El magnesio de Ubatuba: medio siglo de análisis y lo que concluyeron

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

En septiembre de 1957, un columnista de O Globo, en Río de Janeiro, publicó la carta de un lector que decía haber visto estallar un disco volador frente a la playa de Ubatuba, y adjuntaba unos trozos de metal gris. Aquellos fragmentos de magnesio pasaron después por una docena de laboratorios de Brasil, Estados Unidos, Canadá y Francia. Esta es la historia de esos análisis y de lo que de verdad dijeron.

El mito del magnesio sin impurezas

El primer análisis lo encargó en Brasil, a finales de ese mismo mes, el médico Olavo Fontes, que se había hecho con las muestras. El espectrógrafo del laboratorio oficial no detectó ningún otro elemento, y de ahí nació la idea, repetida durante décadas, de un magnesio absolutamente puro, imposible de fabricar en la Tierra. El problema es que aquel aparato no podía ver impurezas por debajo de cierto nivel. No haberlas visto no quería decir que no estuvieran.

A finales de 1957, Fontes entregó lo que quedaba a la organización estadounidense APRO, que dirigían Coral y Jim Lorenzen. En septiembre de 1958, unos químicos del laboratorio nacional de Oak Ridge analizaron un trozo de manera informal: magnesio del 99,8 %, con hierro, silicio y aluminio en cantidades pequeñas pero medibles, y grietas que indicaban que el metal se había oxidado a alta temperatura. Para ellos podía ser de fabricación humana. En diciembre de 1961, la Dow Chemical, el gran productor de magnesio de la época, encontró calcio, estroncio y bario.

El Proyecto Colorado y el estroncio

En febrero de 1968, el Proyecto Colorado, el estudio de los ovnis que dirigía Edward Condon para la Fuerza Aérea, encargó al químico Roy Craig que examinara una de las muestras. El laboratorio de la oficina federal de alcohol y tabaco usó la activación neutrónica, que detecta cantidades minúsculas, y encontró estroncio, bario y cinc en cientos de partes por millón. La muestra era menos pura que un magnesio sublimado tres veces que la Dow le facilitó para comparar.

Condon escribió en su resumen que era mucho menos pura que el magnesio comercial de 1957, y por tanto no hacía falta buscarle un origen extraterrestre. Años después, el físico Peter Sturrock señaló que la comparación no era exacta, porque la muestra de la Dow no era metal comercial corriente. Lo que sí desconcertó a los expertos fue el estroncio: no aparece en la fabricación normal del magnesio, y en la Dow no conocían a nadie que lo añadiera.

El proyecto también intentó medir los isótopos del magnesio, y se equivocó. El laboratorio dio un valor del magnesio 26 muy alejado del terrestre, Craig escribió que no se apartaba de lo normal, y el cálculo, por si fuera poco, usó el peso de la muestra equivocada. El primer error salió a la luz en 2008, cuando el investigador Michael Swords revisó los papeles de Craig; el segundo lo detectó Brad Sparks en 2018.

Sturrock y los isótopos

Los Lorenzen cedieron las muestras a Sturrock en 1987. Para entonces ya nadie sabía cuál era cada trozo, y alguno se había perdido: el que analizó en 1979 un metalúrgico del Instituto Tecnológico de Massachusetts acabó en manos de un visitante que nadie logró identificar.

Sturrock encargó análisis en París y en laboratorios comerciales de California y de Vancouver. En 1986, la Universidad Pierre y Marie Curie halló que los isótopos del magnesio apenas se apartaban de lo normal en la Tierra. En 1997, la espectrometría de masas con láser encontró calcio en miles de partes por millón, y estroncio y bario en cientos. Su conclusión, publicada en 2001 en el Journal of Scientific Exploration, fue tajante: las muestras no eran tan puras como el magnesio fácil de conseguir en los años cincuenta, las pequeñas diferencias isotópicas podían deberse al calor, y no había pruebas de un origen extraterrestre. Su origen, eso sí, seguía siendo un misterio.

Los últimos análisis, entre 2017 y 2018

El último intento lo hicieron Robert Powell, Michael Swords, Mark Rodeghier y Phyllis Budinger con un trozo cedido por Sturrock. Las universidades a las que pidieron ayuda se echaron atrás al saber de dónde venía, así que recurrieron a dos laboratorios comerciales de Austin y de Cleveland.

Los isótopos del magnesio cayeron dentro de los valores terrestres. Los de los elementos traza dieron resultados distintos en cada laboratorio, de modo que no se pudo concluir nada. El artículo, publicado en 2022, resume así medio siglo de pruebas: magnesio del 99,88 %, con estroncio, bario, cinc y cobre. Y deja una sola rareza en pie. ¿Cómo llegó a una redacción de Río, en 1957, un magnesio tan limpio con estroncio añadido a propósito?

Señales de un análisis serio

  1. Sigue la pista de la muestra. Quién la recogió, quién la guardó y por qué manos pasó. En Ubatuba nadie sabe quién escribió la carta, y los trozos perdieron su identidad por el camino.
  2. Pide el informe completo. Con el método, el instrumento, los límites de detección y el margen de error. Un «no se detectó nada» con un aparato poco sensible no prueba pureza, y una cifra sin error no se puede comparar.
  3. Compara con lo terrestre. Un dato raro, como el estroncio, merece estudio, pero solo apunta a otro mundo si nada de este lo explica, y los isótopos dijeron que era magnesio de aquí.

Hay otros restos famosos que se estudiaron con lupa, como los del caso Roswell y su supuesta colisión de 1947, y otros casos brasileños de aquel mismo año, como el de Antonio Villas Boas, que también investigó Fontes. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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