La parapsicología ante la ciencia: diez años entre Boston y Houston
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
En diciembre de 1969, la asociación científica que edita la revista Science admitió entre sus sociedades afiliadas a la de los parapsicólogos. En enero de 1979, un físico de primera fila pidió que la echaran. Lo que pasó entre esas dos fechas explica bastante bien cómo ha mirado la ciencia a la parapsicología.
Cuatro solicitudes hasta Boston
La Asociación Parapsicológica nació el 19 de junio de 1957 en Durham, Carolina del Norte, a propuesta de Joseph Banks Rhine, que dirigía el laboratorio de parapsicología de la Universidad Duke. Era una sociedad profesional de investigadores, y muy pronto quiso un sitio entre las sociedades científicas del país.
Ese sitio tenía nombre: la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, que agrupa a sociedades de todas las disciplinas. Los parapsicólogos lo pidieron tres veces a lo largo de los años sesenta, y las tres veces la solicitud no prosperó.
El parapsicólogo Douglas Dean, que había ganado la presidencia de la asociación con la promesa de insistir, preparó la cuarta. Se votó en la reunión anual de la asociación científica, celebrada en Boston del 26 al 31 de diciembre de 1969.
Ahí intervino la antropóloga Margaret Mead, famosa desde los años veinte por sus estudios en Samoa. Su argumento fue de método: los parapsicólogos usaban estadística, pruebas a ciegas, placebos y doble ciego, las mismas herramientas que cualquier otra ciencia, y la ciencia había avanzado muchas veces estudiando fenómenos que el resto daba por inexistentes. Pidió el voto a favor, y la asamblea lo dio por amplia mayoría. Seis años después, en 1975, la propia Mead presidiría la asociación.
Estar dentro no era tener razón
Afiliarse no significaba que la ciencia diera por demostrada la psi. Lo que se reconocía era una forma de trabajar: experimentos con controles, resultados publicados y revisados por otros, congresos abiertos a la crítica. Los resultados seguían en discusión, igual que antes.
Fueron, eso sí, años de mucha atención pública. En 1974, la revista Nature publicó los experimentos de visión remota de Russell Targ y Harold Puthoff, cuya historia se cuenta en la clarividencia, de los sonámbulos a la visión remota.
1976: los escépticos se organizan
El filósofo Paul Kurtz, profesor de la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo y director de la revista The Humanist, había reunido en 1975 las firmas de 186 científicos contra la astrología. Al año siguiente fue más allá. El 30 de abril de 1976, en un congreso de la Asociación Humanista Estadounidense, nació el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal, más conocido por sus siglas en inglés, CSICOP.
Lo copresidían Kurtz y el sociólogo Marcello Truzzi, de la Universidad del Este de Michigan. Entre sus miembros estaban el divulgador Martin Gardner, el psicólogo Ray Hyman, el mago James Randi, el astrónomo Carl Sagan y el escritor Isaac Asimov.
Truzzi puso la revista: la que él editaba pasó a ser la del comité con el nombre de The Zetetic, y la dirigió hasta agosto de 1977. Hacia esas fechas, un año después de la fundación, dejó el comité tras un voto de desconfianza de su consejo ejecutivo. Quería abrir las páginas también a quienes defendían lo paranormal; la mayoría creía que esas voces ya tenían sitios de sobra. La revista siguió con otro director y otro nombre, Skeptical Inquirer.
Truzzi fundó la suya, Zetetic Scholar, y popularizó una palabra incómoda para sus antiguos compañeros: pseudoescépticos. Así llamaba a quien niega algo sin cargar con la tarea de probar que es falso. Su queja era que el comité había pasado de investigar a desacreditar.
Houston, enero de 1979
El lunes 8 de enero de 1979, la reunión anual de la asociación científica, esta vez en Houston, dedicó una sesión a la ciencia y la conciencia. John Archibald Wheeler, el físico que había popularizado la expresión agujero negro, compartía mesa con el premio Nobel Eugene Wigner y con varios parapsicólogos. No le gustó nada.
Llevó un texto con un título de combate, «Expulsad a los pseudos del taller de la ciencia», y escribió a William D. Carey, el máximo responsable ejecutivo de la asociación. Le pedía que un comité de cinco personas comprobara si la parapsicología había producido algún resultado sólido y decidiera si su sección debía seguir, suspenderse o desaparecer. La admisión de 1969, decía, había sido fruto de una década permisiva que ya había pasado.
En su intervención fue más lejos: afirmó que Rhine había cometido fraude cuando era estudiante. No pudo sostenerlo. Rhine, que tenía entonces 83 años, lo desmintió, y en julio de 1979 Science publicó la rectificación de Wheeler junto a una carta del propio Rhine, que murió en febrero del año siguiente.
La asociación científica no expulsó a los parapsicólogos. Según la propia Asociación Parapsicológica, sigue afiliada desde 1969.
Medio siglo después de Boston
Aquella década dejó dos lecciones que siguen sirviendo. Entrar en una asociación científica no prueba lo que se estudia: reconoce un método y obliga a aceptar la crítica. Y la crítica tampoco se sostiene solo con prestigio, porque Wheeler, con toda la autoridad de la física, tuvo que retirar una acusación que no podía demostrar.
¿Es, entonces, una ciencia la parapsicología? La respuesta depende de qué se entienda por ciencia, y los argumentos de unos y otros están en la primera de las diez preguntas a un parapsicólogo. La verdad es que la discusión cambia mucho cuando se le ponen fechas, nombres y votaciones, como las de Boston y Houston.
La relación con la disciplina vecina, de William James a la psicología anomalística, se cuenta en psicología y parapsicología, frente a frente. Tienes más en la sección de parapsicología y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.