Casas encantadas: dos casos célebres y lo que miden los investigadores
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Una casa encantada es, antes que nada, un lugar con fama: alguien vio u oyó algo y la historia se quedó pegada a las paredes. Los dos casos más célebres del siglo XX acabaron en polémica, y quienes han llevado aparatos a sitios con fama de embrujados han encontrado causas bastante más terrenales que un espíritu.
Borley, la rectoría que se ganó un título
En 1862, el reverendo Henry Dawson Ellis Bull levantó una casa de ladrillo junto a la iglesia de Borley, en el condado inglés de Essex, para él y sus catorce hijos. Pronto circuló la leyenda de una monja emparedada que paseaba por el jardín, desmontada en 1938: quizá la inventaron los hijos del rector, o salió de alguna novela.
La fama llegó en junio de 1929, cuando el Daily Mirror contó los ruidos que padecía el nuevo rector y el investigador Harry Price se presentó en la casa. Entre 1930 y 1935 vivieron allí el reverendo Lionel Foyster y su esposa, Marianne, y en las paredes aparecieron frases escritas que pedían ayuda, dirigidas a ella. En mayo de 1937, Price alquiló la rectoría por un año y reclutó con un anuncio en The Times a 48 observadores, casi todos estudiantes. En 1940 publicó su libro sobre el caso con un título que hizo fortuna: La casa más encantada de Inglaterra.
Para entonces la casa ya no existía como tal. El 27 de febrero de 1939, su nuevo dueño, el capitán W. H. Gregson, volcó una lámpara de aceite mientras desembalaba libros, y el fuego la arrasó. La aseguradora concluyó que el incendio parecía provocado. Las ruinas se derribaron en 1944.
En 1956, tres miembros de la Sociedad para la Investigación Psíquica, Eric Dingwall, Kathleen Goldney y Trevor Hall, publicaron un examen minucioso del caso. Llegaron a la conclusión de que Price había fabricado algunos fenómenos y de que muchos otros eran trucos o tenían causas naturales, como las ratas y la acústica del edificio. Años después, Marianne Foyster dijo que nunca había visto ninguna aparición y atribuyó los ruidos al viento, a amigos de visita y a sus propias bromas.
Amityville: veintiocho días y un libro
En diciembre de 1975, George y Kathy Lutz se mudaron con sus hijos a una casa de Amityville, en Long Island (Nueva York), que en noviembre del año anterior había sido escenario de un crimen familiar. El 14 de enero de 1976, veintiocho días después, la abandonaron y contaron que allí habían sufrido fenómenos inexplicables. El periodista Jay Anson contó su historia en un libro de 1977, y en 1979 llegó la primera película.
La verdad es que lo que vino después pesa más que el libro. En 1979, el abogado William Weber declaró a la revista People que la historia era un engaño, inventado por él y los Lutz con muchas botellas de vino de por medio. La familia Cromarty, que compró la casa en 1977 y vivió en ella cerca de diez años, no notó nada raro, salvo los curiosos que atraía la película. Los investigadores comprobaron además que el 1 de enero de 1976 no nevó en la zona, cuando el libro hablaba de huellas en la nieve, y que los Lutz nunca llamaron a la policía.
Lo que encuentran los aparatos
Mientras los casos célebres se discutían, otros se pusieron a medir. Algunos parapsicólogos habían propuesto que un lugar podía «grabar» las emociones de quienes vivieron allí. En 1939, el filósofo de Oxford H. H. Price, sin parentesco con Harry, lo llamó «éter psíquico», aunque admitió que ningún método de la física podía comprobarlo.
Los aparatos han encontrado otras cosas. En 2003, el psicólogo Richard Wiseman y su equipo publicaron los paseos de cientos de voluntarios por el palacio de Hampton Court, junto a Londres, y por las bóvedas de South Bridge, en Edimburgo. Los voluntarios señalaban en un plano dónde notaban algo raro. Las marcas se concentraban en las zonas con fama de encantadas aunque no lo supieran de antemano, y esos rincones coincidían con variaciones del campo magnético y de la luz. En la página sobre fantasmas, apariciones y espectros se cuenta también el ventilador con el que el ingeniero Vic Tandy explicó en 1998 la figura gris de su laboratorio.
Tandy no se quedó ahí. Después midió el sonido de una bodega del siglo XIV bajo la oficina de turismo de Coventry, donde varios visitantes decían haber sentido una presencia. Encontró un infrasonido de 19 hercios, la misma frecuencia de su laboratorio, más intenso junto a la puerta, justo donde se concentraban los testimonios. La bodega medieval no podía resonar a esa frecuencia, pero el pasillo moderno que la une al edificio sí.
En 2026, un equipo de la Universidad MacEwan, en Canadá, puso a prueba la idea con 36 estudiantes. A la mitad les hicieron oír, sin que lo supieran, un infrasonido de 18 hercios mientras escuchaban música. Ninguno supo decir si sonaba o no, pero los expuestos salieron más irritables y con más cortisol, la hormona del estrés, en la saliva. Las tuberías viejas, la ventilación y el tráfico producen sonidos así. Es un estudio pequeño, y los propios autores lo presentan como un primer paso.
Otras explicaciones no resistieron. En 1955, el británico Guy Lambert culpó de los golpes a las corrientes de agua subterráneas; cuando otros investigadores sacudieron una casa con maquinaria, los objetos pequeños apenas se movieron.
Mira la casa con otros ojos
¿Cruje tu casa por la noche? Lo raro sería lo contrario. La madera se contrae cuando baja la temperatura, las tuberías se dilatan con el agua caliente, el viento silba por una rendija y los animales pequeños se meten en falsos techos y paredes. Anota cuándo y dónde ocurre cada cosa: los patrones suelen aparecer solos, y con ellos la explicación.
Revisa también lo que no se ve. Una caldera, una estufa o un calentador que queman mal producen monóxido de carbono, un gas sin color ni olor que da dolor de cabeza, mareo y confusión. Un detector cuesta poco. Si alguien en casa se encuentra mal, ventila, sal y llama al médico. Y si el miedo no os deja dormir, hablarlo con alguien de confianza o con un psicólogo ayuda más que cualquier vigilia con linterna.
Para seguir, lee la carta de Plinio sobre la casa de Atenas en los fantasmas de la Antigüedad y cómo explicó la parapsicología los golpes del poltergeist en la telergia. Tienes más en la sección de paranormal y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.