Psicología y parapsicología: cómo se han tratado dos disciplinas vecinas
Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026
La parapsicología nació al lado de la psicología, y desde entonces la ha tenido unas veces por madre y otras por juez. Esta es la historia de esa convivencia, de los primeros psicólogos que se sentaron con médiums a la psicología anomalística de hoy.
Psicólogos en la sesión
En el siglo XIX, la frontera entre las dos no existía. William James (1842-1910), autor de Principios de psicología (1890) y uno de los padres de la psicología en Estados Unidos, empezó en 1885 a asistir a las sesiones de la médium Leonora Piper, en Boston. Formó parte del grupo que organizó la Sociedad Estadounidense para la Investigación Psíquica y en la década de 1890 presidió la de Londres.
Una generación después siguió sus pasos el psicólogo británico William McDougall (1871-1938). Presidió la sociedad londinense en 1920 y la estadounidense al año siguiente, ocupó en Harvard la cátedra que llevaba el nombre de James y en 1927 se fue a la Universidad Duke, en Carolina del Norte, a dirigir el departamento de psicología.
Un laboratorio entre psicólogos
En Duke, McDougall acogió a un joven investigador, Joseph Banks Rhine, y la parapsicología experimental creció dentro de su departamento. Cómo trabajaban, con barajas de cinco símbolos y miles de ensayos, se cuenta en la telepatía y cómo se ha investigado.
La reacción de los psicólogos fue rápida, y casi siempre en forma de réplica. En 1936, W. S. Cox, de Princeton, repitió las pruebas y no encontró rastro de percepción extrasensorial. Otros departamentos tampoco. Al año siguiente, el estadístico Burton Camp declaró que, si los experimentos se habían hecho bien, el análisis matemático de Rhine era correcto en sus líneas generales. La discusión se trasladó a ese «si»: barajas que se podían leer por el reverso, gestos involuntarios del experimentador, registros poco cuidados.
Un sitio en la ciencia, siempre discutido
En 1957 se fundó en Durham la Asociación Parapsicológica, y en 1969 entró en la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia tras un discurso de la antropóloga Margaret Mead, que recordó que la ciencia ha avanzado muchas veces estudiando lo que los demás no creían. Diez años después, el físico John Archibald Wheeler pidió su expulsión. No la consiguió, y tuvo que retractarse en la revista Science de una acusación de fraude contra Rhine que no pudo sostener.
En Europa, el puente se tendió en Escocia. En 1985 se creó en la Universidad de Edimburgo, con el legado del escritor Arthur Koestler, una cátedra de parapsicología dentro del departamento de psicología. Su primer titular, Robert Morris, dirigió decenas de tesis doctorales, y varios de sus alumnos abrieron grupos en otras facultades británicas de psicología.
Las corrientes que han nacido de esa historia, de Duke a los jesuitas, están ordenadas en las escuelas de la parapsicología.
Estudiar la experiencia, no el poder
En 1982, los psicólogos Leonard Zusne y Warren Jones pusieron nombre a otra manera de mirar: la psicología anomalística. No pregunta si existe la telepatía, sino por qué tanta gente vive experiencias que parecen paranormales. En el Goldsmiths College de Londres, el psicólogo Christopher French fundó una unidad dedicada a ella, y hoy se enseña en varias carreras británicas de psicología.
Sus respuestas son concretas. La parálisis del sueño, ese despertar sin poder moverse con la sensación de una presencia en el cuarto, la ha vivido alguna vez el 7,6 % de la población, según una revisión de 35 estudios publicada en 2011; entre los estudiantes, más del 28 %. Muchos relatos de visitas nocturnas encajan con ese cuadro. La glosolalia, el hablar en lenguas de algunas iglesias pentecostales, la estudió el lingüista William Samarin: en su libro de 1972 concluyó que suena a idioma pero no lo es, sin que eso reste valor a la vivencia religiosa de quien la practica.
La relación va en las dos direcciones. En 2011, el psicólogo social Daryl Bem publicó en una revista de referencia nueve experimentos que parecían demostrar que el futuro influye en el presente. Stuart Ritchie, Richard Wiseman y Christopher French repitieron uno con su mismo programa y no encontraron nada. El caso obligó a la psicología a revisar cómo publica y cómo comprueba sus propios hallazgos. Al fin y al cabo, la parapsicología le sirvió de espejo.
Descarta primero lo psicológico
En una cosa coinciden parapsicólogos y psicólogos: quien estudia lo paranormal necesita saber psicología, porque muchas experiencias extrañas tienen una explicación en el sueño, la memoria, la percepción o el estado de ánimo. ¿Te ha pasado algo que no sabes explicar? Antes de buscarle otro nombre, anota cuándo ocurrió, cómo habías dormido y qué esperabas encontrar.
Si la experiencia te asusta, se repite o te quita el sueño, consúltalo con el médico o con un psicólogo colegiado o con licencia, que es quien está habilitado para atender la salud mental. Ningún curso de parapsicología sustituye esa formación.
Para seguir, mira cómo se ordenan estos fenómenos en la clasificación de los fenómenos paranormales. Tienes más en la sección de parapsicología y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.