Nada es definitivo en la ciencia ni en la filosofía: cómo cambian las ideas sin que todo valga

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

La historia de la ciencia está llena de teorías que parecían firmes y acabaron corregidas o sustituidas. Eso no convierte el conocimiento en una opinión más. Cuatro historias y dos filósofos ayudan a entender cómo cambian de verdad las ideas y por qué hay errores mucho más grandes que otros.

Una luz que se curvó

El 29 de mayo de 1919 hubo un eclipse total de Sol, y dos expediciones británicas fueron a fotografiarlo: una a la isla de Príncipe, frente a la costa occidental de África, con el astrónomo Arthur Eddington, y otra a Sobral, en el nordeste de Brasil. Querían medir si la luz de las estrellas se desviaba al pasar junto al Sol.

La teoría de la gravedad de Newton permitía calcular una pequeña desviación, de unos 0,87 segundos de arco. La relatividad general de Einstein predecía el doble, 1,75. El 6 de noviembre, en una sesión conjunta de la Royal Society y la Royal Astronomical Society, se anunció que los datos daban la razón a Einstein.

El resultado tenía letra pequeña. En Príncipe, de dieciséis placas solo dos resultaron útiles, y en Sobral se descartó un juego de fotos que daba un valor más bajo. En 1980, dos filósofos de la ciencia acusaron a Eddington de haber elegido los datos a su favor. Un nuevo análisis de las placas, hecho en 1979 con métodos modernos, ya había respaldado la conclusión de entonces, y desde entonces las medidas con radiotelescopios han confirmado la predicción de Einstein con mucha más precisión.

Popper: buscar el fallo

En Viena, un muchacho de diecisiete años siguió la noticia con entusiasmo. Se llamaba Karl Popper. Le impresionó que Einstein se hubiera arriesgado: si la luz no se curvaba lo previsto, su teoría quedaba refutada. En cambio, el psicoanálisis de Freud y la psicología de Adler, que también conoció de cerca aquel año, le parecieron capaces de explicar cualquier conducta, la una y su contraria, y eso le pareció un defecto, no una virtud.

De esa intuición salió La lógica de la investigación científica, publicada en Viena en 1934 (la portada dice 1935). Su idea central es la falsación: una teoría es científica si dice qué observación la desmentiría. Ningún número de confirmaciones demuestra que sea verdadera, pero un solo resultado sólido en contra puede tumbarla. Por eso toda teoría científica es provisional. Popper usó la astrología como ejemplo de lo que no cumple ese criterio, como se cuenta en astrología y ciencia.

Kuhn: los paradigmas

En 1962, el físico e historiador Thomas Kuhn publicó La estructura de las revoluciones científicas, un volumen de una enciclopedia que habían impulsado los filósofos del Círculo de Viena. Su retrato era menos heroico que el de Popper. La mayor parte del tiempo, decía, los científicos hacen ciencia normal: resuelven problemas dentro de un paradigma, un conjunto de teorías, métodos y ejemplos que todos dan por bueno.

Las anomalías, los datos que no encajan, no derriban un paradigma a la primera. Se acumulan, se discuten, se archivan. Solo cuando son demasiadas llega una crisis, y con ella una revolución en la que un paradigma sustituye a otro, a veces con conceptos tan distintos que es difícil compararlos.

Wegener, que llegó antes de tiempo

El 6 de enero de 1912, el meteorólogo alemán Alfred Wegener expuso en el museo Senckenberg de Fráncfort que los continentes se desplazan. En 1915 lo desarrolló en El origen de los continentes y los océanos. Tenía buenas pistas: costas que encajan como piezas de un rompecabezas y fósiles y rocas muy parecidos a un lado y otro del Atlántico.

Le faltaba un mecanismo convincente, y la mayoría de los geólogos rechazó su idea. Wegener murió en noviembre de 1930 en una expedición a Groenlandia, cuando la teoría apenas tenía defensores. En los años sesenta, el estudio del fondo del océano y del magnetismo de sus rocas mostró que el fondo marino se expande, y la deriva de los continentes se integró en la tectónica de placas. Es una historia que encaja con Kuhn y con Popper a la vez.

Que nada sea definitivo no significa que todo valga

En 1989, el escritor y bioquímico Isaac Asimov respondió en la revista Skeptical Inquirer a un estudiante que le decía que, como la ciencia se había equivocado siempre, también se equivocaba ahora. ¿Estaban igual de equivocados quienes creían plana la Tierra y quienes la creían esférica? Asimov explicó que no. La Tierra no es una esfera perfecta, sino que está algo achatada por los polos, pero la esfera se acerca muchísimo más a la verdad que el plano. Las teorías, decía, son menos falsas que incompletas, y se afinan según mejoran los instrumentos.

Un ejemplo reciente lo muestra. En diciembre de 2004, los primeros cálculos daban al asteroide Apophis una probabilidad del 2,7 % de chocar con la Tierra el 13 de abril de 2029. Nuevas observaciones descartaron ese choque, y en 2021 las medidas de radar descartaron cualquier riesgo de impacto durante al menos cien años. Ese día pasará a menos de 32.000 kilómetros de la superficie, sin tocarla. La ciencia cambió de cifra porque tuvo más datos, no porque todo diera igual.

La fe religiosa se mueve en otro terreno, el de la confianza y no el de la prueba, y merece ese mismo respeto, como se cuenta en el poder de la fe.

Dudar con método

Cuando leas que los científicos ya se equivocaron una vez, y que por eso cualquier idea vale lo mismo, piensa en Asimov y en la esfera achatada. Pregúntate qué dato haría cambiar de opinión a quien afirma algo; si no hay ninguno posible, estás ante una creencia, no ante una teoría que se pueda poner a prueba.

Distingue también un consenso construido durante décadas, como el de la tectónica de placas, de un estudio aislado y llamativo. Al fin y al cabo, la ciencia se corrige cuando otros repiten un experimento y obtienen lo mismo, y muchos resultados espectaculares no lo superan, como la supuesta memoria del agua. Pues bien, esa prudencia vale igual para una noticia de salud que para una profecía. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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