Los sueños, las pesadillas y los fantasmas: lo que ocurre en la frontera del sueño
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Muchas visitas nocturnas suceden en el mismo sitio: la frontera entre dormir y estar despierto. Allí nacen las imágenes del duermevela y la parálisis del sueño, dos experiencias corrientes que la ciencia conoce bien y que durante siglos se contaron como fantasmas.
Dos umbrales con nombre propio
Al quedarnos dormidos, la mente no se apaga de golpe. Durante unos minutos pueden aparecer destellos, formas geométricas, figuras o voces sueltas, a veces tan nítidas como si alguien hubiera dicho tu nombre junto a la almohada. El médico francés Alfred Maury llamó hipnagógicas, «que conducen al sueño», a estas imágenes en 1848. A principios del siglo XX, el investigador británico Frederic Myers acuñó su pareja, hipnopómpicas, para las que surgen al despertar.
Son mucho más comunes de lo que se cree. En 1996, el equipo del psiquiatra Maurice Ohayon entrevistó por teléfono a 4.972 personas del Reino Unido: el 37 % recordaba imágenes al dormirse y el 12,5 %, al despertar. Salían con más frecuencia entre quienes dormían mal o tenían mucho sueño durante el día.
Despertar sin poder moverse
La parálisis del sueño va un paso más allá. En la fase de los sueños más vivos, el cuerpo queda casi sin tono muscular para que no representemos lo que soñamos. A veces la conciencia regresa antes de que ese bloqueo se retire. La persona está despierta, ve su cuarto y no puede moverse ni hablar.
Dura de unos segundos a unos pocos minutos.
Lo que se siente en ese rato explica muchas historias. Hay quien nota una presencia junto a la cama, un peso sobre el pecho que le impide respirar a gusto, pasos o una silueta en la puerta. Como la mente sigue a medio camino, las imágenes del sueño se superponen a la habitación real, y por eso la visita parece ocurrir allí mismo, entre los muebles de siempre.
Los estudios señalan algunas circunstancias que la favorecen: dormir boca arriba, acostarse agotado, los horarios irregulares, los turnos de noche y el estrés.
La vieja bruja, el muerto que se sube y el demonio de Füssli
Casi todas las culturas tienen un nombre para esta experiencia. En la isla canadiense de Terranova la llaman the Old Hag, «la vieja bruja», una anciana que se sienta sobre el pecho del durmiente. El folclorista estadounidense David Hufford recogió allí relatos a principios de los años setenta y, en 1982, publicó The Terror That Comes in the Night, donde mostró que encajaban con lo que los médicos llaman parálisis del sueño. En Japón se habla de kanashibari, «atadura de metal». En México se dice que «se te subió el muerto».
El idioma guarda la misma huella. El diccionario de la RAE registra, como acepciones en desuso de «pesada», la opresión del corazón con dificultad para respirar durante el sueño y el ensueño angustioso, y de esa palabra sale «pesadilla». El inglés nightmare conserva mare, el nombre de un espíritu que oprimía a quienes dormían.
La imagen más famosa la pintó el suizo Johann Heinrich Füssli en 1781. En La pesadilla, una mujer yace atravesada en la cama, con la cabeza colgando, mientras un íncubo se agazapa sobre su pecho y la cabeza de un caballo asoma entre las cortinas rojas. El cuadro se expuso en la Royal Academy de Londres en 1782, su grabado corrió por toda Europa y hoy cuelga en el Instituto de Artes de Detroit. Füssli no sabía nada de neurología, pero retrató lo que cuentan quienes lo viven: la quietud, el peso y la sensación de que algo vigila.
Por qué la figura toma la forma que toma
¿Por qué una persona ve a una anciana, otra a un demonio y otra a un extraterrestre? La experiencia del cuerpo es parecida en todo el mundo. Lo que cambia es la lectura. Cada cual rellena la sombra con las figuras que tiene a mano: las de su cultura, sus lecturas o lo que le han contado del lugar donde duerme. Si alguien pasa la noche en una casa de la que se dice que tiene historia, no es raro que la presencia aparezca vestida de esa historia.
Los psicólogos Richard McNally y Susan Clancy, de la Universidad de Harvard, lo vieron con un caso extremo. En 2005 publicaron un estudio sobre diez personas convencidas de haber sido llevadas por extraterrestres, y sus relatos coincidían con episodios de parálisis del sueño acompañados de imágenes al despertar. Para los autores, el sentido que cada persona da a lo que vivió depende de las explicaciones que le resultan creíbles.
Nada de esto hace la vivencia menos real. El miedo es auténtico, igual que la sensación de no estar solo. Saber de dónde viene, eso sí, ayuda a vivirlo con más calma la próxima vez.
Cuando vuelva a ocurrir
- Recuerda que pasa en segundos o pocos minutos, y prueba a mover un dedo de la mano o del pie mientras respiras despacio.
- Duerme de lado si sueles despertarte boca arriba, y procura horarios regulares y horas suficientes de sueño.
- Anota por la mañana la hora, la postura y cómo te acostaste: con el tiempo verás qué noches se repite.
- Coméntalo con tu médico si te ocurre a menudo, si tienes mucho sueño durante el día o si te da miedo acostarte; un psicólogo también puede ayudarte con la ansiedad.
Sigue con los sueños, de Asclepio a la fase REM, con lo que distingue a fantasmas, apariciones y espectros y con psicología y parapsicología, frente a frente. Hay más en la sección de sueños y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.