La memoria del agua: de Benveniste a Emoto, una idea que no se ha podido demostrar
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Se llama memoria del agua a la creencia de que el agua guarda una huella de las sustancias que tuvo disueltas, e incluso de las palabras, la música o las intenciones que recibe. La defienden muchos seguidores de la homeopatía y de corrientes espirituales. Los experimentos controlados no la han confirmado, y el agua «informada» no es un tratamiento para ninguna enfermedad.
De dónde viene la idea
La necesidad de una memoria nace de la homeopatía. Sus preparados se diluyen una y otra vez, de cien en cien. A partir de la dilución que los homeópatas llaman 12C, una parte en un cuatrillón, lo más probable es que no quede ni una molécula de la sustancia de partida, y Samuel Hahnemann, el fundador de la homeopatía, recomendaba en la mayoría de los casos la 30C, mucho más diluida todavía. Si el remedio actuara, el agua tendría que «recordar» lo que ya no contiene.
Sobre esa base se han construido versiones más ambiciosas: un agua que almacenaría sentimientos y conciencia, o que podría «programarse» con sonidos y luces para luego transmitir su información al resto del agua del planeta. Suelen apoyarse en cifras redondas que no son exactas. El cuerpo de una persona adulta tiene hasta un 60 % de agua, un poco menos en las mujeres, y es en el recién nacido donde llega a cerca del 78 %. El agua cubre algo más del 70 % de la superficie de la Tierra, pero toda ella cabría en una esfera de unos 1.385 kilómetros de diámetro, frente a los casi 12.750 del planeta.
El caso Benveniste
El 30 de junio de 1988, la revista Nature publicó un artículo del equipo del inmunólogo francés Jacques Benveniste, director de una unidad del instituto público de investigación médica Inserm en Clamart, cerca de París. Afirmaba que unos glóbulos blancos llamados basófilos reaccionaban ante un anticuerpo diluido hasta que no quedaba ni una molécula.
La revista había pedido como condición que laboratorios independientes repitieran los resultados, y su director, John Maddox, lo publicó con una nota que pedía a los lectores suspender su juicio. En julio de ese año, Maddox viajó a Clamart con el químico Walter Stewart, especialista en investigar fraudes científicos, y con el mago e investigador escéptico James Randi. Mientras los técnicos sabían qué tubos llevaban anticuerpo y cuáles no, los resultados salían. Cuando se ocultaron las etiquetas (Randi las guardó en un sobre que pegaron al techo), el efecto desapareció. El 28 de julio, Nature publicó su informe: los experimentos de alta dilución eran, en sus palabras, una ilusión que el laboratorio había alimentado.
Lo que vino después
Otros intentos tampoco lo confirmaron. Una revista científica suiza publicó en 1992 un estudio independiente sin efecto alguno, y en diciembre de 1993 Nature recogió otra réplica fallida. En 1999, un equipo dirigido por Madeleine Ennis anunció resultados favorables, pero el programa Horizon de la BBC organizó después una prueba supervisada por el físico John Enderby, de la Royal Society, y no encontró nada.
Benveniste llegó a sostener que la memoria del agua podía grabarse y transmitirse a distancia como una señal digital. Un equipo financiado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos repitió esos experimentos con sus mismos aparatos y no encontró efectos reproducibles: los pocos resultados positivos solo aparecían cuando manejaba el equipo una persona concreta del laboratorio de Benveniste.
En 2009, el virólogo Luc Montagnier, premio Nobel por el descubrimiento del virus del sida, defendió que el ADN muy diluido emitía señales electromagnéticas. Lo publicó en una revista cuyo consejo editorial presidía, y muchos científicos lo criticaron con dureza.
En 2015, el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica de Australia revisó los estudios sobre homeopatía y concluyó que no había ninguna enfermedad para la que existieran pruebas fiables de su eficacia. Advirtió de que retrasar un tratamiento eficaz puede poner en riesgo la salud.
Emoto, Pauling y Carrel
En 1999, el empresario japonés Masaru Emoto empezó a publicar Mensajes del agua, libros de fotografías de cristales de hielo. Según él, el agua expuesta a palabras amables o a música armoniosa formaba cristales hermosos, y la que recibía insultos, cristales deformes. Los críticos señalaron la falta de controles, la escasez de detalles sobre el método y diseños que dejaban margen a la manipulación o al error humano. En 2003, James Randi le ofreció un millón de dólares si reproducía el efecto en condiciones pactadas, y nunca recibió respuesta. Emoto murió en 2014.
Al químico Linus Pauling, premio Nobel de Química en 1954 y de la Paz en 1962, se le atribuye a menudo la frase de que el agua tiene memoria. No se conoce ningún texto suyo que lo diga: la cita circula sin fuente.
¿Y la frase sobre la célula inmortal que se pone en boca de Alexis Carrel? Carrel ganó el Nobel de Medicina en 1912 por sus técnicas para coser vasos sanguíneos y trasplantar órganos. La idea de la inmortalidad celular venía de un cultivo de células de corazón de pollo que su laboratorio mantuvo desde 1912 hasta 1946. Nadie logró repetirlo, y se sospecha que con el líquido nutritivo entraban células nuevas. En 1961, Leonard Hayflick y Paul Moorhead demostraron que las células humanas normales solo se dividen un número limitado de veces. Era un error de laboratorio, no un descubrimiento sobre el agua.
El agua del grifo y la del frasco
Dicho esto, el agua tiene un lugar antiguo y respetable en muchas tradiciones: se bendice, se usa en limpiezas y se ofrece en altares. Vivirla así, como símbolo y como gesto, no necesita que el agua tenga memoria ni que la física lo apruebe. Lo que no conviene es confundir ese gesto con un remedio.
Si alguien te ofrece agua «programada», «informada» o «transmutada» para tratar una enfermedad, ten presente que no hay pruebas de que funcione mejor que el agua corriente, y que el precio no la hace más eficaz. No dejes ni retrases un tratamiento por ella, y ante cualquier problema de salud, consulta a tu médico. Sobre otro remedio muy extendido que tampoco supera al placebo puedes leer las flores de Bach, y sobre la corriente que viste de física estas ideas, la metafísica cuántica. Tienes más en la sección de metafísica y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.