Fotos de ovnis: cómo se analizan y qué suele haber detrás

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Hay más cámaras que nunca apuntando al cielo y, aun así, ninguna foto ha convencido a la comunidad científica de que nos visiten naves de otro mundo. La mayoría de las imágenes de supuestos ovnis tienen una explicación corriente. Conocer las más habituales ayuda a mirar cualquier foto con otros ojos.

Primero, el archivo y su historia

Antes de fijarse en la mancha de luz, quien analiza una foto la trata como un documento. Pide el archivo original, no una captura de pantalla ni la copia reenviada por una aplicación de mensajería, que comprime la imagen y suele borrar sus datos internos. Esos datos, los metadatos, guardan la fecha, la hora, el modelo de cámara, el tiempo de exposición y a veces el lugar.

Luego viene la historia de la foto. ¿El testigo vio el objeto con sus propios ojos o apareció después, al revisar las imágenes? Muchos «ovnis» no los vio nadie en el momento: son cosas que la cámara registró y el ojo no. También se comprueba si la imagen ya circulaba antes, con otra fecha o en otro país. Y conviene recordar que los móviles combinan varias tomas y retocan la imagen por su cuenta, lo que puede inventar detalles o borrarlos.

Lo que fabrica la propia cámara

Una parte de los ovnis nace dentro del objetivo. Cuando hay una luz fuerte en el encuadre o cerca de él, como el sol o una farola, los reflejos entre las lentes dibujan círculos, manchas o polígonos de colores. Son los destellos de lente, y tienen una firma: suelen quedar en línea con la fuente de luz y el centro de la foto, y cambian de sitio si se mueve la cámara.

Las fotos hechas a través de una ventanilla tienen otra trampa, porque el reflejo de una lámpara del interior parece flotar fuera, sobre el paisaje. Con flash, el polvo, el polen o las gotas de lluvia cercanas se convierten en esferas translúcidas, los famosos orbes.

Los insectos que cruzan muy deprisa delante de la cámara quedan estirados por el movimiento. En los años noventa se habló mucho de unas «varillas voladoras» que aparecían en los vídeos; un documental de la televisión china de 2005 las atrapó con redes, y eran polillas.

Lo que de verdad estaba en el cielo

Otras veces el objeto existía, solo que era corriente. Venus y Júpiter brillan tanto que, cerca del horizonte, parecen enormes y quietos. La Estación Espacial Internacional cruza el cielo en pocos minutos como una estrella que avanza, y desde 2019 los satélites Starlink recién lanzados forman hileras de luces que han provocado oleadas de avisos. A eso se suman los aviones que vienen de frente con los faros encendidos, los helicópteros, los drones, los globos meteorológicos, los farolillos de papel y las nubes lenticulares, con su forma de disco.

Dos casos clásicos lo muestran bien. En julio de 1952, un militar de la Marina filmó cerca de Tremonton, en Utah, unos puntos brillantes. Los analistas de la Marina dedicaron más de mil horas a la película y concluyeron que no eran aviones, animales ni fenómenos meteorológicos conocidos; el panel Robertson, en 1953, se inclinó por unas aves que reflejaban el sol.

El 13 de marzo de 1997, miles de personas vieron luces sobre Phoenix, en Arizona. Las de las diez de la noche, que formaban un arco y se apagaban una tras otra, eran bengalas de iluminación lanzadas por aviones A-10 de la Guardia Nacional Aérea de Maryland sobre un campo de tiro. Unas montañas que de noche no se veían las tapaban según el ángulo, y eso creaba el efecto.

Montajes: de la maqueta al programa de edición

Luego están los engaños. Durante décadas bastaron una maqueta colgada de un hilo, un tapacubos lanzado al aire o una doble exposición. El caso más sonado de Europa es el de la foto de Petit-Rechain, en Bélgica: un triángulo oscuro con tres focos, de abril de 1990, en plena oleada belga de avistamientos. Se estudió durante años y se publicó en medio mundo. En 2011, su autor confesó en la televisión RTL-TVI que era un panel de poliestireno pintado con tres luces pegadas.

Los programas de edición y las imágenes generadas con inteligencia artificial lo ponen ahora más fácil. Los analistas comparan la luz y las sombras del objeto con las del resto de la escena, el enfoque, el grano y los bordes, y buscan zonas que no encajen. Ninguna prueba da una certeza total, eso sí. Por eso una foto sin original, sin testigos y sin datos vale poco, por espectacular que sea.

Revisa tu propia foto en cuatro pasos

  1. Apunta la hora y el lugar exactos. Con esos datos puedes comprobar en un programa de planetario qué planetas y satélites había en esa parte del cielo, y en una aplicación de seguimiento de vuelos qué aviones pasaban.
  2. Guarda el archivo original. No lo edites ni lo mandes solo por mensajería: trabaja con una copia y conserva la primera con sus metadatos.
  3. Busca la fuente de luz. Mira si había sol, farolas o focos cerca del encuadre y repite la foto moviendo un poco la cámara: un destello de lente se desplaza respecto al paisaje, y un objeto real no.
  4. Pide una segunda opinión. Enséñala con todos sus datos a alguien que sepa de astronomía o de fotografía, o a un grupo de investigación serio.

Hay casos famosos en los que la imagen fue la gran protagonista, como el del primer contacto del tercer tipo, en el desierto de California en 1952, o el vídeo del extraterrestre de Reed y su análisis. También puedes ver qué casos ovni se consideran más interesantes de estudiar. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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