Anomalías lunares: las luces fugaces que los astrónomos persiguen desde hace siglos
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Desde hace siglos, astrónomos de prestigio han visto en la Luna destellos, manchas rojizas y neblinas que duran unos minutos y desaparecen. Se llaman fenómenos lunares transitorios. Las sondas espaciales han ido separando lo que era real de lo que era un engaño del ojo o del telescopio.
Un nombre para lo que no se repite
Un fenómeno lunar transitorio es un cambio pasajero en el aspecto de una zona de la Luna: un punto de luz, un color, una mancha borrosa que no estaba la noche anterior. La expresión la acuñó el astrónomo británico Patrick Moore en un catálogo de la NASA de 1968, firmado con Barbara Middlehurst y otros dos autores, que reunía cerca de seiscientos avisos entre 1540 y 1967.
La astrónoma Winifred Cameron, del centro Goddard de la NASA, publicó en 1978 un catálogo de 1.468 descripciones y, en 2006, un análisis de 2.254 observaciones desde el año 557. Al menos un tercio de los avisos más fiables se concentran en la meseta de Aristarco, alrededor del cráter más brillante de la cara visible.
Los volcanes de Herschel
William Herschel, que había descubierto Urano en 1781, observó la noche del 19 de abril de 1787 tres puntos rojizos en la parte oscura de la Luna, la que solo ilumina la luz que refleja la Tierra. Uno le pareció más brillante que un cometa descubierto días antes. En una carta que se leyó en la Royal Society el 26 de abril, habló de tres volcanes, uno de ellos en erupción.
El astrónomo francés Jérôme Lalande objetó que eran zonas muy claras del suelo iluminadas por la luz terrestre, y la más brillante se identifica con Aristarco, un cráter joven que refleja tanto que se distingue incluso en la parte en sombra. Herschel dejó de escribir sobre erupciones lunares.
Linné y Alphonsus: un cráter que se borró y un espectro discutido
En 1866, el alemán Julius Schmidt, director del observatorio de Atenas y uno de los mejores cartógrafos lunares de su tiempo, anunció que el cráter Linné, en el mar de la Serenidad, había perdido su forma y se veía como una simple mancha blanca. Wilhelm Lohrmann lo había dibujado en 1824 como un cráter de unos 8 kilómetros, y Beer y Mädler, en 1837, de unos 10. La noticia movilizó durante décadas a los observadores de media Europa, con resultados a favor y en contra.
Hoy se sabe que Linné mide algo más de 2 kilómetros, que está rodeado de una mancha clara cuyo aspecto cambia mucho con la iluminación y que quedaba en el límite de lo que distinguía el refractor de Schmidt. No se había borrado nada.
El caso más serio llegó a principios de noviembre de 1958. El astrónomo soviético Nikolái Kozyrev observaba con un espectrógrafo, en el Observatorio Astrofísico de Crimea, el pico central del cráter Alphonsus cuando notó un brillo inusual. La placa de media hora mostró bandas que atribuyó a moléculas de carbono, como las de los cometas, y lo interpretó como gas salido del interior. Otros astrónomos examinaron su placa sin encontrar nada concluyente, y en plena Guerra Fría, con el correo y las llamadas limitados, comprobarlo era difícil. Sigue siendo una observación discutida.
Lo que han visto las sondas
En julio de 1969, ya en órbita lunar, la tripulación del Apolo 11 recibió desde Houston el aviso de que unos astrónomos de Bochum, en Alemania, veían un brillo junto a Aristarco, y Neil Armstrong describió la zona como bastante más iluminada que su entorno.
La sonda Clementine fotografió en 1994 varias zonas donde había avisos de aficionados y no encontró diferencias entre el antes y el después. La Lunar Prospector, entre 1998 y 1999, detectó señales de radón, un gas radiactivo que sale del subsuelo, cerca de Aristarco y del cráter Kepler. Y la Lunar Reconnaissance Orbiter, lanzada en junio de 2009, ha aportado dos respuestas. Sus imágenes en relieve de Linné, presentadas en 2011, muestran un cráter intacto con forma de cono invertido. Y comparando fotos de antes y después ha encontrado cráteres recién hechos: en 2013 localizó el de 18 metros que dejó el destello filmado desde la Tierra el 17 de marzo de ese año en el mar de las Lluvias, causado por una roca de unos 40 kilos, y en 2016 su equipo contó 222 cráteres nuevos en más de 14.000 parejas de imágenes.
¿Qué queda, entonces, de los fenómenos transitorios? Dos cosas reales. Los impactos de meteoroides producen destellos que hoy se vigilan con cámaras, y en algunas zonas escapa gas. Lo demás se explica bien con la turbulencia del aire, los colores que añade el propio telescopio, la luz rasante y las ganas de ver algo. Y la Luna no va a escaparse de repente, como se ha llegado a escribir: los reflectores que dejaron los astronautas del Apolo permiten medir que se aleja unos 3,8 centímetros al año, por el efecto de las mareas.
Mira la Luna con tus propios ojos
- Obsérvala en cuarto creciente o menguante, cuando la luz rasante marca los relieves junto a la línea de sombra, y apunta la fecha, la hora y el instrumento.
- Busca Aristarco con unos prismáticos bien apoyados o un telescopio pequeño, también cuando esté en la parte que solo ilumina la Tierra, y comprueba lo mucho que destaca sin que pase nada raro.
- Cuando veas algo extraño, compáralo con una foto o un atlas de la misma fase y avisa a una asociación astronómica, que podrá cruzarlo con las observaciones de otros.
Eso sí, la paciencia rinde más que el telescopio: muchas noches no pasa nada, y esa también es una observación. La experiencia de quienes la pisaron está en los astronautas que volvieron de la Luna, y lo que se vio desde las naves, en astronautas y ovnis. Tienes más en la sección de sociedad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.