Fotografía Kirlian (III): del método de Korotkov a las pruebas de diagnóstico
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
En los años noventa, el físico ruso Konstantín Korotkov llevó la vieja foto Kirlian al ordenador y la rebautizó con un nombre técnico. Con ella llegó una promesa: leer en el halo de las yemas de los dedos el estado de cada órgano. Aquí está lo que se ha comprobado, empezando por lo más importante: ninguna foto sustituye a un diagnóstico médico.
Del papel fotográfico a la pantalla
Korotkov se doctoró en Física en la Universidad Estatal de San Petersburgo y ha sido profesor de la Universidad ITMO, en la misma ciudad. A su método lo llamó visualización por descarga de gases (en inglés, gas discharge visualization). En 1998 publicó en ruso un libro cuyo título resume el paso que quería dar: Del efecto Kirlian a la bioelectrografía.
La física es la misma que se explicó en la primera parte de esta serie: un campo eléctrico intenso arranca pequeñas descargas alrededor del objeto. La novedad estaba en cómo se registraban. En lugar de una película, el dedo se apoya sobre una placa de vidrio con un recubrimiento conductor, el aparato lanza impulsos muy breves de varios miles de voltios, una cámara digital capta el resplandor de cada yema y un programa mide su superficie, su brillo y lo ramificado de su borde.
Después, el programa divide el halo de cada dedo en sectores y asigna cada uno a un órgano o a un sistema del cuerpo, siguiendo mapas inspirados en la acupuntura. Esa idea tenía un precedente alemán. El médico Peter Mandel, que publicó en 1986 un libro sobre su método, había propuesto un «diagnóstico por los puntos terminales», que fotografiaba las yemas de manos y pies porque, según la medicina tradicional china, allí empiezan y terminan los meridianos.
Lo que se prometía
Con los años llegó una versión más barata, el Bio-Well, de las empresas que dirige el propio Korotkov. La publicidad de algunos distribuidores decía medir la energía en las diez yemas, señalar qué órganos tendrían «poca energía» y valorar el equilibrio de los chakras, todo ello presentado en pantalla con imágenes de colores.
Las promesas más ambiciosas iban más lejos: detectar enfermedades antes de los síntomas, medir el estrés o comprobar el efecto de una meditación o de una sesión de sanación. Para que algo así funcione como prueba médica no basta con que la imagen cambie. Tiene que cambiar siempre de la misma manera ante la misma enfermedad, y no cambiar por otras cosas.
Lo que encontraron las pruebas
El primer obstáculo es la repetición. En 1998, la revista Acupuncture in Medicine publicó un estudio con treinta pacientes, medidos a la misma hora en días consecutivos con tres aparatos de diagnóstico bioeléctrico. La foto Kirlian dio resultados muy variables de un día para otro, y los autores pusieron en duda que sirviera como herramienta de investigación. ¿Qué puede decir de tu salud una medida que cambia en la misma persona sin que nada haya cambiado en ella?
El segundo es la calidad de los estudios. En 2022, un equipo de investigadores indios revisó en la revista Alternative Therapies in Health and Medicine todo lo publicado sobre el método de Korotkov en personas. De 108 publicaciones seleccionó 42 estudios, y solo ocho eran ensayos aleatorizados; el resto eran comparaciones puntuales o mediciones antes y después en un único grupo. Los propios autores, favorables al método, concluyeron que hacían falta estudios más sólidos antes de sacar conclusiones definitivas.
El tercero llegó en 2024. El investigador Federico Miraglia publicó en el Journal of Anomalistics un experimento con cuarenta personas, veinte de ellas practicantes de sanación pránica, medidas con el aparato clásico y con el Bio-Well. Encontró una gran variabilidad entre medidas y poca información útil, y concluyó que ninguno de los dos aparatos parecía fiable para estudiar el llamado biocampo. Miraglia investiga él mismo ese biocampo, desde el California Institute for Human Science.
Falta, pues, el tipo de estudio que valida una prueba médica: muchos pacientes comparados con un diagnóstico establecido, imágenes leídas sin saber quién está enfermo y resultados repetidos por equipos independientes. La humedad de la piel, la presión del dedo o la del aire siguen cambiando el halo, como ya se vio en la primera parte.
Preguntas ante un escáner de energía
- Pregunta con qué se ha comparado. Una prueba diagnóstica se valida frente a otras ya probadas, en muchos pacientes y sin que quien lee el resultado sepa quién está enfermo.
- Pide que repitan la medida. Si el mismo dedo da cifras distintas con minutos u horas de diferencia, la lectura no está hablando de tu salud.
- Mira los colores como un dibujo. El aura de colores y las barras de los chakras son una representación que genera el programa, no la fotografía de algo que rodee tu cuerpo.
- Lleva cualquier síntoma al médico. Un resultado «bueno» no debe retrasar una consulta, y uno «malo» no debe asustarte: ninguna foto sustituye a un diagnóstico médico.
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Texto de la Redacción de Leotarot.com.