¿Ciencia sin espíritu? Cuatro maneras de pensar juntas la ciencia y la fe
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Mucha gente da por hecho que la ciencia y la religión llevan siglos en guerra. Esa imagen tiene autores y fechas, y los historiadores la discuten. Entre el choque y la fusión caben varias posturas, y cuatro nombres ayudan a ordenarlas: Ian Barbour, Stephen Jay Gould, Albert Einstein y Georges Lemaître.
Una guerra con fecha de nacimiento
En 1874, el químico y médico John William Draper publicó una Historia del conflicto entre la religión y la ciencia. Veintidós años después, Andrew Dickson White, primer presidente de la Universidad Cornell, puso directamente la palabra «guerra» en el título de su obra en dos tomos. Entre los dos fijaron una imagen muy duradera: dos bandos enfrentados desde siempre.
Los historiadores de la ciencia la consideran hoy una simplificación. En 2009, Ronald Numbers reunió a varios especialistas para revisar, uno por uno, los mitos más repetidos sobre ese choque.
Los cuatro caminos de Ian Barbour
Ian Barbour nació en Pekín en 1923, se formó como físico y enseñó física y filosofía en el Carleton College, en Minnesota. Entre 1989 y 1991 dio en la Universidad de Aberdeen las Conferencias Gifford, un ciclo escocés dedicado a la teología natural, y en 1990 publicó la primera serie con el título Religion in an Age of Science. Allí propuso cuatro formas de relacionar ciencia y religión:
- Conflicto: hay que elegir, porque las dos pretenden explicar lo mismo y una de ellas sobra.
- Independencia: hablan lenguajes distintos; la ciencia responde al cómo, y la religión, al sentido.
- Diálogo: se tocan en los bordes, en preguntas que la ciencia plantea y no puede contestar, como por qué el universo se deja describir con matemáticas.
- Integración: con lo que aportan las dos se puede construir una sola visión del mundo.
Barbour no ocultaba sus preferencias. Le convencían el diálogo y la integración, y para la segunda se apoyó en la filosofía del proceso de Alfred North Whitehead. En 1999 recibió el Premio Templeton.
Gould y los magisterios que no se tocan
Stephen Jay Gould, paleontólogo de Harvard y gran divulgador de la evolución, defendió la independencia en marzo de 1997, en un ensayo de la revista Natural History. Le había llamado la atención un mensaje de Juan Pablo II a la Academia Pontificia de las Ciencias, del año anterior, que reconocía en la evolución algo más que una hipótesis. Tomó la palabra magisterio de una encíclica de Pío XII, Humani generis (1950), y la definió como el terreno en el que una forma de enseñanza tiene las herramientas adecuadas para discutir y resolver.
Según Gould, la ciencia documenta el mundo natural y elabora teorías que lo explican. La religión se ocupa de los fines, los significados y los valores, que la ciencia puede iluminar pero no zanjar. Los dos magisterios no se solapan, y cada uno debe respetar el terreno del otro. En 1999 desarrolló la idea en el libro Rocks of Ages.
No convenció a todos. Richard Dawkins le replicó que las religiones también afirman cosas sobre el mundo, y que esas afirmaciones no se pueden guardar en un cajón aparte. Desde el lado creyente, el genetista Francis Collins, que dirigió el Proyecto Genoma Humano, opinó que los dos campos se solapan en parte.
«Coja» y «ciega»: la frase de Einstein
La cita más repetida sobre el tema es de Albert Einstein: la ciencia sin religión está coja, y la religión sin ciencia, ciega. Procede de un texto que preparó para un congreso sobre ciencia, filosofía y religión, celebrado en septiembre de 1940 en el Seminario Teológico Judío de Nueva York, que se publicó en 1941 con las actas.
El contexto cambia mucho su sentido. Einstein llamaba religión a la entrega a unos valores que están por encima de los deseos propios, no a un credo concreto. Y en ese mismo texto sostuvo que la principal fuente de conflicto era la idea de un Dios personal que interviene en los sucesos de la naturaleza. Esa parte causó un pequeño escándalo en Estados Unidos, donde muchos entendieron que negaba cualquier forma de Dios.
Leída entera, la frase se parece más al diálogo de Barbour que a la defensa de una iglesia.
Lemaître, el sacerdote del átomo primitivo
Georges Lemaître nació en Charleroi, en Bélgica, en 1894, fue ordenado sacerdote en 1923 y dedicó su vida a la cosmología. En 1927 publicó en una revista científica de Bruselas que las ecuaciones de la relatividad general describían un universo en expansión, y relacionó la velocidad a la que se alejan las galaxias con su distancia. En 1931 propuso en la revista Nature que todo había empezado en un «átomo primitivo», el germen de lo que hoy llamamos Big Bang. En 2018, la Unión Astronómica Internacional recomendó llamar ley de Hubble-Lemaître a esa relación entre distancia y velocidad.
Lemaître no mezclaba los planos. En 1933, The New York Times le dedicó un reportaje titulado «Lemaître sigue dos caminos hacia la verdad». En noviembre de 1951, el papa Pío XII presentó ante la Academia Pontificia de las Ciencias el comienzo del universo como un eco del «hágase la luz» del Génesis, y al sacerdote no le gustó: su teoría aún no estaba confirmada, y no quería confundir un comienzo físico con la creación, que para él era una cuestión de otro orden. Según el Observatorio Vaticano, sus discretas gestiones ayudaron a que el papa no siguiera por ese camino.
Dos lenguajes en la misma mesa
Cuando leas que la ciencia ha demostrado la existencia de Dios, o que la ha descartado, fíjate en cuál de los cuatro caminos de Barbour sigue quien lo dice. Casi siempre es el del conflicto. Lemaître es un buen ejemplo de lo contrario: trabajó como físico con las herramientas de la física y rezó como creyente, sin pedir a una cosa que demostrara la otra.
La fe, eso sí, no necesita el permiso de un laboratorio, y la ciencia funciona igual para quien cree y para quien no. La vieja aspiración de unir la ciencia y el espíritu se parece más a una conversación que a una fusión: escuchar lo que sabe cada una, sin pedirle lo que no puede dar, y con el mismo respeto por el creyente, el agnóstico y el ateo.
Para ver cómo cambian las teorías, lee por qué nada es definitivo en la ciencia ni en la filosofía, y sobre la confianza de quien cree, el poder de la fe. Hay más en la sección de paranormal y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.