblas y piedras con memoria. Tres lugares de la provincia de A Coruña lo cuentan mejor que cualquier tópico: el parque que un indiano levantó en Betanzos, un camposanto medieval en Noia y la catedral de Santiago, donde los documentos y las leyendas llevan once siglos compartiendo espacio.

Betanzos: el Pasatiempo, una enciclopedia de hormigón

Juan García Naveira nació en Betanzos en 1849 y emigró muy joven a Buenos Aires. Allí hizo fortuna en el comercio y la banca junto a su hermano Jesús, cuatro años menor. Volvieron ricos en 1893, y desde entonces la villa se llenó de obras pagadas por ellos: el lavadero de As Cascas, unas escuelas, un asilo para ancianos.

El proyecto más personal de Juan arrancó ese mismo año. El Pasatiempo abrió sus puertas hacia 1914 y llegó a ocupar unas nueve hectáreas, con estanques, un laberinto, invernaderos y animales. Su corazón era una ladera en cinco terrazas cuajada de grutas, pasadizos y relieves: las pirámides de Egipto, la Gran Muralla china, el canal de Panamá, un león de cuatro metros. Quien no podía viajar veía el mundo en una tarde.

Muchos autores leen el conjunto como un itinerario iniciático de la masonería, por esos cinco niveles y por las escuadras y compases que asoman entre los relieves. Es una interpretación muy extendida, eso sí, y no una explicación que dejara el propio fundador.

Juan murió en 1933 y el parque entró en decadencia. Durante la Guerra Civil funcionó junto a él un campo de concentración de prisioneros, y a mediados de siglo una carretera lo partió en dos. La maleza tapó las grutas, que pasaron a ser escenario de historias sobre ritos nocturnos y velas encendidas. El Ayuntamiento compró los terrenos en 1986, y la Xunta lo declaró Bien de Interés Cultural en febrero de 2020.

Noia: el arca de Noé y las lápidas de los oficios

Noia mira a su ría con un fundador de altura. Según la leyenda, el arca de Noé tocó tierra en el monte Aro, en la sierra del Barbanza, y el patriarca bautizó la villa en honor de Noela, su hija o su nieta, según quién lo cuente. El escudo municipal todavía muestra un arca sobre las olas y una paloma con una rama de olivo. Ningún resto arqueológico lo respalda, y nadie en Noia lo pretende: es una historia que se hereda.

Lo que sí se puede tocar es Santa María a Nova. La mandó levantar en la década de 1320 el arzobispo compostelano Berenguel de Landoira, un clérigo francés, sobre una iglesia del siglo XII. Ya no tiene culto. Es un museo y, desde 1973, monumento histórico-artístico.

La iglesia y su cementerio guardan más de quinientas laudas, las losas que cerraban las tumbas, de los siglos XIV al XIX. Las más antiguas no llevan nombre, sino la herramienta del difunto: así se reconocen carniceros, curtidores, sastres, canteros, carpinteros o marineros. Las posteriores, de familias nobles, cambian las herramientas por escudos.

En la parte norte se alza el Cristo del Humilladoiro, un crucero del siglo XVI bajo un templete de tejado piramidal, toda una rareza en Galicia. A su alrededor crecieron las leyendas: que un templario trajo tierra de Jerusalén para rellenar el camposanto, o que el templete lo costearon dos hermanos separados en una cruzada que acabaron reencontrándose en Noia. Las fechas no casan, porque la orden del Temple se disolvió en 1312, dos siglos antes del crucero. ¿Le quita eso encanto al lugar? Al contrario: lo convierte en un buen ejemplo de cómo nace una leyenda.

Santiago: la catedral por arriba y por abajo

La tradición sitúa hacia el año 813 el hallazgo que lo cambió todo. Un ermitaño llamado Pelayo vio luces de noche en un bosque y avisó a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, que identificó allí el sepulcro del apóstol Santiago el Mayor. El rey Alfonso II mandó construir una iglesia. Alfonso III levantó otra mayor en el 899, y Almanzor la quemó en el 997 sin tocar la tumba. La catedral románica se empezó en 1075 y se consagró en 1211. En el Pórtico de la Gloria, el Maestro Mateo dejó grabada la fecha de 1188.

Bajo el suelo hay otra historia. Las excavaciones que dirigió Manuel Chamoso Lamas desde 1946 sacaron a la luz una necrópolis romana y sueva, con más de cien laudas, y la lápida del propio Teodomiro. Sobre los restos del altar hay dos lecturas. Para la Iglesia son los del Apóstol. En 1900, el historiador francés Louis Duchesne sugirió que podían ser los de Prisciliano, el obispo de Ávila ejecutado en Tréveris en el año 385, cuyos seguidores llevaron su cuerpo a Galicia; Unamuno y Sánchez-Albornoz se hicieron eco de la idea. Nadie ha podido demostrarla.

La biblioteca catedralicia tiene también su leyenda. Durante generaciones se contó que allí, sujeto con cadenas, se guardaba el Libro de San Cipriano, el Ciprianillo, un grimorio para desencantar los tesoros escondidos en castros y mámoas. Lo que de verdad figura en su catálogo es una edición popular de 1991, repartida con un periódico gallego. El tesoro auténtico es el Códice Calixtino, del siglo XII, que fue robado en 2011 y recuperado un año después.

Betanzos, Noia y Santiago con otros ojos

El Pasatiempo lleva varios años cerrado por obras de rehabilitación, con un plan director pensado para quince años, así que consulta en el Ayuntamiento de Betanzos si se puede visitar antes de ir. Mientras tanto, las escuelas que se levantaron a partir de 1917 con el legado de Jesús, muerto cinco años antes, cuentan parte de la historia desde la calle.

En Noia, dedica más tiempo a las laudas que a las leyendas. Intenta adivinar el oficio de cada herramienta, y fíjate en cuántas tumbas no tienen nombre. En Santiago, pregunta qué zonas admiten visita guiada, como las cubiertas, porque las plazas suelen ser limitadas. Y lleva siempre la misma pregunta en el bolsillo: qué dicen los documentos y qué cuenta la gente.

Si te atraen los lugares donde la historia y la leyenda se mezclan, lee sobre la organización de los templarios y sus leyendas o viaja a Brocéliande, el bosque de Merlín. Hay más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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