La hipótesis extraterrestre: qué haría falta para probar una visita

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

La hipótesis extraterrestre sostiene que al menos algunos ovnis son naves llegadas de otros mundos. Es la explicación más popular y, a la vez, la más difícil de demostrar. Antes de discutir casos conviene responder a una pregunta previa: ¿qué contaría como prueba?

Un millón de pesetas sobre la mesa

El periodista Manuel Carballal, que dirige desde 1992 la revista El ojo crítico, cuenta que en agosto de ese mismo año, invitado a unos cursos de verano de la Complutense de Madrid dedicados a los ovnis, lanzó un reto en público: pagaría un millón de pesetas por una sola demostración de que alguna nave de otro planeta hubiera llegado hasta aquí. Según escribió después, la oferta seguía en pie.

Lo curioso es su argumento. Carballal no niega que haya casos sin explicar; lo que discute es que las pistas habituales apunten a naves de otro planeta. Si un aterrizaje deja hierba quemada, hubo combustión. Si quedan marcas de patas, hay un tren de aterrizaje. Si un objeto aparece en el radar, es que no sabe esconderse, cuando nuestros propios aviones furtivos ya lo hacen. Y si alguien vuelve de una supuesta abducción con cicatrices, la cirugía de esos visitantes se parece demasiado a la nuestra. Para él, cuanto más «física» es la huella, menos extraterrestre resulta. Por eso se inclinaba por otras hipótesis.

Qué es una prueba, y qué no

Un testimonio vale mucho para empezar una investigación, pero poco para cerrarla. La memoria se reconstruye cada vez que se cuenta, y la percepción falla de noche, sin referencias y con prisa. Una prueba, en el sentido científico, es otra cosa: algo que varios equipos independientes pueden examinar, medir y volver a medir, y cuya explicación no depende de fiarse de nadie.

Carl Sagan popularizó en 1980, en la serie Cosmos, la frase de que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. No era nueva: el sociólogo Marcello Truzzi la había usado en los años setenta, y la idea se remonta a David Hume, que en 1748 defendió que la creencia debe ajustarse a las pruebas, y a Laplace. Cuanto más cambia una afirmación lo que sabemos del mundo, más alto está el listón.

Hay una regla más. No se puede demostrar que nunca nos hayan visitado, igual que no se puede demostrar que no exista un animal desconocido en algún rincón del planeta. La carga de la prueba recae en quien afirma.

Las cuentas de Drake y la pregunta de Fermi

En noviembre de 1961, el radioastrónomo Frank Drake reunió a un pequeño grupo de científicos en el observatorio de Green Bank, en Virginia Occidental, para hablar de la búsqueda de señales de otras civilizaciones. Para ordenar la discusión escribió una ecuación que multiplica factores: cuántas estrellas nacen en la galaxia, cuántas tienen planetas, cuántos de esos planetas podrían albergar vida, en cuántos aparece, en cuántos se vuelve inteligente, cuántas civilizaciones emiten señales y cuánto tiempo duran.

Los primeros factores se conocen hoy mucho mejor que entonces: ya hay más de cinco mil planetas confirmados fuera del sistema solar. Los últimos siguen siendo una incógnita, y según los números que se elijan el resultado va de casi cero a millones. La ecuación sirve para pensar, no para dar una cifra.

La otra cara la puso Enrico Fermi en el verano de 1950, en Los Álamos. Comiendo con Emil Konopinski, Edward Teller y Herbert York, después de bromear sobre platillos volantes, preguntó algo así como «¿dónde está todo el mundo?». Si la galaxia es tan vieja y las civilizaciones son comunes, alguna ya debería haberla recorrido. Las respuestas propuestas van desde que la vida inteligente es rarísima hasta que las distancias lo impiden o que nadie tiene interés en viajar. Y las distancias son enormes: la estrella más cercana, Próxima Centauri, está a 4,24 años luz, y la sonda Voyager 1, que avanza a unos 17 kilómetros por segundo, tardaría unos 75.000 años en recorrer esa distancia.

Dicho esto, conviene separar dos preguntas. Que exista vida en otros planetas es un asunto científico serio, que estudian la astrobiología y los programas de búsqueda de señales. Que esa vida nos esté visitando ahora es otra afirmación, y necesita sus propias pruebas.

Otras explicaciones sobre la mesa

La mayoría de los avistamientos acaban teniendo una explicación corriente: planetas, aviones, satélites, globos, drones. Una parte se debió a aparatos secretos. Según un estudio histórico de la CIA publicado en 1997, antiguos responsables de los aviones espía U-2 y OXCART calculaban que más de la mitad de los avisos de finales de los cincuenta y de los sesenta se debían a sus vuelos.

Otros investigadores buscaron por caminos distintos. En Passport to Magonia (1969), el francés Jacques Vallée comparó los relatos de ovnis con los de hadas, duendes y apariciones de otras épocas, y propuso que el fenómeno no tenía por qué venir del espacio. En 1977, su compatriota Michel Monnerie dio forma a la llamada hipótesis psicosocial: la mayoría de los casos serían confusiones, errores de interpretación y recuerdos moldeados por la cultura de cada época. Hay también quien apunta a fenómenos naturales todavía mal conocidos.

Las revisiones oficiales más recientes no cambiaron el panorama. El grupo independiente que convocó la NASA concluyó en septiembre de 2023 que no había pruebas de un origen extraterrestre, y en marzo de 2024 la oficina del Pentágono que estudia estos fenómenos dijo no haber encontrado pruebas empíricas de tecnología de otros mundos.

Cuatro comprobaciones ante cualquier caso

  • Busca algo que se pueda tocar, medir o analizar en un laboratorio independiente: los testimonios solos no bastan.
  • Mira si lo registraron por separado varios testigos o instrumentos, con la misma hora y el mismo lugar.
  • Comprueba que se descartaron antes los aviones, satélites, planetas, globos y drones de esa noche.
  • Averigua quién lo cuenta y de dónde lo saca: del testigo directo o de la tercera versión de un libro.

Al fin y al cabo, pedir buenas pruebas no es cerrar la puerta a nada: es la única manera de abrirla bien. Para ver cómo empezó todo, lee la historia de los ovnis desde Kenneth Arnold; para saber qué opinaron unos científicos sobre las mejores pruebas físicas, el panel Sturrock de 1997, y para un caso con radar, los ovnis de Washington en 1952. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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