Trabajar con los santos: cómo se honra a los orichas en la santería
Leo · Publicado el 8 de octubre de 2026
En la santería cubana, honrar a un oricha es una relación de todos los días, con sus colores, sus días, sus ofrendas y un santo católico con el que se le identifica. Nadie la aprende solo: para eso están el padrino y la madrina.
Un santo en la iglesia, un oricha en casa
Los lucumíes, como se llamó en Cuba a los yorubas llevados a la isla como esclavos, siguieron venerando a sus orichas bajo la imagen de los santos católicos. Con el tiempo, las parejas quedaron fijadas. Changó se identificó con Santa Bárbara, porque los dos visten de rojo. Ochún, con la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Yemayá, con la Virgen de Regla; Obatalá, con la Virgen de las Mercedes; Babalú Ayé, con San Lázaro, y Elegguá, según la casa, con el Santo Niño de Atocha, San Antonio de Padua o el Ánima Sola.
Por eso las fiestas de esos santos son también las de sus orichas. El 7 de septiembre se celebra la Virgen de Regla; el 8, la Caridad; el 24, las Mercedes; el 4 de diciembre, Santa Bárbara, y el 17, San Lázaro, cuando miles de devotos vestidos de morado caminan hasta su santuario de El Rincón, en las afueras de Santiago de las Vegas, cerca de La Habana.
La etnógrafa cubana Lydia Cabrera retrató esa doble devoción en El monte (1954), que sigue siendo una lectura de referencia. Qué es exactamente un oricha y de dónde viene la palabra está en qué son los orixás u orishas.
Colores, números y días
Cada oricha se reconoce por sus colores, que se repiten en sus collares, en sus telas y en las velas de su altar. Elegguá lleva rojo y negro; Obatalá, blanco; Changó, rojo y blanco; Yemayá, azul con algo de blanco; Ochún, amarillo; Oggún, verde y negro, y Babalú Ayé, morado y tela de saco.
También tienen sus números. El 3 es de Elegguá, el 5 de Ochún, el 7 de Yemayá y el 8 de Obatalá.
La verdad es que los días cambian algo de una casa a otra. En muchas, el lunes se atiende a Elegguá y a los guerreros; el sábado es de Yemayá, y el jueves y el domingo, de Obatalá. Cuál es el tuyo te lo dirá tu casa.
Lo que se ofrece
La palabra que más se oye es ebó, la ofrenda. Las más sencillas son flores, frutas, dulces y bebidas, y cada oricha tiene sus gustos. A Yemayá se le lleva melón de agua, melado de caña y rosas blancas. A Ochún, miel y calabaza. A Obatalá, cosas blancas como el arroz con leche, el merengue, la cascarilla o el algodón. Changó recibe plátanos y amalá, un plato de harina de maíz con quimbombó, y Babalú Ayé, maíz tostado, granos, pan y vino seco.
A los guerreros se les sopla aguardiente o ron y humo de tabaco, y a Elegguá le gustan el café amargo, los dulces y los caramelos. En las ceremonias mayores hay también ofrendas de animales, que corresponden a los sacerdotes y que aquí no se describen.
¿Hace falta ser santero para llevarle una flor amarilla a la Caridad? No. Muchos devotos nunca se inician, y aun así cuidan a sus orichas con respeto. Lo que no se hace por cuenta propia es lo que la religión reserva a sus sacerdotes.
El padrino y la madrina
En la santería nadie entra solo. Quien se acerca a una casa de santo, o ilé, lo hace de la mano de un padrino o de una madrina, un santero o una santera ya iniciados, y pasa a ser su ahijado o su ahijada. El vínculo dura toda la vida, y la casa se convierte en una familia religiosa con sus mayores y sus costumbres.
Los primeros pasos suelen ser dos. Uno son los collares, cinco en muchas casas, uno por cada oricha principal: Elegguá, Obatalá, Changó, Yemayá y Ochún. El otro son los guerreros (Elegguá, Oggún, Ochosi y Osun), que en muchas casas entrega un babalawo. Los tres primeros suelen vivir detrás de la puerta de entrada; Osun, más alto que la cabeza de su dueño.
Si un oricha reclama a la persona, llega la iniciación mayor, el kariocha o asiento. El recién iniciado, el iyawó, pasa su primer año con normas especiales, entre ellas vestir de blanco, y desde entonces celebra cada aniversario como su cumpleaños de santo. En todo ese camino, el padrino o la madrina enseña, corrige y acompaña. Cómo se organiza el sacerdocio lo cuenta sacerdocio y ritual en el culto lucumí.
Pequeños gestos de respeto para empezar
- Pregunta a tu padrino o a tu madrina antes de montar un altar o de ofrecer algo nuevo: cada casa tiene sus normas.
- Empieza por lo sencillo, una flor o una fruta del color del oricha, y cuida la constancia más que la cantidad.
- Desconfía de quien venda collares o guerreros por correo, cobre por «trabajos» contra otra persona o prometa resultados.
Al fin y al cabo, la santería es una religión y no un servicio por encargo. Para conocer el sentido de cada collar, lee los collares de la santería; hay más en la sección de santería y en el tarot temático.
Texto de Leo.