La precognición en el laboratorio: de las cartas de Rhine al caso Bem
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Los relatos de premoniciones tienen un defecto de origen: se cuentan cuando todo ha pasado. La parapsicología intentó resolverlo en el laboratorio, con blancos que se eligen al azar después de la respuesta. Ese esfuerzo, de las barajas de Duke a los ordenadores de Cornell, acabó dando una lección a toda la psicología.
Adivinar una baraja sin barajar
Joseph Banks Rhine empezó en 1933, en la Universidad Duke, a probar una variante de sus pruebas con cartas. En lugar de adivinar la carta que alguien tenía delante, los participantes anotaban el orden que tendría el mazo cuando se barajara más tarde. Era la baraja de cinco símbolos que se describe en la telepatía y cómo se ha investigado.
La lógica era sencilla. Si al escribir la respuesta el orden todavía no existe, no hay mente que leer ni carta que ver: solo quedaría conocer el futuro. Rhine esperó a reunir repeticiones, y los primeros resultados aparecieron en 1938 en el Journal of Parapsychology.
También describió algo que lo acompañaría siempre. Las puntuaciones altas tendían a bajar con el tiempo, dentro de una misma sesión y a lo largo de los meses. Lo llamó efecto declive. Los escépticos le dieron otra lectura: cuanto más estrictos eran los controles, menos quedaba que medir, y una buena racha siempre tiende a volver a la media.
Medio siglo en una sola cuenta
En 1989, Charles Honorton y Diane Ferrari reunieron en un metaanálisis los experimentos de precognición con respuestas cerradas publicados en inglés entre 1935 y 1987. Eran 309 estudios de 62 investigadores, con casi dos millones de intentos y más de 50.000 participantes. Entre la respuesta y la elección del blanco pasaban desde unas décimas de segundo hasta un año.
Encontraron un efecto pequeño, pero estadísticamente muy significativo, y calcularon que harían falta 46 estudios sin resultados olvidados en un cajón por cada uno publicado para anularlo. Para los críticos, el problema seguía ahí. Un efecto diminuto, repartido entre cientos de trabajos de calidad desigual, puede nacer de pequeños sesgos repetidos. Lo que convence es que un laboratorio independiente lo reproduzca cuando quiera.
Nueve experimentos en Cornell
En 2011, el psicólogo social Daryl Bem, profesor emérito de la Universidad Cornell, publicó Feeling the Future en el Journal of Personality and Social Psychology, una de las revistas de más prestigio de su campo. Presentaba nueve experimentos con más de 1.000 participantes. La idea era ingeniosa: tomar efectos psicológicos bien conocidos y darles la vuelta en el tiempo.
En el primero, cien estudiantes veían en la pantalla dos cortinas y elegían cuál ocultaba una imagen. El ordenador decidía la posición después de la respuesta. Con las fotos eróticas, eligieron bien el 53,1 % de las veces; con las demás, el 49,8 %, lo mismo que daría el azar.
En los experimentos 8 y 9, los participantes veían una lista de 48 palabras e intentaban recordar cuantas pudieran. Solo después el programa elegía al azar la mitad para practicarlas. Según Bem, esas palabras se habían recordado mejor en la prueba anterior, como si estudiar después ayudara a recordar antes. Ocho de los nueve experimentos daban resultados significativos.
Eso sí, en el mismo número de la revista, el psicólogo Eric-Jan Wagenmakers y sus colegas publicaron una crítica de la estadística que había usado.
Las réplicas que no llegaron
Stuart Ritchie, de la Universidad de Edimburgo, Richard Wiseman, de la de Hertfordshire, y Christopher French, del Goldsmiths de Londres, repitieron el experimento 9, el de efecto más grande, con el mismo procedimiento. Lo hicieron tres veces, con 50 personas cada una, y dejaron registrado su plan antes de empezar. No encontraron nada. Varias revistas rechazaron el trabajo por ser una simple réplica, entre ellas la que había publicado a Bem, y salió en PLoS ONE en marzo de 2012.
Ese mismo año, Jeff Galak, Robyn LeBoeuf, Leif Nelson y Joseph Simmons publicaron en la revista de Bem siete réplicas de los experimentos de memoria, con 3.289 participantes. El efecto desapareció. La única variable que cambiaba el resultado era si el experimento lo había dirigido Bem o no.
Bem respondió en 2016 con un metaanálisis de 90 experimentos de 33 laboratorios en 14 países que, según él, confirmaba un efecto pequeño. La prueba más ambiciosa llegó en 2023. El Transparent Psi Project repitió el experimento de las cortinas en diez laboratorios de nueve países, con un protocolo pactado entre defensores y críticos de Bem. Con 2.115 participantes y 37.836 intentos, eligieron bien el 49,89 % de las veces.
Un espejo para la psicología
El caso estalló en un momento delicado. Ese mismo 2011, Simmons, Nelson y Uri Simonsohn mostraron en Psychological Science que, con la libertad habitual para decidir cuántos datos recoger y cómo analizarlos, se podía «demostrar» casi cualquier cosa. Su ejemplo, absurdo a propósito, era que escuchar «When I'm Sixty-Four», de los Beatles, había vuelto más jóvenes a unos voluntarios.
En 2015, un consorcio de 270 investigadores intentó repetir 100 estudios publicados en tres revistas de psicología. El 97 % de los originales tenía resultados significativos; de las réplicas, solo el 36 %. Es lo que se conoce como crisis de replicación, y de ella salió la costumbre de registrar los experimentos antes de hacerlos. Cómo se vivió el caso Bem entre psicólogos se cuenta en psicología y parapsicología, frente a frente.
Criterios ante un resultado asombroso
- Comprueba si se anunció antes. Un experimento registrado de antemano, con el número de participantes y el análisis fijados, deja poco margen para elegir después lo que conviene.
- Busca réplicas independientes. Un resultado que solo aparece en el laboratorio de quien lo propuso sigue siendo una hipótesis.
- Mira el tamaño, no solo la significación. Un 53 % frente al 50 % puede ser real o un espejismo estadístico, y con muestras pequeñas lo segundo es frecuente.
¿Qué pesa más, un estudio espectacular o diez réplicas aburridas? Los casos célebres, del Titanic a Aberfan, están en la primera parte, y cómo se monta una prueba que tenga sentido, en cómo se mide de verdad la percepción extrasensorial. Tienes más en la sección de videncia y otras mancias y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.