Ecos de radar sobre la Casa Blanca: los ovnis de Washington en 1952

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Dos sábados seguidos de julio de 1952, los radares que vigilaban el cielo de Washington siguieron ecos que nadie supo identificar, algunos sobre la zona prohibida de la Casa Blanca y el Capitolio. Hubo luces, cazas a reacción y titulares en todo el país. Esto es lo que pasó y lo que se concluyó después.

La noche del 19 de julio

A las 11.40 de la noche del sábado 19, Edward Nugent, controlador del centro de rutas aéreas del aeropuerto Nacional de Washington, vio aparecer siete ecos cerca de la base aérea de Andrews. No había ningún vuelo previsto allí. Avanzaban despacio, a entre 160 y 210 kilómetros por hora, y de pronto alguno salía disparado de la pantalla. Su jefe, Harry Barnes, hizo revisar el radar: funcionaba bien. El de la torre del aeropuerto y el de Andrews también tenían los ecos, que esa noche cruzaron las zonas de vuelo prohibido sobre la Casa Blanca y el Capitolio.

Hubo testigos en el aire. Poco después de medianoche, el piloto de un avión de Capital Airlines vio una luz donde el radar marcaba un eco, y en los catorce minutos siguientes contó seis más. Más tarde, en la torre de Andrews dijeron ver una gran esfera anaranjada sobre su radiofaro.

Los controladores pidieron cazas, que tardaron horas. Cuando los F-94 llegaron de madrugada desde la base de New Castle, en Delaware, ya no había nada en las pantallas.

Una semana después

El sábado 26, hacia las diez y media de la noche, los mismos controladores volvieron a ver ecos lentos, repartidos en arco entre Herndon, en Virginia, y Andrews. Esta vez había testigos oficiales en la sala: el mayor Dewey Fournet, enlace del Pentágono con el Libro Azul, y el teniente John Holcomb, especialista en electrónica de la Marina. A los periodistas les pidieron que salieran antes de que llegaran los cazas.

Hacia medianoche despegaron dos F-94. Cuando llegaron, los ecos desaparecieron; cuando se fueron, volvieron. Con la segunda pareja, ya de madrugada, los ecos se quedaron. El teniente William Patterson persiguió varias luces brillantes y contó luego a la prensa que, a su velocidad máxima, no conseguía acercarse.

El martes 29 por la mañana, el ayudante aéreo del presidente Truman llamó a los servicios de inteligencia para saber qué pasaba. Edward Ruppelt, el capitán que dirigía el Proyecto Libro Azul, le contestó que podía ser cosa del tiempo, pero que no tenían pruebas.

La rueda de prensa del general Samford

Esa tarde, a las cuatro, el general John A. Samford, director de inteligencia de la Fuerza Aérea, dio en el Pentágono la rueda de prensa más larga y concurrida de la institución desde la Segunda Guerra Mundial. Su mensaje fue que las luces podían ser estrellas o meteoros, y los ecos de radar, efecto de las inversiones de temperatura. No había amenaza. Admitió, eso sí, que una parte de los informes venía de «observadores creíbles de cosas relativamente increíbles».

Al día siguiente, los periódicos titularon que la Fuerza Aérea reducía los platillos a fenómenos naturales.

Una inversión térmica se produce cuando una capa de aire cálido queda encima de otra más fría, al revés de lo normal. Esa frontera curva el haz del radar hacia el suelo, que devuelve ecos de edificios, vehículos o barcos, y como las capas se desplazan con el viento, los ecos parecen moverse.

Lo que apareció al mirar con calma

Ruppelt tardó cerca de un año en reunir los detalles. Los operadores de la torre de Andrews cambiaron su versión: la esfera naranja era una estrella. Uno de los pilotos de los cazas escribió en su informe oficial que solo había visto una luz del suelo reflejada en la bruma. Un piloto de línea contó que, una noche, el radar le guio hacia un eco que resultó ser un barco de excursión que bajaba por el Potomac hacia Mount Vernon. Y solo una vez captaron los tres radares el mismo blanco a la vez.

También había datos en contra. Casi todas las noches de aquel verano hubo inversión en Washington, y los ecos lentos solo aparecieron unas pocas; según las mediciones de Ruppelt, ninguna era tan fuerte como para engañar así al radar. En su libro de 1956 escribió que los dos casos seguían archivados como no identificados.

Los estudios técnicos se inclinaron por el tiempo. Un análisis de la Administración de Aeronáutica Civil, publicado en 1953, observó en agosto de 1952 ecos muy parecidos que aparecían con la inversión y se movían con el viento. En 1969, el informe Condon concluyó que lo más probable era una propagación anómala de las ondas del radar, y que las luces fueron, salvo una o dos, meteoros y estrellas que titilaban.

Después de Washington: el panel Robertson

Aquel verano trajo una oleada: en esos meses, el Proyecto Libro Azul recibió más de setecientos informes nuevos, más que en los cuatro años anteriores juntos. A la CIA le preocupaba, entre otras cosas, que tanto aviso pudiera saturar las comunicaciones militares en una crisis.

Su Oficina de Inteligencia Científica reunió del 14 al 18 de enero de 1953 a un grupo de científicos presidido por el físico Howard P. Robertson, con nombres como Luis Alvarez y Samuel Goudsmit. Concluyeron por unanimidad que no había pruebas de una amenaza directa y recomendaron quitar interés al asunto con campañas en la prensa, el cine y la televisión, y vigilar a los grupos civiles de aficionados. El informe era secreto; se conoció un resumen en 1958 y una versión casi completa en 1966.

Dos noches de radar y una lección

Ruppelt sacó su propia lección: buena parte del revuelo vino de que la Fuerza Aérea no salió a buscar respuestas a tiempo, y el silencio hizo el resto. ¿Fue un engaño del radar, un fallo de comunicación o algo más? Con lo que se investigó, la explicación del tiempo es la más sólida, aunque nunca convenció a todos los controladores.

Cuando leas un caso de ovnis con radar, busca la hora exacta de cada eco y de cada luz, cuántos radares lo vieron a la vez y qué tiempo hacía. Un eco y una luz en la misma zona no son por fuerza la misma cosa.

Repasa la historia de los ovnis desde Kenneth Arnold, los casos con radar y huellas que más se estudian y lo que dijo en 1997 el panel Sturrock sobre las pruebas físicas. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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