Precognición: los casos célebres y lo que hay detrás

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Se llama precognición a la supuesta capacidad de conocer un hecho antes de que ocurra, sin deducirlo de ningún dato disponible. De todo lo que se atribuye a la mente humana, es lo que más desafía el sentido común, porque coloca el efecto antes que su causa. Estos son los tres casos que más se repiten y lo que aparece cuando se miran de cerca.

Un enigma con el reloj al revés

La telepatía y la clarividencia, en caso de existir, captarían algo que ya está en alguna parte: un pensamiento ajeno, una carta bocabajo, una habitación lejana. La precognición iría más lejos, porque lo percibido todavía no ha pasado. Cómo se separan esas facultades se explica en la historia de la clarividencia.

Si fuera real, reabriría problemas muy viejos de la filosofía: si el futuro está escrito, qué queda de la libertad de elegir y qué ocurre con un aviso que permite evitar justo lo que anunciaba. Por eso hubo investigadores que aceptaban otras formas de percepción extrasensorial y con esta se volvían mucho más prudentes.

Un barco llamado Titan

En 1898, el escritor estadounidense Morgan Robertson publicó una novela corta, Futility. Su protagonista viaja en el Titan, el mayor barco de su tiempo, de unos 244 metros de eslora, al que todos tienen por insumergible y que lleva muchos menos botes salvavidas de los necesarios. Una noche de abril, en el Atlántico Norte, choca contra un iceberg y se hunde. Sobreviven trece personas.

Catorce años después, en la noche del 14 al 15 de abril de 1912, el Titanic chocó contra un iceberg en su viaje inaugural. Medía unos 269 metros y llevaba 20 botes, con plazas para poco más de la mitad de las personas a bordo. Murieron unas 1.500. Ese mismo año, la novela volvió a las librerías con un título nuevo: The Wreck of the Titan.

Las coincidencias son llamativas. Su explicación, bastante menos misteriosa. Robertson había pasado casi diez años en la marina mercante. Sabía que los barcos crecían sin parar, que la ley calculaba los botes por el tonelaje y no por el pasaje, y que los icebergs eran un riesgo conocido en esas aguas en primavera. Él mismo negó haber profetizado nada. Su novela, por cierto, también tiene diferencias: el Titan embiste antes a otro barco, y el Titanic no.

El periodista W. T. Stead, que murió en el Titanic, había publicado en 1886 y 1892 dos relatos de naufragios, uno por falta de botes y otro contra un iceberg. La verdad es que lo que él y Robertson describían estaba a la vista de cualquiera que conociera el mar.

Aberfan y la oficina de premoniciones

El 21 de octubre de 1966, una escombrera de una mina de carbón se vino abajo sobre el pueblo galés de Aberfan y sepultó la escuela primaria. Murieron 144 personas, 116 de ellas niños.

El psiquiatra John Barker, que trabajaba en un hospital de Shropshire, oyó contar historias de niños y vecinos que habrían soñado o intuido la tragedia. Con el periodista científico Peter Fairley, del Evening Standard, publicó el 28 de octubre un llamamiento a quien hubiera tenido un presentimiento. Llegaron 76 respuestas, y en poco más de veinte alguien confirmaba haber oído el aviso antes del desastre.

Barker dio el paso lógico: recoger las premoniciones antes de que pasara nada. En enero de 1967 abrió con Fairley la Oficina Británica de Premoniciones, donde cualquiera podía enviar un sueño o una corazonada, que quedaba registrada con su fecha. En año y medio reunieron cientos de avisos. Más del 90 % no se cumplió, y ninguno evitó una desgracia. Barker murió en agosto de 1968, a los 44 años, y la oficina cerró poco después.

Su experiencia deja una lección incómoda. Los relatos de Aberfan se recogieron después, cuando todo el país conocía la tragedia y la memoria tiende a ajustar los sueños a lo ocurrido. Cuando se pidieron por adelantado, casi nada encajó.

Dunne y el sueño del volcán

El ingeniero británico John William Dunne (1875-1949), uno de los pioneros de los aviones sin cola, publicó en 1927 An Experiment with Time. Allí cuenta un sueño de 1902: una isla a punto de estallar y miles de vidas en juego, que él cifraba en 4.000. Poco después leyó en el periódico la erupción del monte Pelée, en la Martinica, con un titular que hablaba de 40.000 muertos. Concluyó que en el sueño había leído mal la cifra, como si hubiera anticipado su propia lectura de la noticia y no el hecho. Las víctimas reales rondaron las 29.000.

Dunne propuso un método: dejar un cuaderno junto a la cama, anotar los sueños nada más despertar y compararlos con los días siguientes. Según él, los fragmentos del futuro aparecían mezclados con los recuerdos. En 1932, la Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres intentó repetir sus resultados con diarios de sueños y no lo logró. Eso sí, el libro inspiró las obras de teatro sobre el tiempo de J. B. Priestley y un ensayo de Borges.

Por qué los aciertos parecen tantos

Ninguno de estos casos quedó registrado antes de forma comprobable, y todos comparten trampas conocidas.

La primera es la selección: cada noche se sueñan millones de sueños, y recordamos el que encajó, como se calcula en la telepatía de cada día. La segunda, el ajuste posterior: los detalles vagos se rellenan cuando ya se sabe el final. La tercera, la información: quien conoce bien un riesgo puede imaginar su desenlace con bastante precisión.

Nada de esto demuestra que una premonición sea imposible. Demuestra que ninguno de estos relatos sirve como prueba.

Un cuaderno junto a la almohada

El método de Dunne sirve, precisamente, para mirar estas experiencias con calma. Anota tus sueños al despertar, con fecha y hora, antes de mirar el teléfono o las noticias. Al final del mes, repasa el cuaderno y cuenta con honradez: los que encajaron con algo, los que no y los que solo encajan si los retuerces un poco. ¿Cuántos de esos sueños valdrían para cualquier noticia de cualquier día?

Si un sueño te deja preocupado por alguien, no esperes a ver si se cumple: llama a esa persona. Soñar con catástrofes es frecuente en épocas de estrés, y si las pesadillas se repiten o te quitan el descanso, habla con el médico o con un psicólogo. Sigue con la precognición en el laboratorio o con los sueños, de Asclepio a la fase REM. Tienes más en la sección de videncia y otras mancias y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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