La magia en el mundo de las cruzadas: una lanza, una ordalía, los asesinos y el Picatrix

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Las cruzadas fueron guerras de fe, y en ellas la frontera entre religión y magia era más fina de lo que solemos pensar. Hubo una reliquia que decidió una batalla, una prueba de fuego para saber quién decía la verdad y una secta convertida en leyenda. De fondo, la astrología y la magia árabes empezaban a llegar a Europa.

Un cronista en primera fila

Muchos episodios sobrenaturales de la primera cruzada (1096-1099) los conocemos por Raimundo de Aguilers. No era un caballero, sino un clérigo: canónigo de la catedral de Le Puy y capellán del conde Raimundo de Tolosa, se ordenó sacerdote durante el asedio de Antioquía. Escribió su Historia de los francos que tomaron Jerusalén con el caballero Ponce de Balazun, que murió antes de llegar a la ciudad santa.

Raimundo cuenta que en los últimos días del asedio de Jerusalén, en julio de 1099, dos mujeres intentaron embrujar desde la muralla una catapulta cruzada, hasta que una piedra las alcanzó. Leído hoy, el pasaje dice más del cronista que de la magia: en aquella guerra, cada bando veía lo sobrenatural de su parte.

La lanza de Antioquía

Antioquía cayó en manos cruzadas el 3 de junio de 1098, pero pocos días después llegó el ejército de Kerbogha, el gobernador de Mosul, y los sitiadores pasaron a estar sitiados y hambrientos. Un hombre humilde del ejército provenzal, Pedro Bartolomé, aseguró entonces que san Andrés se le había aparecido varias veces para revelarle dónde estaba enterrada la lanza que hirió a Cristo en la cruz.

A mediados de junio se cavó en la catedral de San Pedro, y Pedro sacó del hoyo una punta de hierro. Raimundo de Aguilers estaba entre quienes excavaban. El legado del papa, el obispo Ademar de Le Puy, desconfió desde el principio, pero el hallazgo levantó la moral. El 28 de junio de 1098, los cruzados salieron de la ciudad con el propio Raimundo llevando la lanza por delante y derrotaron a Kerbogha. Muchos atribuyeron la victoria a la reliquia.

No era la única lanza sagrada. Constantinopla tenía otra, y hoy se conservan piezas con esa fama en Viena (un hierro que los análisis datan hacia el siglo VIII), en Roma y en Echmiadzin, en Armenia.

Una prueba de fuego

Con los meses, las dudas crecieron. Pedro se ofreció a demostrar su verdad con una ordalía, el llamado juicio de Dios. El Viernes Santo, 8 de abril de 1099, mientras el ejército avanzaba hacia Jerusalén, recorrió vestido solo con una túnica, y con la lanza en las manos, un pasillo estrecho entre dos hogueras.

Salió del fuego, según unos ileso y según otros con graves quemaduras, y la multitud se le echó encima para tocarlo. Murió doce días después, el 20 de abril. Raimundo, su gran defensor, tuvo que admitir que el resultado no había sido claro, y la lanza perdió buena parte de su prestigio.

Las ordalías formaban parte de la justicia de la época: se creía que Dios protegería al inocente del hierro candente o del agua. En 1215, el cuarto concilio de Letrán prohibió a los clérigos bendecirlas, y sin esa bendición fueron desapareciendo poco a poco.

Los asesinos: lo que se contó y lo que se sabe

Las crónicas de las cruzadas hablan también del Viejo de la Montaña y de sus «asesinos». Eran los nizaríes, una rama del ismailismo chií. Su fundador, Hasan-i Sabbah, se hizo en 1090 con la fortaleza de Alamut, en el norte de Persia, y desde sus castillos la orden practicó durante casi dos siglos el asesinato selectivo de gobernantes, musulmanes y cristianos. Una de sus víctimas fue Conrado de Montferrato, recién elegido rey de Jerusalén, al que unos hombres disfrazados de monjes mataron en Tiro en abril de 1192.

¿De dónde salió, entonces, la imagen del fanático drogado? La contaron sus enemigos y los viajeros. En el siglo XIII, Marco Polo escribió que el jefe drogaba con hachís a los jóvenes y los despertaba en un jardín lleno de delicias para hacerles creer que habían estado en el paraíso. Otra historia, la del salto de fe, asegura que un señor cruzado vio a un fiel arrojarse desde una torre a una simple señal de su jefe.

El historiador Farhad Daftary, autor de The Assassin Legends, concluyó que ninguna fuente ismailí respalda lo del hachís. El apodo de hashishiyya era un insulto que les daban otros musulmanes, algo así como «chusma», y de él viene nuestra palabra «asesino». Los mongoles tomaron Alamut en 1256.

Astros y talismanes que cruzaron a Europa

La magia culta que de verdad cambió Europa no llegó tanto por Tierra Santa como por la península ibérica. En el siglo XII, Juan de Sevilla (hacia 1133) y Hermann de Carintia (en 1140) tradujeron al latín la Gran introducción a la astrología de Abu Ma'shar, el Albumasar de los latinos, un astrólogo de Bagdad del siglo IX.

Un siglo después, Alfonso X el Sabio mandó traducir al castellano, entre 1256 y 1258, un libro árabe de magia astral, el Gayat al-hakim, «el fin del sabio». Escrito probablemente a mediados del siglo XI, se atribuyó durante mucho tiempo al astrónomo andalusí Maslama al-Mayriti, aunque hoy se duda de que sea suyo. De la versión castellana salió una latina con el nombre que lo hizo famoso: Picatrix.

Sus cuatro libros enseñan a fabricar talismanes según la posición de los planetas y las mansiones de la Luna, e incluyen oraciones a cada planeta heredadas de tradiciones helenísticas. Circuló durante siglos en manuscritos y pesó en la magia del Renacimiento, de Marsilio Ficino a Tommaso Campanella.

Aquellas leyendas, vistas desde hoy

Leer estas historias tiene su método. Antes de creer una crónica, mira quién la escribió y qué defendía: Raimundo de Aguilers necesitaba que la lanza fuera auténtica, y lo del hachís lo contaron los enemigos de los nizaríes. Y desconfía de las reliquias repetidas, porque varias ciudades presumían de tener la misma lanza.

La magia de aquella época, al fin y al cabo, era también una manera de entender el mundo, y los libros árabes que mandó traducir Alfonso X se leyeron como saber serio durante siglos.

Para conocer a los monjes guerreros de aquellas mismas cruzadas, lee cómo se organizaban los templarios y qué hay de cierto en sus leyendas. Si te interesa la magia culta que vino después, el lenguaje enoquiano de John Dee es un buen ejemplo. Tienes más en la sección de rituales y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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