La telepatía de cada día: corazonadas, llamadas y coincidencias

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Piensas en una amiga a la que no ves desde hace meses y esa misma tarde te escribe. Es la forma más corriente de lo que se llama telepatía espontánea, la que no se busca en un laboratorio sino que aparece en la vida diaria. Así la han estudiado los parapsicólogos y así la explican los estadísticos.

La telepatía que no se busca

La parapsicología distingue dos clases. La experimental es la que se intenta provocar a propósito, con cartas, sueños vigilados o salas aisladas; su historia está en qué es la telepatía y cómo se ha investigado. La espontánea llega sin avisar, y por eso es mucho más difícil de estudiar: cuando alguien la cuenta, ya ha pasado.

Los relatos se parecen bastante entre sí. Una corazonada de que algo le ha ocurrido a un familiar. Un sueño con alguien que resulta estar enfermo. La certeza de que va a sonar el teléfono, y de quién va a ser.

Diez mil relatos en Carolina del Norte

La mayor colección de estos casos la reunió Louisa E. Rhine (1891-1983), esposa de Joseph Banks Rhine, el fundador del laboratorio de parapsicología de la Universidad Duke. Desde 1948 se encargó de leer y contestar las cartas de personas que habían oído hablar del laboratorio y querían contar lo que les había pasado. Con los años juntó más de diez mil relatos.

Los ordenó en cuatro tipos: sueños realistas, que muestran la escena casi como ocurrió; sueños simbólicos; intuiciones, ese saber sin imágenes; y alucinaciones, como oír una voz o notar una presencia. Unos dos tercios eran sueños. Le llamó la atención que los sueños daban mucha información pero con errores, y las intuiciones, poca pero más exacta.

Su método tenía un límite. Aceptaba los relatos de buena fe, sin comprobarlos uno por uno, y lo justificaba así: un caso espontáneo no demuestra nada, solo sugiere qué conviene investigar en el laboratorio.

¿Quién llama?

El biólogo británico Rupert Sheldrake llevó la corazonada del teléfono a un experimento. En las pruebas que publicó con Pamela Smart en 2003, en la revista de la Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres, cada participante tenía cuatro personas conocidas como posibles llamantes. En cada intento se elegía al azar a una de ellas para que llamara, y el participante debía decir quién era antes de descolgar, en un teléfono que no mostraba el número. Por puro azar, lo esperable es una de cada cuatro, el 25 %. En las sesiones grabadas en vídeo, Sheldrake informó de un 45 %.

Las críticas apuntaron al diseño, que fue cambiando por el camino, y a que el número de intentos no siempre estaba fijado de antemano. También a un sesgo muy humano: tendemos a nombrar más a menudo a las personas más cercanas, y eso altera la cuenta si no se corrige. Sheldrake respondió con otros análisis que, según él, mantenían el efecto.

Las réplicas independientes fueron más modestas. En Friburgo, en Alemania, el equipo de Stefan Schmidt y Harald Walach probó con 21 personas y veinte llamadas cada una, y publicó en 2009 que habían reconocido al 26,7 % de quienes llamaban, una cifra que no se distingue del azar. Una participante sí puntuó por encima de lo esperable en dos series seguidas, y los autores lo dejaron como pregunta abierta.

Lo que hace el azar

La explicación más sencilla está en los números. En 1989, los estadísticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller formularon la que llamaron ley de los números verdaderamente grandes: con una muestra lo bastante grande, cualquier cosa extravagante acaba ocurriendo.

El matemático británico John E. Littlewood ya lo había llevado a la vida de una persona en un libro de 1953. Si cada segundo que pasamos despiertos y atentos cuenta como un suceso, en un mes se acumulan alrededor de un millón. Un hecho de uno entre un millón debería tocarnos, pues, más o menos una vez al mes.

La memoria hace el resto. Guarda la vez que pensaste en alguien y sonó el teléfono, y olvida las cien en que no sonó. Con los cumpleaños pasa algo parecido: en un grupo de solo 23 personas hay algo más de un 50 % de probabilidades de que dos cumplan años el mismo día, y casi todo el mundo lo cree mucho más raro.

Tu propio cálculo de coincidencias

Haz la cuenta con alguien concreto. Supón que una amiga te llama una vez al mes y que piensas en ella unas tres veces por semana. Si cuentas como coincidencia que llame en la hora siguiente a haberla tenido en la cabeza, y repartes llamadas y recuerdos por las dieciséis horas que pasas despierto, te tocará una coincidencia así más o menos cada tres años. Con veinticinco personas en esa situación, salen unas ocho al año. ¿Te parecen muchas o pocas, ahora que sabes de dónde vienen?

Nada de esto le quita emoción al momento en que suena el teléfono. Eso sí, si una corazonada te deja intranquilo por alguien, no esperes a ver si se cumple: llama tú a esa persona. Y si esas sensaciones te angustian a menudo, háblalo con un psicólogo; cómo mira la psicología estas experiencias se cuenta en psicología y parapsicología, frente a frente.

Tienes más en la sección de parapsicología y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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