Materializaciones ectoplasmáticas: la historia de una palabra y de sus fotografías

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

El ectoplasma, la sustancia blanquecina que según el espiritismo brotaba del cuerpo de algunos médiums en trance, tiene inventor, fecha y álbum de fotos. Su historia va de un fisiólogo premiado con el Nobel a una villa de Argel, un libro de fotografías publicado en Múnich y un laboratorio de Londres, y en cada parada alguien examinó lo que había delante de la cámara.

Una palabra para lo que salía del médium

Quien le puso nombre fue Charles Robert Richet (1850-1935), fisiólogo francés que en 1913 recibió el Nobel de Medicina por sus trabajos sobre la anafilaxia. En 1894, mientras estudiaba a la médium italiana Eusapia Palladino, acuñó la palabra ectoplasme con dos raíces griegas: ektós, «fuera», y plasma, «lo modelado».

La necesitaba para describir algo que, según quienes asistían a aquellas sesiones, salía del cuerpo de la médium y tomaba forma: velos, brazos y a veces rostros enteros. A ese aparecer de figuras se le llamó materialización.

Richet bautizó su campo como metapsíquica y rechazó que esas formas fueran espíritus de difuntos. Las consideraba un fenómeno natural todavía sin explicar.

Bien Boa, en una villa de Argel

En agosto y septiembre de 1905, Richet asistió a una veintena de sesiones en Villa Carmen, la casa que un general francés y su esposa tenían en Argel. La médium era Marthe Béraud, una joven nacida en 1886. Detrás de una cortina aparecía una figura alta, con barba, casco y manto, que se presentaba como Bien Boa y decía ser un brahmán de hacía trescientos años.

Richet escribió que la figura respiraba, que lo había tocado y que nadie podía entrar en la sala durante la sesión. También la fotografió.

Al año siguiente, la prensa de Argel publicó que un antiguo cochero de la villa, despedido por robo, decía haber hecho él de fantasma, y circuló que la joven había reconocido el truco. Richet lo negó todo y defendió sus controles. La polémica nunca se cerró con pruebas. Las fotos, eso sí, se conservan: muestran una figura que a sus críticos les pareció un hombre disfrazado y, en alguna toma, un recorte de cartón.

Eva C. y los recortes de Le Miroir

En 1909, Marthe Béraud empezó a usar en París otro nombre, Eva Carrière, y en los libros quedó como Eva C. La estudió durante años el médico alemán Albert von Schrenck-Notzing (1862-1929), con la ayuda de Juliette Bisson, que la acompañaba en las sesiones. En 1913 publicó en Múnich las fotografías en Materialisations-Phaenomene: telas que le salían de la boca, manos y, sobre todo, caras. Eran caras extrañas, planas como el papel y a veces con marcas de pliegues.

A finales de diciembre de 1913, el diario parisino Le Matin y varios periódicos de Viena señalaron de dónde podían venir. Algunos rostros se parecían demasiado a retratos publicados en el semanario ilustrado Le Miroir: el presidente francés Raymond Poincaré, el estadounidense Woodrow Wilson, el rey Fernando de Bulgaria o la actriz Mona Delza. En una foto de noviembre de 1912 se leían incluso letras del título de la revista. ¿Qué hacía el nombre de un semanario dentro de una materialización?

Schrenck-Notzing respondió en 1914 con otro libro. Dijo que el parecido era solo parcial y que, en todo caso, la médium pudo ver esas imágenes y reproducirlas sin saberlo, de memoria. Sus críticos vieron una explicación más sencilla, papel recortado, alfileres y un hilo, y él mismo admitió que en varias ocasiones Eva había metido alfileres a escondidas en la sala. Lo que apareció décadas después entre los papeles de otro de sus investigadores se cuenta en el dinamopsiquismo de Gustave Geley.

Helen Duncan, en el laboratorio de Harry Price

La escocesa Helen Duncan (1897-1956) fue una de las médiums de materialización más conocidas del Reino Unido. En 1931, el investigador Harry Price le pagó 50 libras por cinco sesiones en su Laboratorio Nacional de Investigación Psíquica, en Londres; la primera fue el 4 de mayo.

Price fotografió aquel ectoplasma y logró analizar una muestra. Era estopilla, una gasa de algodón muy fina, la misma con la que se escurre el queso. Después de la cuarta sesión le propuso hacerse una radiografía, y ella se negó. Su conclusión, que dio título a su informe de ese año, Regurgitation and the Duncan Mediumship, fue que la médium se tragaba la tela antes de la sesión y la devolvía en la penumbra. El psicólogo William McDougall, que estuvo en dos de ellas, también la juzgó fraudulenta.

Ese mismo año, la Alianza Espiritualista de Londres estudió también sus sesiones. En sus muestras halló estopilla, papel empapado en clara de huevo y papel higiénico, aunque su informe final no se puso de acuerdo en cuánto había de auténtico. Lo que le ocurrió a Duncan ante un tribunal en 1944 está en la historia de la mediumnidad.

Cómo mirar una foto de ectoplasma

Las imágenes de aquellas sesiones circulan hoy por internet sin contexto. Antes de dejarte impresionar por una, fíjate en tres cosas:

  • Quién controlaba a la médium: si tenía las manos sujetas, si la registraron antes y quién estaba detrás de la cortina.
  • Qué se ve de cerca: pliegues, bordes rectos, la trama de una tela o letras impresas delatan el papel y la gasa.
  • Si alguien analizó el material o si solo quedan fotos y testimonios de quienes ya creían.

Ninguna de estas materializaciones se ha repetido en condiciones controladas, y la comunidad científica no reconoce el ectoplasma como algo real. Si te acercas a estas historias porque echas de menos a alguien, date tiempo: el duelo se acompaña, y un psicólogo puede ayudarte a llevarlo. Otras explicaciones que se buscaron en los vivos, con balanzas y rayos infrarrojos, están en la telergia. Tienes más en la sección paranormal y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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