Clarividencia: de los sonámbulos lúcidos a la visión remota

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

La clarividencia es la supuesta capacidad de percibir objetos o hechos lejanos u ocultos sin los sentidos y sin que otra mente los transmita. Su historia va de los salones del magnetismo animal a un programa secreto del ejército de Estados Unidos, y en cada etapa alguien intentó ponerla a prueba.

Una palabra para ver claro

Viene del francés clairvoyance, de clair, «claro», y voyance, «visión». En el habla corriente, clarividente es quien ve con claridad lo que otros no ven, una persona perspicaz. La investigación psíquica la usó para algo más concreto: percibir lo que está fuera del alcance de los ojos, como el contenido de un sobre cerrado o una habitación de otra ciudad.

Tuvo varios sinónimos. El poeta y estudioso británico Frederic Myers propuso en 1882 el término telestesia, «percepción a distancia», y el fisiólogo francés Charles Richet habló en su Tratado de metapsíquica (1922) de criptestesia, una «sensibilidad oculta». Otro nombre de la época, la metagnomía, tiene su entrada en el diccionario de metagnomía y psicometría.

Se distingue de la telepatía, que sería captar lo que piensa otra persona, y de la precognición, que sería conocer lo que todavía no ha ocurrido.

Los sonámbulos lúcidos

La idea moderna nace en 1784, cuando el marqués de Puységur, discípulo de Mesmer, vio caer en un sueño tranquilo a un joven campesino, Victor Race, como se cuenta en la historia de la hipnosis. Según Puységur, el muchacho dormido diagnosticaba su propia enfermedad y la de otros.

Durante las décadas siguientes, los magnetizadores llamaron lucidez a ese supuesto don de sus sonámbulos: ver el interior del cuerpo, leer con los ojos tapados o describir lugares lejanos. La polémica llegó a la Academia de Medicina de París, que en 1842 decidió no examinar más estudios sobre el magnetismo animal.

El sonámbulo más famoso fue Alexis Didier (1826-1886), un parisino de familia humilde que trabajaba con un antiguo oficial del ejército, Jean Marcillet, encargado de organizar sus sesiones en París y en Londres. En 1847 lo examinó el mago Jean-Eugène Robert-Houdin, que dijo no poder explicar lo que vio con trucos de escenario. Los críticos señalaron lo obvio: una venda en los ojos no siempre tapa del todo, y no podía descartarse que alguien le pasara información.

Rhine separa la clarividencia de la telepatía

En 1934, Joseph Banks Rhine publicó Extra-Sensory Perception, con los resultados de miles de pruebas con cartas en la Universidad Duke. Una de sus aportaciones fue separar dos preguntas. Si alguien mira la carta y otro la adivina, puede haber telepatía. Pero si nadie la ha visto, solo queda la clarividencia.

Su serie más citada es la de Pearce y Pratt, entre agosto de 1933 y marzo de 1934. Gaither Pratt, en un edificio del campus, iba dejando bocabajo, sin mirarlas, las cartas de un mazo ya barajado. Hubert Pearce, en la biblioteca, a unos noventa metros, anotaba sus respuestas. En 1.850 intentos sumó 558 coincidencias, cuando el azar daba unas 370.

El psicólogo C. E. M. Hansel señaló más tarde que el diseño no impedía que Pearce se levantara a mirar; nadie demostró que lo hiciera, y los defensores de Rhine discutieron sus planos. Lo decisivo fue otra cosa: otros laboratorios no lograron repetir resultados así.

La visión remota y el programa Stargate

En 1972, los físicos Russell Targ y Harold Puthoff empezaron a estudiar en el Stanford Research Institute, en California, lo que llamaron visión remota: describir un lugar lejano que otra persona visita o que se elige al azar. Trabajaron con el artista Ingo Swann y con Pat Price, un antiguo policía. Publicaron en la revista Nature en 1974, pero los psicólogos David Marks y Richard Kammann no consiguieron reproducir sus resultados y encontraron, en el material que recibían los jueces, pistas que ayudaban a emparejar cada descripción con su lugar.

Eso sí, el ejército de Estados Unidos se interesó. En 1977 nació en sus servicios de inteligencia el programa Gondola Wish; en 1978 pasó a llamarse Grill Flame, con sede en Fort Meade (Maryland), y después Center Lane, Sun Streak y, desde 1991, Stargate.

En 1995, la CIA encargó una evaluación al American Institutes for Research. La estadística Jessica Utts vio en los datos indicios de algo real; el psicólogo Ray Hyman lo discutió punto por punto. La conclusión del informe fue que la visión remota nunca había dado información útil en una operación de inteligencia, y el programa se cerró ese mismo año. Sus documentos se desclasificaron, y en 2017 la CIA los publicó en internet.

Qué preguntar a quien dice ver a distancia

  • Quién conocía el objetivo y si alguien presente podía dar pistas sin querer.
  • Si las descripciones se juzgaron a ciegas, sin notas que delataran el orden o la fecha.
  • Cuántos fallos hubo, y no solo cuántos aciertos se cuentan.

Con esas tres respuestas se separa casi siempre una buena anécdota de un resultado. ¿Por qué una facultad tan útil no ha superado con claridad estas pruebas cuando se han hecho bien? La pregunta sigue abierta para quien quiera investigarla en serio. Para seguir, mira cómo se ha estudiado la telepatía en el laboratorio. Hay más en la sección de videncia y otras mancias y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica