Los sueños: lo que sabe la ciencia y lo que cuentan las tradiciones
Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026
Pasamos cerca de un tercio de la vida durmiendo y, cada noche, unas dos horas en la fase en que los sueños son más vivos. La ciencia sabe desde 1953 cuándo ocurren, aunque todavía discute para qué sirven. Las tradiciones llevan miles de años buscándoles sentido, y las dos miradas caben en un cuaderno junto a la cama.
Lo que se descubrió en Chicago en 1953
En la Universidad de Chicago, un estudiante de doctorado, Eugene Aserinsky, pasaba noches enteras vigilando a personas dormidas con un electroencefalógrafo. Con su director, el fisiólogo Nathaniel Kleitman, vio que varias veces por noche los ojos de los durmientes se movían deprisa bajo los párpados mientras el cerebro se activaba casi como en la vigilia. Lo publicaron en 1953 en la revista Science. Desde entonces esa fase se llama sueño REM, por las siglas inglesas de «movimientos oculares rápidos».
En 1957, Kleitman y otro de sus alumnos, William Dement, comprobaron que quien se despierta en plena fase REM suele contar un sueño, a menudo con argumento. Ocurre unas ocho de cada diez veces.
Hoy se sabe bastante más. El sueño avanza en ciclos de unos noventa minutos. En una noche hay cuatro o cinco fases REM, cortas al principio y más largas de madrugada, y en un adulto ocupan entre la quinta y la cuarta parte del tiempo dormido. Mientras duran, los músculos quedan casi sin tono, de modo que no representamos lo que soñamos. También se sueña fuera de esa fase, aunque con imágenes más pobres y relatos más cortos.
Para qué soñamos
Nadie lo sabe con certeza. En 1977, los psiquiatras Allan Hobson y Robert McCarley, de Harvard, propusieron que el sueño es el intento del cerebro de dar forma a las señales que le llegan desde el tronco cerebral durante la fase REM, una historia montada sobre la marcha. Otros investigadores ponen el acento en la memoria, porque dormir ayuda a fijar lo aprendido, o en las emociones, que de noche se revisarían con menos tensión.
¿Tienen sentido tus sueños o son ruido? Probablemente, un poco de las dos cosas.
Dormir en el templo de Asclepio
Mucho antes de los laboratorios, los griegos buscaban los sueños a propósito. En los santuarios de Asclepio, el dios de la medicina, como los de Epidauro y Pérgamo, los enfermos se purificaban, hacían una ofrenda y pasaban la noche en una sala reservada, el abaton, con la esperanza de que el dios se les apareciera en sueños para curarlos o aconsejarlos. Esa práctica se llama incubación, y las inscripciones que dejaron los peregrinos en Epidauro recogen las curaciones que le atribuían.
Aristóteles, en el siglo IV antes de Cristo, fue más prudente. En su tratado sobre la adivinación por los sueños dudaba de que los dioses enviaran mensajes, pero recogía una opinión de los médicos de su tiempo: como el comienzo de una enfermedad es pequeño, se notaría antes de noche, sin el ruido del día.
La Biblia tiene su propio intérprete. José explica al faraón que las siete vacas gordas y las siete flacas de su sueño anuncian siete años de abundancia y siete de hambre.
De Artemidoro a Freud y Jung
En el siglo II, Artemidoro de Daldis recorrió Grecia, Italia y Asia Menor recogiendo sueños y las interpretaciones de adivinos de toda condición, y con ellos escribió los cinco libros de la Oneirocrítica. Para él, interpretar era sobre todo comparar parecidos.
Su ejemplo más recordado es de Alejandro Magno. Durante el asedio de Tiro, en el 332 antes de Cristo, Alejandro soñó con un sátiro, y su adivino Aristandro partió la palabra griega satyros en sa Tyros, «Tiro es tuya». Alejandro siguió atacando y tomó la ciudad.
Sigmund Freud recordó ese sueño en La interpretación de los sueños, que salió en noviembre de 1899 con fecha de 1900, en una tirada de 600 ejemplares que tardó ocho años en venderse. Para Freud, el sueño disfraza deseos que no nos atrevemos a mirar, y su interpretación es la «vía regia» hacia el inconsciente.
Carl Gustav Jung, que rompió con Freud en 1913, lo veía de otro modo. El sueño compensaría lo que la vida consciente descuida y hablaría con imágenes que se repiten en los mitos de todo el mundo, los arquetipos, que él atribuía a un inconsciente colectivo. Son teorías con mucha influencia en la psicología y en el arte; eso sí, la ciencia actual no las da por comprobadas.
El cuaderno junto a la cama
Deja una libreta y un bolígrafo en la mesilla y escribe nada más abrir los ojos, antes de mirar el móvil. El recuerdo de un sueño se borra en pocos minutos, así que basta con lo que quede: las imágenes, las personas, el lugar y, sobre todo, cómo te sentías. Añade la fecha y una línea sobre lo que viviste el día anterior.
Al cabo de un mes, léelo de corrido. Verás que se repiten escenarios, personas o emociones, y que muchos sueños mezclan restos del día con preocupaciones de fondo. Léelos como proponía Artemidoro, buscando parecidos con tu vida, y no como anuncios del futuro.
Si las pesadillas son frecuentes, si te despiertas a menudo sin poder volver a dormir o si el cansancio no se va, coméntalo con tu médico, y un psicólogo puede ayudarte con lo que se repite. Para seguir, repasa los tipos de sueños, lo que la astrología relaciona con los sueños y qué se sabe de la hipnosis. Tienes más en la sección de sueños y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.