Fantasmas, apariciones y espectros: qué los distingue y cómo se han clasificado
Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026
En el habla de cada día, fantasma, aparición y espectro significan casi lo mismo, pero cada palabra arrastra su propia historia. Aquí están sus matices, sus clasificaciones y las explicaciones propuestas.
Tres palabras para casi lo mismo
Aparición viene del latín apparitio, «acción de aparecer», y es la más amplia. Se aparece un difunto, pero también una persona viva que está lejos o una figura sagrada. Las apariciones marianas, como las de Lourdes o Fátima, son un campo aparte, que la Iglesia católica examina con sus propias normas.
Fantasma viene del griego, como se cuenta en los fantasmas de la Antigüedad. En español nombra también lo que fabrica la imaginación y, en el uso popular, al muerto que vuelve, a menudo al mismo sitio.
Espectro viene del latín spectrum, «imagen» o «visión», de un verbo que significa mirar. Es la más literaria de las tres, y la que más inquieta.
Los investigadores ingleses lo precisaron: aparición es ver o sentir presente a alguien que no está; fantasma, la aparición de un muerto que se repite en un lugar.
La lista de siempre
Una clasificación popular distingue siete clases: las figuras tenues de las casas abandonadas, los muertos que se aparecen en cualquier parte, los que hacen ruido y mueven objetos, las formas de las sesiones de espiritismo, los espíritus que se apoderan de alguien, las figuras provocadas en un experimento y los fantasmas de personas vivas.
Mezcla cosas distintas. Los golpes y los objetos que se mueven son el terreno del poltergeist, y la parapsicología buscó su causa en los vivos, como se explica en la telergia. Las figuras de las sesiones pertenecen a la mediumnidad, y muchas acabaron siendo trucos. La posesión es un asunto religioso o médico, no una aparición. Lo demás encaja con lo que estudió la Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres.
Diecisiete mil respuestas
En 1886, tres miembros de esa sociedad, Edmund Gurney, Frederic Myers y Frank Podmore, publicaron Phantasms of the Living («Fantasmas de los vivos»), dos tomos con unos setecientos casos. La mayoría eran apariciones de crisis: alguien veía a un pariente o a un amigo justo cuando este moría o sufría un accidente lejos de allí. Lo explicaban como una alucinación telepática: la mente del que moría enviaría una impresión que el otro percibía como una figura.
Los críticos objetaron que mucha gente ve cosas que no están, y que así las coincidencias eran inevitables. Para responder, la sociedad organizó entre 1889 y 1892 un censo de alucinaciones dirigido por el filósofo Henry Sidgwick. Preguntaron a 17.000 personas si alguna vez, creyéndose bien despiertas, habían visto a alguien o algo, oído una voz o sentido que las tocaban sin causa externa. Dijeron que sí 1.684, casi el 10 %.
En el informe, de 1894, calcularon con las tablas de mortalidad que las visiones que coincidían con la muerte de la persona vista eran unas 440 veces más frecuentes de lo esperable por azar. Las encuestas británicas de 1948 y 1990 encontraron proporciones parecidas de alucinaciones, pero ningún caso de coincidencia bien comprobado.
Las cuatro clases de Tyrrell
El matemático G. N. M. Tyrrell, presidente de la sociedad en 1945 y 1946, lo ordenó todo en Apparitions (1943). Propuso cuatro clases:
- Experimentales: una persona viva intenta a propósito que otra la vea a distancia.
- De crisis: la figura coincide con la muerte o con un accidente grave de quien se aparece.
- Póstumas: quien se aparece había muerto ya.
- Encantamientos: una figura que se ve una y otra vez en el mismo lugar.
La lista popular cabe en ellas: los vivos y los experimentos, en las dos primeras; los muertos, en la tercera; las casas abandonadas, en la cuarta. Tyrrell describió también cómo suelen ser. Parecen personas normales, tapan lo que tienen detrás y se reflejan en los espejos, pero no se pueden tocar, no salen en las fotos y no dejan huella. Para él eran alucinaciones de un tipo especial, una especie de drama que construían a medias, sin saberlo, quien se aparece y quien lo ve.
Lo que se ha propuesto para explicarlas
¿Por qué tanta gente sensata ve a alguien que no está? La hipótesis telepática de Gurney y Myers sigue teniendo defensores entre los parapsicólogos. Dicho esto, otras explicaciones dan cuenta de muchos casos sin salir de lo conocido.
Una es el entorno. En 2003, el psicólogo Richard Wiseman y su equipo pasearon a voluntarios por el palacio de Hampton Court, cerca de Londres, y por las bóvedas de South Bridge, en Edimburgo. Contaron más experiencias raras en las zonas con fama de encantadas, aunque no lo supieran de antemano, y esos puntos coincidían con cambios de luz y del campo magnético. En 1998, Vic Tandy atribuyó la figura gris que había visto en su laboratorio a un infrasonido de 19 hercios que producía un ventilador.
Otra es el cuerpo. En 1921, el oftalmólogo William Wilmer contó el caso de una familia estadounidense que oía pasos y veía figuras en su casa desde 1912: una caldera estropeada la llenaba de monóxido de carbono. Al arreglarla, se acabaron las visitas. Las imágenes que aparecen al dormirse o al despertar, y la parálisis del sueño que se describe en psicología y parapsicología, frente a frente, están detrás de muchas presencias nocturnas.
Y está el duelo. En 1971, el médico galés Dewi Rees entrevistó a 293 viudos y viudas: casi la mitad había visto, oído o sentido cerca a su pareja muerta, y casi nunca lo había contado. Rees lo consideró una compañía normal, y muchas veces útil, de la viudez.
Después de ver algo que no está
- Escríbelo cuanto antes. Anota la hora, la luz, cómo habías dormido y qué viste u oíste antes de contárselo a nadie: la memoria rellena los huecos con lo que oímos después.
- Mira el reloj. Si ocurrió al dormirte o al despertar, pudo ser una imagen del duermevela.
- Revisa la casa. Una caldera, una estufa o un brasero que queman mal producen monóxido de carbono, un gas sin olor; si notas también dolor de cabeza o mareo, ventila, sal y pide que revisen la instalación.
- Habla con alguien de confianza. Si era un ser querido que se fue, no te pasa nada raro: le ocurre a mucha gente. El duelo se acompaña, y si el dolor no te deja vivir, un psicólogo puede ayudarte.
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Texto de la Redacción de Leotarot.com.