Fotografía Kirlian (I): el halo de luz que se hizo famoso y lo que de verdad muestra

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Una yema de dedo rodeada de rayitos azules o una hoja con el contorno encendido: así son las fotos Kirlian, que durante años se presentaron como la prueba de que el aura existe. Detrás hay un fenómeno eléctrico bien conocido, la descarga de corona, y una historia que empieza en el sur de Rusia en 1939.

Un electricista de Krasnodar y su mujer

Semión Davídovich Kirlian nació en 1898 en Yekaterinodar, la ciudad que en 1920 pasó a llamarse Krasnodar. En los años treinta se ganaba la vida como electricista y tenía fama de arreglar cualquier aparato. En 1939 vio una sesión de electroterapia con una máquina de alta frecuencia y se fijó en los pequeños destellos que saltaban entre los electrodos y la piel del paciente. Se preguntó si podría fotografiarlos.

Con su mujer, Valentina Jrisanfovna (1904-1971), maestra y periodista, dedicó años a perfeccionar el aparato. En 1949 obtuvieron una patente soviética para fotografiar con corrientes de alta frecuencia, y en 1961 publicaron su primer artículo científico. A comienzos de los sesenta recibieron una pensión, un piso nuevo y un laboratorio en Krasnodar, donde Semión murió en 1978.

Una foto sin cámara

Lo curioso es que no hace falta cámara ni objetivo. Sobre una placa metálica aislada se coloca una película o un papel fotográfico, encima se apoya el objeto (un dedo, una hoja, una moneda) y durante un instante se aplica una tensión muy alta a alta frecuencia; los Kirlian trabajaban con osciladores de entre 75 y 200 kilohercios. Sale una copia por contacto: la silueta del objeto rodeada de un halo de chispas finas.

Ese halo es una descarga de corona. Cuando el campo eléctrico es muy intenso junto a los bordes de un objeto, arranca electrones a las moléculas del aire, y al chocar y recombinarse emiten luz, sobre todo azul, violeta y ultravioleta. Es el mismo fenómeno que hace chisporrotear y brillar algunos cables de alta tensión en las noches húmedas, o el fuego de San Telmo en los mástiles de los barcos.

Por eso una moneda o una llave también salen con su halo, aunque no tengan nada de vivo.

Del laboratorio soviético a la fama del aura

Durante años su trabajo apenas se conoció fuera de la Unión Soviética. Lo cambió en 1970 el libro de dos periodistas estadounidenses, Sheila Ostrander y Lynn Schroeder, Descubrimientos psíquicos tras el telón de acero. Para entonces otros soviéticos estudiaban el efecto, como Víktor Adamenko o el biofísico Víktor Inyushin, de la Universidad Estatal de Kazajistán, en Alma-Ata, que hablaba de un «bioplasma», una especie de cuerpo de energía.

En Estados Unidos, la psicóloga Thelma Moss llevó la técnica al Instituto Neuropsiquiátrico de la Universidad de California en Los Ángeles. Viajó varias veces a la Unión Soviética y creyó que las imágenes mostraban el cuerpo astral. Así se popularizaron tres ideas: que el halo es el aura, que anuncia las enfermedades antes de que aparezcan y que refleja el estado de ánimo. La más llamativa era el «efecto de la hoja fantasma»: al fotografiar una hoja a la que se había cortado un trozo, a veces aparecía el contorno de la parte que faltaba.

Qué cambia de verdad la imagen

¿De qué depende, entonces, que un halo salga largo, corto, roto o de otro color? La respuesta llegó en la revista Science el 15 de octubre de 1976. Los físicos John Pehek, Harry Kyler y David Faust probaron el efecto en condiciones controladas y concluyeron que casi todas las diferencias, en longitud, densidad, curvatura y color de las chispas, se explicaban por la humedad del objeto. Un dedo que suda da otra imagen. Como los nervios hacen sudar, el estado de ánimo puede notarse en la foto, aunque por una vía muy terrenal.

Influyen también la presión con que se apoya el dedo, la tensión y la frecuencia del aparato, el tiempo de exposición, el tipo de película, la humedad del aire, la toma de tierra y la grasa o la suciedad de la piel. Si cambia cualquiera de ellos, cambia el halo.

La hoja fantasma tampoco resistió: si antes de la segunda foto se limpian bien la humedad y los restos que quedaron en la placa, la parte cortada no aparece. Dicho esto, la técnica conserva seguidores y hay versiones modernas del aparato. La comunidad científica, en cambio, no reconoce que sirva para diagnosticar nada ni que muestre un aura.

Con una foto Kirlian delante

  • Pregunta cómo se hizo: con qué tensión, durante cuánto tiempo, con cuánta presión y con qué humedad.
  • Compárala con la de una moneda, o con la del mismo dedo seco y húmedo en el mismo aparato, y verás cuánto cambia.
  • No la tomes como un diagnóstico: ante cualquier síntoma, lo que toca es ir al médico.

Si te interesa lo que se cree sobre la energía del cuerpo, lee qué es el aura de una persona o la historia de la radiónica y sus cajas de diales, y sitúa estos temas en la clasificación de los fenómenos paranormales. Tienes más en la sección paranormal y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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