La telepatía: de dónde viene la palabra y cómo se ha puesto a prueba
Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026
Se llama telepatía a la supuesta comunicación directa entre dos mentes, sin palabras, gestos ni ningún otro canal de los sentidos. La palabra tiene algo más de un siglo, y casi desde que nació se ha intentado medir en laboratorios, con resultados que todavía se discuten.
Una palabra de 1882
En 1882, un grupo de profesores y científicos británicos fundó en Londres la Sociedad para la Investigación Psíquica. Entre ellos estaban el filósofo Henry Sidgwick, el psicólogo Edmund Gurney, el físico William Barrett y Frederic W. H. Myers (1843-1901), estudioso de las lenguas clásicas, poeta y, como Sidgwick y Gurney, miembro del Trinity College de Cambridge.
Ese mismo año, Myers propuso el término. Lo formó con dos raíces griegas, tele, «lejos», y pathos, «lo que se siente», para sustituir la expresión que se usaba hasta entonces, «transmisión del pensamiento». Con ella nombraba el paso de impresiones de cualquier tipo de una mente a otra sin pasar por los sentidos conocidos. Los investigadores llamaron agente a quien envía y perceptor a quien recibe.
En 1886, Gurney, Myers y Frank Podmore publicaron Phantasms of the Living, una recopilación de cientos de testimonios. Muchos eran de personas que decían haber visto u oído a un ser querido justo cuando moría o sufría un accidente grave, a kilómetros de distancia. Eran relatos, no experimentos, y los críticos señalaron enseguida los fallos de la memoria y el peso de las coincidencias.
Rhine y las cartas de cinco símbolos
El paso al laboratorio lo dio Joseph Banks Rhine (1895-1980) en la Universidad Duke, en Durham (Carolina del Norte). Empezó a principios de los años treinta junto al psicólogo William McDougall, y en 1935 su grupo pasó a llamarse Laboratorio de Parapsicología. Un año antes había publicado Extra-Sensory Perception, el libro que hizo popular la expresión «percepción extrasensorial».
Su herramienta más conocida es la baraja que diseñó el psicólogo Karl Zener: 25 cartas con cinco símbolos (círculo, cruz, cuadrado, estrella y tres líneas onduladas), cinco de cada uno. El agente mira una carta y el perceptor intenta adivinarla. Por puro azar, lo esperable son unos cinco aciertos de cada 25.
Rhine informó de personas que superaban esa cifra una y otra vez. Otros laboratorios no lograron repetirlo de forma fiable, y los críticos apuntaron a pistas involuntarias entre agente y perceptor y a problemas en el tratamiento estadístico.
Sueños y salas aisladas
Los experimentos se fueron afinando. Entre 1964 y 1978, el psiquiatra Montague Ullman y el psicólogo Stanley Krippner trabajaron en el Centro Médico Maimónides de Brooklyn con voluntarios que dormían en el laboratorio. Cuando empezaba la fase de sueño con movimientos oculares rápidos, alguien en otra habitación se concentraba en una lámina de arte; después se despertaba al durmiente, contaba su sueño y unos jueces comparaban el relato con la imagen.
En los años setenta llegó el ganzfeld, palabra alemana que significa «campo total». El perceptor se relaja con medias pelotas de ping-pong sobre los ojos, bajo una luz roja y con ruido blanco en los auriculares, mientras el agente mira una imagen en otra sala. Luego el perceptor elige entre cuatro, de modo que el azar da un 25 % de aciertos.
¿Qué se ha encontrado? Algunos metaanálisis describen un pequeño exceso sobre el azar. Otros, como el que publicaron Julie Milton y Richard Wiseman en 1999, no encontraron ningún efecto. La comunidad científica no considera demostrada la telepatía.
La falsa telepatía o cumberlandismo
Hay un fenómeno real que durante años se confundió con ella. En la década de 1870, el neurólogo estadounidense George M. Beard llamó «lectura muscular» a lo que hacía en sus espectáculos J. Randall Brown: tomaba de la mano a un espectador que pensaba en un objeto escondido y lo encontraba guiándose por sus pequeños movimientos involuntarios.
El inglés Stuart Cumberland (1857-1922) lo llevó a los escenarios con tanto éxito que en varios idiomas se le llama cumberlandismo. La verdad es que él nunca dijo tener poderes. Era un enemigo declarado del espiritismo y sostenía que la mente solo se puede «leer» a través de los músculos, nunca por telepatía. Por eso los experimentos serios separan al agente y al perceptor en salas distintas.
Cómo comprobar tus propias coincidencias
A todo el mundo le pasa: piensas en alguien y suena el teléfono. Si quieres mirar esas casualidades con método, prueba esto:
- Apúntalo en el momento. Escribe qué pensaste o soñaste, con fecha y hora, antes de saber si se cumple: la memoria retoca los detalles después.
- Cuenta también los fallos. Las veces que pensaste en alguien y no llamó se olvidan enseguida, y sin ellas no hay comparación posible.
- Busca primero lo cotidiano. Si piensas en tu madre a la hora a la que suele llamar, la coincidencia tiene una explicación sencilla.
- Haz la prueba de las cartas. Con cinco cartas distintas, un amigo saca una al azar en otra habitación y tú anotas la que te venga, hasta 25 intentos. Lo esperable por azar son unos cinco aciertos.
- Que nadie pueda darte pistas. Ni gestos, ni ruidos, ni reflejos: es justo lo que aprovechaba Cumberland.
- No decidas nada por una corazonada. Si te preocupa alguien, llama a esa persona. Y si esas sensaciones te angustian, háblalo con un psicólogo.
Para seguir, lee qué es la mediumnidad y cómo la estudió la Sociedad para la Investigación Psíquica o el relato de una premonición entre dos hermanas. Tienes más en la sección de parapsicología y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.