El panel Sturrock: nueve científicos ante las pruebas físicas de los ovnis
Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026
En el otoño de 1997, nueve científicos se sentaron a escuchar a los investigadores de ovnis más serios que se pudieron reunir y a examinar sus mejores pruebas físicas. El resultado se conoce como el panel Sturrock. No avaló la existencia de naves extraterrestres, como se ha repetido a veces, pero tampoco cerró la puerta: dijo que algunos casos merecían estudio científico.
Quién lo convocó y por qué
La iniciativa partió de Laurance S. Rockefeller, filántropo y presidente del fondo LSR, que en diciembre de 1996 invitó a Peter Sturrock a hablar del asunto. Sturrock, profesor de física aplicada en la Universidad de Stanford, llevaba años defendiendo que la ciencia debía ocuparse del tema. Los dos coincidieron en que el estado de la cuestión era de ignorancia y confusión, y en que solo se saldría de ahí si más científicos se interesaban por él.
El contexto pesaba. En 1968, el informe Condon, fruto de un estudio de dos años de la Universidad de Colorado pagado por la Fuerza Aérea, había concluido que seguir estudiando los ovnis no haría avanzar la ciencia. Desde entonces no se había hecho ninguna revisión científica independiente. La Sociedad para la Exploración Científica, que Sturrock había ayudado a fundar, se encargó de la parte administrativa.
Pocantico, otoño de 1997
El taller se celebró en el centro de conferencias de Pocantico, en Tarrytown, a unos cincuenta kilómetros al norte de Nueva York, entre el 29 de septiembre y el 4 de octubre de 1997. El panel volvió a reunirse a puerta cerrada en San Francisco del 28 al 30 de noviembre.
Lo formaban nueve científicos de Estados Unidos, Francia y Alemania, con mucho prestigio y poca experiencia en ovnis. Lo presidían Von R. Eshleman, profesor emérito de ingeniería eléctrica en Stanford, y Thomas E. Holzer, del Observatorio de Gran Altitud de Boulder. Con ellos estaban Randy Jokipii y Jay Melosh, de la Universidad de Arizona; François Louange, especialista francés en análisis de imágenes; James Papike, del Instituto de Meteorítica de Nuevo México; Guenther Reitz, del Centro Aeroespacial Alemán; Charles Tolbert, de la Universidad de Virginia, y Bernard Veyret, del laboratorio de bioelectromagnetismo de Burdeos.
Delante tenían a ocho investigadores: Richard Haines (fotografías y aviones), Illobrand von Ludwiger (radar), Mark Rodeghier (coches), John Schuessler (lesiones en testigos), Erling Strand (las luces del valle noruego de Hessdalen), Michael Swords (efectos inerciales), Jacques Vallée (energía y materiales) y Jean-Jacques Velasco, responsable del servicio de ovnis de la agencia espacial francesa, el CNES. Sturrock eligió a propósito a científicos cuyo sesgo fuera el contrario al de los investigadores. El primer día fue tenso, y el panel se quejó de presentaciones flojas.
Trans-en-Provence, el caso estrella
Uno de los casos que más atención recibió lo presentó Velasco. El 8 de enero de 1981, hacia las cinco de la tarde, Renato Nicolaï trabajaba en su jardín de Trans-en-Provence, en el sur de Francia, cuando oyó un silbido grave. Vio un objeto ovoide que se posó en una terraza al fondo de la finca y que, en menos de un minuto, volvió a elevarse y se fue.
Al día siguiente llegaron los gendarmes de Draguignan y tomaron muestras de tierra y plantas siguiendo el protocolo del GEPAN, el servicio francés. Encontraron dos círculos concéntricos de 2,2 y 2,4 metros, con estrías negras en dos tramos opuestos. Los análisis mostraron un suelo compactado en una costra de unos milímetros, sin restos de combustión ni signos de un calentamiento fuerte. Velasco calculó que hacía falta un objeto parado de unos 700 kilos, o uno más ligero en movimiento. El bioquímico Michel Bounias, del instituto agronómico francés, describió alteraciones en los pigmentos de la alfalfa que variaban con la distancia a la huella, y se planteó que una radiación de microondas intensa podía explicar parte de ellas.
El panel lo encontró intrigante, pero puso pegas. Había un solo testigo. La huella podía no tener relación con lo visto, o ser obra de algo tan corriente como un barril de agua metálico, o una broma. Propuso reproducir marcas con objetos conocidos y compararlas. Algunos escépticos franceses han defendido después que eran rodadas de un vehículo.
Radar, quemaduras y luces que vuelven
El panel revisó también un caso de enero de 1994, al sureste de París, en el que la tripulación de un avión comercial vio un disco enorme que el radar militar siguió durante unos cincuenta segundos. Escuchó a Schuessler sobre testigos con quemaduras o sensación de calor y, por prudencia, pidió a los médicos que prestaran atención a esos casos. Y repasó las mediciones de Hessdalen, donde unas luces aparecen una y otra vez en el mismo valle.
Lo que concluyeron
El informe se publicó el 29 de junio de 1998 en el Journal of Scientific Exploration. Sus conclusiones fueron prudentes.
Ninguna de las pruebas convenció al panel de que hubiera procesos físicos desconocidos o una inteligencia extraterrestre detrás. Algunos casos podían deberse a fenómenos raros, como los destellos eléctricos sobre las tormentas o las anomalías del radar, y otros a actividades militares secretas. La mayoría de las investigaciones no alcanzaban el rigor habitual en ciencia.
Aun así, el panel vio sentido en estudiar los casos con datos nuevos, recogidos con método, mejor si son fenómenos que se repiten. Puso como modelo el servicio francés, el GEPAN, más tarde SEPRA, y matizó a Condon: estaba de acuerdo en que el estudio de los ovnis no había aportado nada a la ciencia, pero creía que las técnicas modernas daban más opciones que en los años sesenta.
Titulares que dicen más que el informe
El de «científicos avalan la existencia de los ovnis» acompañó al panel durante años, y no es lo que dijo. Su mensaje fue más modesto y más útil: que algunos relatos llegan con indicios físicos que merecen examen y que la ciencia debería mirarlos sin prejuicios. Dicho esto, entre «merece estudio» y «está demostrado» hay un trecho enorme.
Cuando una noticia diga que unos científicos confirman algo, busca el informe original y lee sus conclusiones con sus propias palabras. Fíjate en quién lo pagó, quién lo revisó y qué pruebas se examinaron. ¿Te parece mucho trabajo? Con el panel Sturrock basta con leer el resumen que firmaron sus nueve miembros para ver la diferencia.
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Texto de la Redacción de Leotarot.com.