La «frecuencia índigo»: de dónde salen los niños índigo y por qué se critica la idea
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Se llama niños índigo a una supuesta generación de niños con un aura de ese color y unos dones especiales: intuición, sensibilidad, mucha voluntad y poca paciencia con la autoridad. La idea nació en ambientes de la nueva era y se hizo famosa con un libro de 1999. Aquí verás su origen, lo que se les atribuye y por qué psicólogos y especialistas en salud infantil piden prudencia.
Un color en el aura
El término lo acuñó Nancy Ann Tappe, una estadounidense que se presentaba como sinestésica y vidente y que decía percibir el color de la personalidad de cada persona. Según contó, hacia finales de los sesenta o principios de los setenta empezó a ver niños con un color nuevo, el índigo. Lo explicó en Understanding Your Life Thru Color, que circuló en 1982 en una edición encuadernada con espiral y en 1986 como libro de bolsillo.
Todo descansa en la creencia en el aura, un halo de luz y color que rodearía a las personas y que nadie ha conseguido medir. Qué muestran de verdad las imágenes que se hicieron famosas como «fotos del aura» se explica en la fotografía Kirlian.
Un libro y una generación
La idea saltó a las librerías en mayo de 1999, cuando Lee Carroll y Jan Tober publicaron The Indigo Children: The New Kids Have Arrived. Carroll dice canalizar desde 1989 a una entidad llamada Kryon, y los dos daban conferencias de crecimiento personal. El libro se tradujo al español como Los niños índigo y tuvo mucho éxito. En 2002 se celebró en Hawái la primera conferencia internacional sobre estos niños, con unas 600 personas, y después llegaron películas, cursos y campamentos.
Pronto surgieron variantes, como los «niños cristal», a los que se atribuyen rasgos que los especialistas reconocen en el autismo. Otros autores hablan de una «frecuencia índigo» y la relacionan con la era de Acuario, aunque ni siquiera los astrólogos se ponen de acuerdo sobre cuándo empieza esa era.
Lo que se les atribuye
Las listas varían, pero hay rasgos que se repiten: empatía, curiosidad, voluntad firme, sentido de una misión, intuición, un cociente intelectual alto y rechazo a la autoridad rígida. También que les cuesta esperar en una fila, que se aburren con lo que se aprende de memoria y que no se quedan quietos si algo no les interesa.
Algunos textos añaden datos que no resisten una búsqueda: estudios universitarios sobre genes nuevos en su ADN que nadie ha encontrado, o un cociente intelectual por encima de 130 en todos ellos, una cifra que solo alcanza alrededor del 2 % de la población. Las altas capacidades existen, y se evalúan de otra manera, como se cuenta en los niños con altas capacidades.
Por qué los especialistas piden prudencia
El psicólogo Russell Barkley, uno de los grandes expertos en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), señaló que el movimiento no ha aportado ninguna prueba y que la lista de rasgos es tan general que casi cualquier niño encaja en ella, como pasa con las descripciones de personalidad que valen para todo el mundo. ¿Qué padre no reconoce a su hijo en alguno de esos puntos? Muchos de los niños llamados índigo, de hecho, tenían un diagnóstico de TDAH.
Ahí está la preocupación principal: que la etiqueta retrase un diagnóstico y la ayuda que el niño necesita. Stephen Hinshaw, de la Universidad de California en Berkeley, admite que la inquietud por medicar de más a los niños es legítima, pero recuerda que incluso los niños muy capaces con TDAH aprenden mejor con más estructura.
Conviene entender a las familias. Un estudio publicado en 2011 en el Journal of Attention Disorders comparó a padres de niños con TDAH que veían a sus hijos como índigo con otros que solo usaban el diagnóstico. Los primeros vivían con menos frustración la conducta de sus hijos y veían su futuro con más optimismo, aunque seguían teniendo más conflictos que los padres de niños sin diagnóstico.
Mirar a un hijo con cariño ayuda. Lo que no ayuda es renunciar por ello a que lo valore un profesional.
Mirar al niño, no la etiqueta
- Apunta durante unas semanas qué le sale bien y qué le cuesta, en casa y en el colegio, con ejemplos concretos.
- Si las dificultades de atención, de conducta, de sueño o de aprendizaje se mantienen, consulta al pediatra, que te dirá si conviene ver a un psicólogo o a un neuropediatra.
- Habla con su tutor o con el orientador del centro: la escuela puede adaptar tareas y tiempos, haya o no diagnóstico.
- Valora su sensibilidad y sus talentos sin cargarle con una misión, y desconfía de cursos o terapias que prometen activar dones a cambio de dinero.
Al fin y al cabo, un niño no necesita un color para ser especial para los suyos, y este texto no sustituye la valoración de un profesional. Tienes más en la sección de sociedad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.