Diez preguntas a un parapsicólogo (III): el fraude dentro y fuera del laboratorio

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

¿Hay fraude en este campo, y deben perseguirlo las leyes? Son las dos preguntas que cierran esta serie, y la respuesta corta es que sí lo ha habido, también entre los investigadores. Esta tercera entrega cuenta los casos mejor documentados, que destaparon los propios parapsicólogos, y lo que hizo la ley británica con los médiums.

Una docena de casos en casa

En marzo de 1974, Joseph Banks Rhine, el investigador que había llevado la parapsicología al laboratorio en la Universidad Duke, publicó en su propia revista, el Journal of Parapsychology, un artículo poco habitual. Repasaba doce casos de experimentadores poco fiables en su laboratorio, casi todos de los años cuarenta y cincuenta. Ocho se habían descubierto antes de que se publicara nada. No dio nombres, y propuso medidas para que no se repitieran.

Pocos meses después le tocó un caso mucho más cercano.

El director descubierto por su propio equipo

Walter J. Levy era un joven licenciado en medicina que, con unos veinticinco años, había pasado a dirigir el laboratorio de Rhine en 1973. Rhine lo veía como su sucesor. Uno de sus experimentos usaba ratas a las que un aparato estimulaba el centro del placer del cerebro cuando lo decidía un generador de azar. La idea era comprobar si los animales lograban, sin saberlo, inclinar el azar a su favor.

En junio de 1974, unos compañeros notaron que pasaba demasiado tiempo junto a los aparatos, y uno de ellos lo vio con las manos dentro del equipo. Sin decirle nada, instalaron un segundo registro antes del punto que él manipulaba. El suyo mostraba un efecto; el oculto, puro azar.

Levy admitió haber falseado aquel estudio, aunque defendió el resto de su trabajo, y dejó el laboratorio. Rhine contó el caso en su revista. La revisión posterior, que duró cerca de un año, encontró fraude en todas sus investigaciones.

El matemático que retocaba sus cifras

Samuel Soal (1889-1975) era profesor de matemáticas en Londres y llegó a presidir la Sociedad para la Investigación Psíquica británica. Entre 1941 y 1943 hizo con un voluntario unas pruebas de adivinación de cartas que durante años pasaron por algunas de las mejores pruebas a favor de la telepatía. Su rasgo más llamativo era que los aciertos no caían en la carta buscada, sino en la siguiente, como si el voluntario se adelantara.

Con los años surgieron sospechas: una colaboradora aseguró, unos veinte años después de las pruebas, que lo había visto cambiar cifras en las hojas de resultados. La prueba tardó todavía más. En 1978, tres años después de su muerte, la matemática Betty Markwick, asesora de estadística de la misma sociedad, buscó con ayuda de un ordenador las listas de números que Soal decía haber usado para elegir las cartas.

Encontró secuencias reutilizadas con dígitos de más, y los aciertos caían justo en esos dígitos añadidos. Sin ellos, los resultados se quedaban en lo que daría el azar. Su conclusión fue que todos los experimentos de Soal con cartas quedaban desacreditados.

Fuera del laboratorio: lo que hizo la ley británica

El fraude que más preocupa a la gente no está en los laboratorios, sino en las consultas. En el Reino Unido, la ley sobre médiums fraudulentos, aprobada el 22 de junio de 1951, sustituyó a la vieja ley de brujería de 1735. Castigaba a quien, con intención de engañar y a cambio de dinero, se presentara como médium o dijera tener poderes de telepatía, clarividencia u otros parecidos. Lo que se hacía solo como espectáculo quedaba fuera, y se aplicó muy poco: según una crónica de 2007, hubo cinco juicios entre 1980 y 1995.

El 26 de mayo de 2008 la derogaron unas normas de protección del consumidor que aplicaban una directiva europea de 2005 sobre prácticas comerciales desleales. El Gobierno explicó que perseguían lo engañoso o agresivo, no los servicios espirituales en sí. La Asociación Humanista Británica celebró que ya no hiciera falta probar la intención de engañar, y un grupo de médiums y sanadores entregó en Downing Street una petición de protesta con unas cinco mil firmas.

Lo que deja el fraude

Los dos casos de laboratorio tienen algo en común: los descubrieron otros investigadores del propio campo, con estadística y con registros ocultos. También explican costumbres que hoy pide cualquier laboratorio serio: que una máquina elija los blancos, que haya dos experimentadores y que los datos se guarden para que otros los revisen. Al fin y al cabo, la mejor defensa contra el engaño es un método que no dependa de la honradez de una sola persona.

Para quien acude a una consulta, la lección se parece. Una lectura es un servicio, y quien la ofrece responde de lo que promete. Las señales que separan a una persona seria de un estafador, y a quién acudir si te han engañado, están en cómo diferenciar a un tarotista serio de un estafador. Ningún parapsicólogo ni vidente sustituye al médico, al psicólogo o al abogado.

El debate sobre si la parapsicología es una ciencia está en la primera parte de esta serie, y dónde ponen sus investigadores la frontera con la adivinación, en la segunda. Tienes más en la sección de parapsicología y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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