Diez preguntas a un parapsicólogo (II): la frontera con la adivinación, la magia y el esoterismo
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
En muchos anuncios, la palabra parapsicólogo aparece junto a la lectura de cartas, los rituales de amor o las limpiezas de casas. Los propios parapsicólogos llevan décadas intentando separar su trabajo de todo eso. Esta segunda entrega explica dónde ponen ellos la frontera y qué hace, y qué no hace, un laboratorio.
Una palabra pensada para estudiar
La palabra parapsicología la propuso en 1889 el psicólogo alemán Max Dessoir para una disciplina que estudiara, al lado de la psicología, los hechos que se salen de la vida mental corriente; su historia completa está en parapsicología y psi, del diccionario esotérico. Nació, pues, como nombre de un campo de estudio, no de un oficio.
Esa idea tomó cuerpo en 1957, cuando un grupo de investigadores fundó en Durham, en Carolina del Norte, la Asociación Parapsicológica (Parapsychological Association), una sociedad profesional de quienes investigan estos fenómenos. En 1969 entró como afiliada en la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, una historia que se cuenta en psicología y parapsicología, frente a frente. Hoy la asociación declara que ni confirma ni niega la existencia de la psi. Lo que defiende es estudiarla con mente abierta y con dudas rigurosas.
Lo que la parapsicología dice que no es
A mediados de los años noventa, un grupo de científicos de varias disciplinas, la mayoría socios de esa asociación y entre ellos su presidente de entonces, redactó unas preguntas frecuentes para internet. No era un documento oficial, pero una de sus entradas iba al grano: qué no es la parapsicología.
La respuesta fue tajante. No es el estudio de cualquier cosa paranormal o extravagante, y no se ocupa de la astrología, los ovnis, la búsqueda de Pie Grande, el paganismo, los vampiros, la alquimia ni la brujería. Los autores lamentaban también que se la relacionara con videntes de espectáculo, magos e investigadores paranormales que se dan ese título a sí mismos.
Su campo, según aquel texto, cabe en tres grupos. La percepción extrasensorial, que reúne la telepatía, la clarividencia y la precognición. La psicocinesis, o acción directa de la mente sobre la materia. Y lo que sugeriría una supervivencia tras la muerte, como las experiencias cercanas a la muerte y las apariciones.
Estudiar la adivinación no es adivinar
¿Quiere decir eso que la adivinación le es ajena? No del todo, y ahí está la sutileza. La parapsicología puede preguntarse si alguien da con lo que va a pasar más veces de lo que permite el azar. Lo que no hace es echar las cartas.
La diferencia está en el método. En una prueba de precognición, el blanco (un símbolo, una imagen, un número) se elige al azar después de que la persona haya dado su respuesta, y nadie en la sala lo conoce de antemano. Al final se cuentan los aciertos y se comparan con los que daría la suerte. Una lectura de tarot funciona de otra manera: es una conversación con símbolos, sin un blanco escondido que comprobar.
Con la magia y el esoterismo pasa algo parecido. Un historiador puede estudiar los grimorios o la cábala sin practicar ningún ritual, igual que el estudio universitario del esoterismo, del que se habla en qué es el esoterismo, no consiste en hacer magia. Y el parapsicólogo no necesita tener ningún don. Su trabajo es diseñar la prueba, no superarla.
La médium que fundó una institución
Hay una vida que muestra bien esa frontera. La irlandesa Eileen Garrett (1892-1970) fue una de las médiums más conocidas del siglo XX y, a la vez, una de las que más se dejaron examinar. En 1933 hizo pruebas con cartas en la Universidad Duke, sin buenos resultados, y otros investigadores le midieron la presión arterial y la respuesta de la piel durante el trance.
Garrett nunca tuvo claro qué le ocurría. Llegó a pensar que las personalidades que hablaban por su boca salían de su propio subconsciente, y no del más allá. En 1951 fundó en Nueva York, con el apoyo económico de la congresista Frances Bolton, la Parapsychology Foundation, que desde entonces financia investigación, congresos y una biblioteca. No abrió una consulta: creó una institución para que otros estudiaran fenómenos como los suyos.
El laboratorio no es una consulta
Un laboratorio de parapsicología diseña experimentos con blancos elegidos al azar, cuenta aciertos, publica en revistas con revisión por pares y recoge relatos de experiencias espontáneas. Esos relatos dicen mucho de cómo cuenta la gente lo que vive. Los propios investigadores advierten, en cambio, que no prueban qué ocurrió.
Lo que no ofrece son servicios. No lee el futuro, no prepara amuletos, no hace rituales, no limpia casas y no promete resultados. Quien se presente como parapsicólogo para vender cualquiera de esas cosas está usando la palabra como reclamo, aunque lo que ofrezca tenga su propia tradición y merezca respeto como tal.
La verdad es que ningún título de parapsicología habilita para atender los problemas personales de nadie: para eso están el médico y el psicólogo. El debate sobre si es una ciencia está en la primera parte de estas preguntas, y los fraudes de laboratorio y lo que hizo la ley británica con los médiums, en la tercera. Dónde se ha estudiado esta disciplina en la universidad, con sus cátedras y sus polémicas, se cuenta en la parapsicología en la universidad. Tienes más en la sección de parapsicología y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.